![Se apaga la última voz cántabra de Mauthausen](https://s1.ppllstatics.com/eldiariomontanes/www/multimedia/202001/16/media/cortadas/mau-kboH-U9012481778937nE-1968x1216@Diario%20Montanes.jpg)
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Ana del Castillo
Santander
Jueves, 16 de enero 2020, 13:37
«No me tomaba las cosas dramáticamente, aunque lo fueran». Conservando esa forma de ser, poco propensa a dejarse llevar por la tristeza, Lázaro Nates (Laredo, 1923), el último superviviente cántabro del campo de exterminio nazi de Mauthausen, falleció en París el pasado 14 de enero, a punto de cumplir 97 años.
Tras la Guerra Civil, la familia de Nates huyó a Francia, donde se refugió en una fábrica de Orleans, a orillas del río Loira. Cuando atacaron los alemanes, los franceses los evacuaron hasta el campo de españoles de Angulema. Allí, con tan solo 17 años, los nazis lo separaron de su familia y lo metieron en el 'convoy de los 927' (el primer tren con población civil, cargado con hombres, mujeres y niños) que, tras cuatro días de viaje, paró en el peor de los infiernos, Mauthausen, donde 7.000 españoles perdieron la vida. No llegó a trabajar en la cantera porque «un gitano alemán», como él mismo contaba a los medios de comunicación, lo fichó para limpiar la barraca. Evitando pasar a menudo por la enfermería -donde con una tenazas y sin anestesia le extirparon las amígdalas y le operaron de una hernia gástrica- sobrevivió al holocausto nazi.
Contaba Nates en sus memorias que llegó un momento en el que se acostumbró a ver tanto muerto: «Allí no valíamos nada, pero no podías estar pensando cada día en la muerte porque la vida es preciosa y hay que cogerse a lo que tienes». El laredano siempre tuvo un espíritu «jovial». De no ser así, «te acababas tirando a la alambrada eléctrica, donde cada mañana aparecían 15 electrocutados», contaba en 2015 al portal Deportados.es.
Tras su liberación, Nates se afincó en París para dar rienda suelta a una habilidad que había estado oculta hasta entonces: la pintura. Llamaba la atención los colores vivos que empleaba en sus obras, una paradoja viniendo de la absoluta oscuridad. Otra de sus pasiones fue viajar. Visitó Argentina, donde estuvo residiendo varios años, India, China... Quizá para recuperar el tiempo en el que se le privó de toda libertad.
En enero de 2010 el Ayuntamiento de Laredo levantó en la villa un conjunto escultórico en homenaje a los once laredanos que fueron deportados a distintos campos de concentración nazi, entre ellos Lázaro Nates y Ramiro Santisteban, fallecido en febrero del año pasado a los 96, también en París.
La alcaldesa Charo Losa ha recibido la noticia de la muerte de Nates con «tristeza» y ha informado de que el 11 de febrero, día en el que que Lázaro cumpliría 97 años, el consistorio pretende llevar a cabo un homenaje junto a la familia del laredano.
Para José Manuel Puente, autor del libro 'Cántabros en los campos de exterminio nazis', el fallecimiento de Nates cierra un capítulo de la historia negra sobre la deportación, explotación y posterior liberación de un centenar de cántabros que vivieron la sinrazón nazi. Sin embargo, el colectivo de Memoria de Laredo asegura que ese círculo se cierra con una herida grande: «Lázaro se ha ido sin que se le hayan reconocido sus derechos. Los supervivientes siguen siendo apátridas, y eso no puede ocurrir en democracia», señala José Luis Pajares, presidente del colectivo.
Nates venía cada verano a Laredo, donde se le podía ver pasear junto a su familia. Y, sí, hasta el último momento mantuvo esa incuestionable convicción de que el optimismo era superior a cualquier otra virtud humana.
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Jon Garay y Gonzalo de las Heras
Equipo de Pantallas, Oskar Belategui, Borja Crespo, Rosa Palo, Iker Cortés | Madrid, Boquerini, Carlos G. Fernández, Mikel Labastida y Leticia Aróstegui
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