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Este es un ejemplo real. De estas semanas. Insomnio y sudor porque sobra el edredón por la noche y, además, ese sonido inconfundible –y desesperante– ... de un mosquito zumbando en la oscuridad. La escena, propia de agosto, se ha prolongado este año hasta noviembre, algo poco habitual. Con mosquitos, moscas o arañas y, sobre todo, con polillas. «Se nos meten (las polillas) en casa tres o cuatro al día», dice una vecina del centro de Santander. «La reproducción de los insectos es en grandes números. Hay especies que tienen un único ciclo anual independientemente de las condiciones, pero otros pueden seguir reproduciendo mientras el clima sea benigno». Y eso ha pasado estas semanas.
La explicación es de Juan Manuel Pardo de Santayana, naturalista de la Fundación Naturaleza y Hombre. Pone como ejemplo las polillas (mythimna unipuncta), «que producen generaciones mientras el clima sea benigno». «Hay que recordar que la primavera empezó pronto, con olas de calor, luego vino el verano y ahora el calor se ha prolongado en otoño y sin grandes precipitaciones. Si llueve poco, hace calor desde muy pronto y sigue hasta muy tarde...». La conclusión es que hay polillas «de hasta cuarta o quinta generación». El experto explica que no es la primera vez que ve algo así, pero que se trata de un fenómeno «poco habitual» y que provoca números «excepcionalmente altos». Añade que los ejemplares que nacieron a finales de verano tendrían que estar en buena parte muertos (las moscas o los mosquitos, casi todos) o, los supervivientes, en letargo, con un número mucho más controlado. De hecho, el calor aumenta también la capacidad de supervivencia (eso explicaría lo que ocurre, en cierto modo, también con determinadas arañas).
Juan Manuel Pardo de Santayana
Naturalista
Pardo de Santayana incide en que esto ocurre, sobre todo, en ambientes que no son naturales (urbanos o de grandes cultivos), donde, sin diversidad, sin una naturaleza en estado más salvaje, «es más difícil la presencia de depredadores que controlen estas subidas de población». Por eso, insiste en la necesidad de mantener e integrar en estos entornos áreas bien conservadas, «pulmones verdes».
¿Qué va a pasar? Lo normal es que la lluvia –que ya ha empezado a aparecer por Cantabria desde el pasadop domingo– y la previsible bajada de temperaturas en estos días reduzca las poblaciones. «Los insectos –concluye– son animales de sangre fría. Con las primeras heladas morirán en grandes cantidades».
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Ana del Castillo
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