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Si uno charla con la gente del sector, en todos los discursos se repiten ideas similares. Eso permite hacer una radiografía rápida de los banquetes ... tras dos años de paréntesis. De cuántos hay y de cómo son las bodas y comuniones de 2022 en Cantabria. En comuniones se habla de buena salud, de números ya idénticos –o mejores– que los de 2019. Sin grandes cambios. «Se hicieron diferentes, pero se hicieron» durante estos meses. Las bodas son otra historia. En 2022 se están celebrando las que tocan y las que se quedaron atascadas en 2020 y 2021. Sí, hay muchas. Primer dato de la lista de conclusiones. Pero hay otros. Son, generalmente, con un número más reducido de invitados, se prefieren los exteriores, se busca más la tarde que la noche y, a día de hoy –como casi todo–, salen más caras. La subida generalizada de precios también llega al día del «sí, quiero». Si una boda tipo (y aquí la horquilla es todo lo grande que uno quiera) salía antes por unos 22.000 euros, ahora se va hasta los 27.000.
El dato lo da Ángela Álvarez, de A primera vista. Se dedica a organizar bodas desde hace poco, pero lo suyo con los enlaces es un idilio que viene de largo. Su madre tiene una tienda (Regalazos) especializada en detalles de boda y ella, tras estudiar Gestión Hostelera y Turística (y hacer un máster de Marketing), dedicó su trabajo de fin de carrera al estudio de estas citas. Números, precios, tendencias... La presentación avala un análisis amplio sobre la situación actual. De entrada, recuerda que 2019 fue «un buen año» y 2020 «iba a ser todavía mejor». Es un dato importante, porque 2022 está teniendo que absorber lo que quedaba pendiente. «Sí que se nota que hay un montón de bodas».
Ángela Álvarez
A primera vista
Pepe Alvear
Finca de San Juan, Castañeda
¿Cómo son? «De todo tipo, pero, con el tema del covid y lo que hemos pasado, la gente tiene muchas ganas de celebrar y pasarlo bien. Ya no son tanto esas bodas masivas de trescientos. Se invita a la gente con la que realmente tienes ganas de divertirte y compartir el día». Eso de los primos de tu madre de Albacete a los que no has visto nunca, pero que «por compromiso»... No. «Se están vendiendo mejor los exteriores que los interiores, dan más libertad para personalizar el evento, algo que se busca mucho y en lo que también influyen las bodas de famosos –pone de ejemplo lo sucedido con la de María Pombo y las 'influencers'–. Pero hay gente que no dispone de un presupuesto para montar en una finca una boda desde cero y acude al comedor tradicional, que ofrece un servicio muy completo.
También en este caso se están reinventando y no por ir a un restaurante típico van a tener una boda anticuada, ni mucho menos». Fija una escala de gastos actual. Bodas «muy pequeñas» con un presupuesto de entre 10.000 y 15.000 euros; la estándar, entre 18.000 y 25.000; y «las de gente que, como lo tuvo que posponer, no le importa ahora gastarse más de 30.000 euros en una boda, aunque sea pequeña, porque quiere celebrar una fiesta memorable». Y añade un fenómeno: ante esta proliferación en 2022 está creciendo el número de profesionales de organización de bodas o, en general, de proveedores. De todo tipo. Más oferta. «Estamos equiparándonos a cosas que antes sólo había en grandes ciudades. Hay más variedad donde elegir. Por ejemplo, con la música. Ya no encuentras sólo al Dj o al pianista. Ahora hay conjuntos de trompetas, mariachis, tambores... Y así, con más cosas». Más proveedores, más presupuesto, claro.
Ana Santamaría
Alma de boda/Rosa Clará
Cristina Pérez
Hotel Sardinero y Hoyuela
Eva Magaldi
Balneario de Puente Viesgo
Y ahí llegamos al tema de los precios. Los proveedores fijos, lo que ya estaba contratado con antelación (el restaurante, por ejemplo) varía menos. «Puede haber algunos aumentos o se llega a acuerdos para restar alguna cosa. Un precio que igual antes incluía la barra libre o la decoración floral, ahora no». Pero las subidas generalizadas se notan, sobre todo, en otros gastos. Detalles o invitaciones, «el doble o el triple». La música en directo, «si salía por unos 500 euros, de media, ahora, 600». El menú, si se contrata ahora, ha pasado de unos 110 euros a unos 140, y el reportaje fotográfico –hay que tener en cuenta que todos estos datos son muy variables por arriba o por abajo–, «de unos 1.300 a unos 1.500».
Aquí surge, precisamente, la competencia de la compra por internet. Para detalles, invitaciones, flores o hasta para vestidos. «En busca de abaratar costes».
27.000 euroseuros es el coste de una boda «estándar», 5.000 más, como media, que antes del covid.
100euros por hora más caro la contratación de aspectos como la música, por ejemplo.
Precisamente de vestidos sabe mucho Ana Santamaría, responsable de tienda en Alma de boda y Rosa Clará. De vestidos y, en general, de celebraciones. «Sí, el ritmo está creciendo de forma vertiginosa. Daba miedo. Al haber bodas paralizadas de estos años, como la capacidad de organizar eventos es la que es y como a todos nos gusta celebrar en sábado, existía el temor de que el mercado quedase copado. Que no hubiera hueco. Pero sí se están haciendo las bodas nuevas, se están sumando los viernes y hasta los domingos –hay que pensar que sólo hay cuatro sábados al mes y los meses de las bodas más punteros también son unos meses concretos–. Las comuniones no se pararon tanto y no hay tanto problema, pero las bodas, sí, y existía ese temor, pero se ha podido absorber».
Santamaría dice que hay «mucha boda y mucha boda preparada en poco tiempo». «De ahora para agosto o septiembre, algo impensable antes». Y coincide en esa idea de reducción del número de invitados, exteriores («que ya se estaba poniendo de moda y que ahora se ha lanzado») o «en las ganas actuales de pasarlo bien» tras lo que hemos vivido. En cuanto a los precios, «excepto los vestidos, que es algo que ya tienes estipulado antes y las coleccione son las de 2021 que ya tienen su precio fijado, todo lo que pides nuevo tiene un incremento». Los complementos. Zapatos, velos, tocados... «Lo que valía 100, ahora es 130. Son cosas pequeñas y ahí, a veces, es donde más se nota, como con la cesta de la compra».
«A todos los que quedaron de 2020 y 2021 les hemos ido situando. Alguna de las parejas se casa ahora con dos hijos. Con esto del confinamiento... Mellizos», bromea Pepe Alvear, de la Finca de San Juan, en Castañeda. Los novios que estaban pendientes no quieren esperar más («a la gente le da miedo dejarlo, una boda supone un desembolso y las circunstancias de cada uno pueden cambiar») y a esas han sumado las parejas que se dan el sí quiero en 2022. Alvear confirma la tendencia: «Este año viene con más eventos, pero con menos asistentes». Eso sí, a su juicio, influye mucho el temor que todavía existe por el virus. «Cuando hablas de juntar doscientas personas, hay gente que todavía tiene miedo y te dicen eso de 'se nos han caído treinta invitados'». Y a eso suma, como tendencia, la importancia «del tardeo» y la búsqueda de espacios «al aire libre». «Que ya empezaba a estar de moda en los últimos años, y ahora más».
«En eventos este año, fenomenal. Estamos por encima de 2019», confirma Eva Magaldi, del Balneario de Puente Viesgo. Entre el hotel en sí, las dos fincas con las que trabajan y el servicio de catering «tenemos ciento y pico bodas y en las fincas todos los fines de semana prácticamente completos». «Las bodas no se han disparado mucho y son más bien pequeñas. No se ha recuperado el nivel de antes. Pero en las comuniones sí que se vuelve a la normalidad, a niveles de 2018 o 2019, y en estos fines de semana de mayo es cuando más hay», destaca, por su parte, Cristina Pérez, directora del Hotel Sardinero y del Hoyuela.
Alvear, Magaldi y Pérez coinciden en que, al tratarse de menús cerrados con antelación, los precios se han mantenido pese a las subidas generalizadas. «Con algunos productos, como mariscos, es complicado porque ni los proveedores te dan un precio concreto con tanta antelación. Es imposible», apunta Magaldi. «Así que una parte la asumimos y otra se repercute en la medida de lo posible», resume. «Es que hay veces que no queda más remedio. Si el bogavante te pasa de 35 a 48 no puedes hacer otra cosa y los novios lo aceptan», señala Alvear, que, en todo caso, deja un mensaje de cara al medio plazo. «Este año hay un importante volumen de eventos. Pero, de seguir así, a finales de 2023 y en 2024 se notará mucho el tema de los precios y habrá que subirlos para mantener unos márgenes normales. Además, en estos años que vienen ya no habrá bodas acumuladas de los anteriores. Se estabilizará la cifra. Y a eso hay que sumar que las familias son cada vez menos numerosas, lo que afecta a las bodas y a los invitados». Un aviso a navegantes.
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