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'Campeones' en su vida corriente

'Campeones' en su vida corriente

La película que ha tumbado los clichés sobre la inclusión invita a desafiar los límites de la discapacidad: cuatro trabajadores cántabros lo demuestran

Marta San Miguel

Santander

Domingo, 10 de febrero 2019, 07:46

«En mayo me voy con un compañero de trabajo a Pompeya y a Roma», dice Alejandro Heras. Será su segundo viaje de vacaciones, el primero de toda su vida fue a Puerto de la Cruz, en Tenerife: «Es lo que tiene trabajar y la independencia económica». En la mano sujeta un teléfono móvil tan grande que podría pasar por una tablet. Pero no, dice, «es un móvil, el único capricho que me di cuando saqué la plaza». La forma en que lo mira recuerda el momento cuando descubrió que había logrado una de las cuatro plazas de la convocatoria pública de empleo a la que se presentaron más de 80 personas con discapacidad, el momento en el que «con un grito» celebró que se acabó lo de encadenar contratos temporales en centros especiales de empleo, o mandar «decenas de currículos y que nadie te llame para decirte que no les interesas».

La estabilidad laboral para Álex tiene gusto a cerveza. La que se tomó tras hacer el examen adaptado de la oposición y brindar por superar un proceso «adecuado a sus capacidades» para acceder al mismo empleo que hacen otras personas sin discapacidad: «Si nos adaptan el camino, llegamos perfectamente», dice Álex. A su lado, María Martínez asiente. Ambos empezaron en junio de 2017, y es así desde entonces. Ella lleva puesto el uniforme, eligió llevarlo, y muestra una foto en su puesto de trabajo: «Yo tengo un ordenador en mi mesa, pero lo que más me gusta es llevar sobres y cartas a los compañeros». Siempre que habla, algo hace sonreír a María, como si escuchar su voz le hiciera feliz. Sentados alrededor de la mesa de la asociación Plena inclusión Cantabria, son la muestra de una vida corriente, pero extraordinaria. ¿Habéis visto 'Campeones'? Y al unísono dicen que sí y se pisan la palabra y suben el tono al hablar del mal carácter del entrenador, y aplauden y concluyen que son los chicos del equipo los que al final le ayudan. No hace falta preguntarles si se sienten así, campeones: ellos son María y Álex, su hazaña ha sido lograr una plaza de funcionario y en ese esfuerzo está el tamaño de su gloria. «Pasé dos años estudiando con mi padre, haciendo test en casa. Me presenté en Madrid y no lo logré, pero cuando vimos que había convocatoria en Cantabria, decidimos presentarnos». Y la sacó, y también su hermano, que quedó en quinto puesto y es interino. Por eso, toda la familia se trasladó a vivir a Santander. Ella a su puesto fijo en la Consejería de Presidencia y Justicia, en una ciudad que al principio le parecía «muy grande» y que ahora ve con otros ojos: «Es más pequeña, y empiezo a estar bastante adaptada», y se ríe como si le hiciera gracia esa palabra. Álex, en cambio, sonríe cuando dice la palabra 'bahía': eligió la plaza en la Agencia Cántabra Tributaria y le resulta difícil esconder el entusiasmo cuando dice que trabaja en el Edificio de Piedra –«¡las vistas!»– y la relación con los compañeros hasta el punto de viajar a Canarias, y ahora también a Italia, con un amigo.

Juan José Gómez, paisajismo

Juan José ha encadenado trabajos de todo tipo, incluso pasó por la planta de reciclaje de Amica, pero cuando se formó en un curso de paisajismo, sus labores se dirigieron «hacia la naturaleza». Desde enero, y hasta 2020, tiene contrato en una cuadrilla para luchar contra plantas invasoras gracias al proyecto europeo Life 'Stop Cortaderia'.

Yolanda San José, lavandería

Hizo un curso de formación durante tres años (Amica) y ahora la ropa pasa limpia de la plancha a la balda correspondiente en manos de Yolanda: «Me sé de memoria los nombres de los usuarios y sus habitaciones», dice después de diez años empleada en la lavandería de la Residencia Los Robles: «Lo mío es doblar, me encanta desde niña».

Alejandro Heras, funcionario

«No lo cambio por nada», dice Álex cuando le preguntan por su plaza de funcionario. Fue el primero en elegir y se quedó con la Consejería de Economía y Hacienda. «Si nos adaptan el camino, llegamos perfectamente», dice. Y aunque al principio necesitó ayuda, ahora se desenvuelve él solo como ordenanza en el Edificio de Piedra.

María Martínez Fernández, funcionaria

Ordenanza en la Consejería de Presidencia y Justicia desde junio de 2017, lo que más le gusta es entregar las cartas, y para eso ya se sabe el nombre de todos los compañeros. «¿Lo que más me ha costado? Hacerme a la ciudad», dice tras dejar Guadalajara por haber sacado aquí la plaza: «Ahora estoy bastante adaptada», y sonríe al decir la palabra.

Hacer accesible el proceso

Cuando la sociedad habla de normalizar la presencia de las personas con discapacidad en los órdenes habituales de la vida, es momento de preguntarse cuál es el sentido de la palabra 'normalizar': «Hacer accesible un proceso no significa un cambio en las tareas en el puesto de trabajo, sino que las personas puedan prepararse la prueba con unos contenidos más concretos y con un lenguaje más claro», explica Lucía Torre, técnico de Orientación Laboral de Plena Inclusión Cantabria, la asociación que desde su sede de la calle Ruiz de Alda de Santander trabaja porque las personas con discapacidad puedan acceder «a trabajos ordinarios». «No lo cambio por nada», dice Álex, que repite como un mantra las palabras «alegre y satisfecho». A su lado, María habla de su rutina como si quedaran lejos los primeros días en el hostal hasta que encontraron el piso donde se alojó toda la familia: «Estoy muy contenta y ya me sé el nombre de todos». Ahora, como el resto de funcionarios, ellos podrán optar a las pruebas de promoción interna. ¿Lo harán? Podrían, y la asociación Plena Inclusión Cantabria les ayudaría en el proceso «siempre que ellos quieran y se sientan preparados». Pero Álex y María lo dejan en el aire: «Me gusta mucho donde estoy, aunque quién sabe...». Es precisamente ese futuro abierto lo que obliga a repensar el tamaño de los límites, y a la vista de que la adecuación del camino hace que su meta sea accesible, la realidad reclama un cambio de paradigma en el entorno laboral. La película de Javier Fesser ha tumbado varios clichés sobre la inclusión con su argumento y, ahora, lo único que diferencia su historia de la de cualquier persona que saca una plaza pública es la adecuación del temario y que el día antes fueron a ver el aula en la Facultad de Derecho donde se iban a examinar. «¡Claro que iba nervioso, como cualquiera que se presenta!», dice Álex. «Hacemos el mismo trabajo que una persona sin discapacidad», añade María, «al principio necesitaba ayuda y preguntaba a alguien. Ahora son ellos los que me preguntan a mí».

¿Y aquellos que no acceden a un puesto de la Administración? ¿Cómo se puede enfrentar un futuro laboral con la situación actual que vivimos? Según la Asociación Empresarial para la Discapacidad (Aedis), las personas con discapacidad oficialmente reconocida representaban el 6,2% de la población española en edad laboral (1.860.600 personas) y el 35% de éstas eran activas (651.210 personas), pero ocupadas no llegaban a 481.000 personas. «Sigue presente un prejuicio hacia las personas con discapacidad por una parte de la sociedad que las ve como un colectivo y con menos capacidad para el empleo», explica Mar Arrate, del Cermi (entidad que aglutina a todos los organismos a nivel regional que trabajan por las personas con discapacidad psíquica, física o sensorial): «Tenemos que cambiar el enfoque y ver a cada persona de forma individual y centrarnos en sus capacidades. La experiencia demuestra que cuando se dan oportunidades y se ponen los apoyos necesarios, primero en la formación y luego en el acceso y mantenimiento en el empleo, se logra el objetivo».

Empleo «ordinario»

En Cantabria, la inclusión pasa por Amica, la asociación fundada en 1984, que dispone de dos centros especiales de empleo y que en 2018 apoyó a 1.766 personas con discapacidad. «La mejor manera de normalizar la presencia de personas con discapacidad en los entornos laborales es que en la empresa no tengan prejuicios, que su mentalidad sea abierta y focalizándose en descubrir las capacidades que tiene la persona y no en sus posibles limitaciones», dice Carmen Fonfría, directora de Personal de Amica.

El centro ha promovido «la incorporación laboral de 151 personas en empresas ordinarias de Cantabria» en 2018, y así seguirá siendo, siempre y cuando el tejido empresarial sea permeable a la realidad que demandan personas con capacidades diferentes. Que se lo digan a Yolanda San José, que dobla coladas a más velocidad que nadie en la residencia donde trabaja desde hace diez años. Hay mucho trabajo previo en su caso, fruto de un sistema educativo que no supo encajar sus necesidades, pruebas académicas a las que era inviable acceder, como si el rasero pudiera ser siempre el mismo para todos. «Me gusta mucho mi trabajo», dice ahora sin dejar de sacar prendas de una enorme secadora. El diámetro de la puerta abierta roza el metro, y las prendas de los usuarios de la residencia donde trabaja las reparte de memoria por número de habitación y nombre y apellidos. «Se los sabe todos», dice Pedro, el encargado del equipo, que le pregunta en varias ocasiones durante la entrevista dónde va una prenda. «De pequeña me encantaba doblar la ropa», y ahora, en esa mecánica adquirida, ha encontrado su forma de ganarse la vida en esa empresa privada donde con un contrato indefinido reparte su jornada de lunes a sábado, entre el equilibrio de la rutina y sus capacidades al máximo rendimiento; esa es la mayor inclusión posible, ser útil, necesaria; ser parte de un todo que te reclama sea cual sea tu discapacidad.

Yolanda ha llegado a la residencia de Mortera en moto; esquiva el ruido del centrifugado como si lo único que escuchara mientras le hacen preguntas es el sonido reconfortante de la lana, un sonido que sólo escucha ella mientras la dobla. En la pared de la lavandería, fotos de los compañeros, los actuales, los que pasaron por allí y se jubilaron, los que han pasado a otras lavanderías.

La cuadrilla como familia

«Es necesario un cambio de mentalidad, sólo destacamos las discapacidades, pero hay cosas que Yolanda es capaz de hacer y yo no», dice Sonia Blanco, técnica de Amica que la conoce «bien» desde hace años. Y menciona el caso de Juan, que desde el pasado mes de enero hasta septiembre de 2020 formará parte de una cuadrilla que luchará en Cantabria contra las plantas invasoras. «Me gusta mucho el paisaje», dice con sus enormes ojos azules, enfundado en un buzo verde, el jersey de lana, el polar por encima. Su cuadrilla es ahora una especie de familia, sus «amigos», y le espera para ir a Santoña donde aniquilan plumeros con herramientas. «Me formé en un curso y ahora puedo trabajar de ello», dice. El tamaño de sus brazos evidencia que el plumero tiene las de perder.

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