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Cantabria ante su mayor reto educativo

Cantabria ante su mayor reto educativo

Mañana regresan a las aulas más de 46.000 alumnos de Infantil y Primaria. Los profesores inician a la vez su año más incierto. La docencia no será igual, es imposible en la 'nueva normalidad'. Tras rehacer programaciones y prácticas, no pueden evitar la inquietud y las dudas

Mada martínez y Pedro Fomperosa

Santander

Domingo, 6 de septiembre 2020, 07:13

Llevan una semana de vuelta en sus colegios e institutos, celebrando claustros y reuniones, tomando contacto con la 'nueva normalidad educativa' que ha impuesto el covid. Los más de siete mil docentes de Cantabria, fijos e interinos, tienen por delante un curso incierto, un reto enorme. Lo asumen con preocupación y responsabilidad, y también con decenas de preguntas. ¿Se resentirá la docencia en estas circunstancias? ¿Se quedará alguien atrás? ¿Qué hacer con ciclos formativos tan prácticos como Peluquería y Cosmética, cómo impartirlos sin compartir el material, cómo hacerlo a distancia? ¿Se podrán cumplir las normas de prevención e higiene en el centro en todo momento? Temen que algunas respuestas no lleguen a tiempo.

La realidad impuesta por el covid en el centro educativo es abrumadora: toma de temperatura, mascarillas, distancia de seguridad de metro y medio, 'grupos burbuja', pantallas de protección en las mesas, limitación del contacto físico, recreos sin juegos de pelota... «Los profesores van a tener que reinventarse en todo lo que hacen porque las condiciones físicas y materiales que nos imponen los protocolos son difíciles de llevar», reflexiona Nieves Queipo, orientadora y jefa de estudios en el IES Valle de Camargo, con 25 años de experiencia educativa.

En esa reinvención han empleado el verano la mayoría de los equipos directivos y muchos profesores como Queipo o Jésica Torre, a la vez directora y maestra del Centro Rural Agrupado Río Pisueña, en pensar cómo acomodar sus programaciones y sus prácticas de aula a la prohibición de hacer actividades en grupo, o a la posibilidad de que la enseñanza llegue a ser semipresencial o únicamente online. Los profesores ya se reconvirtieron de forma abrupta durante el último trimestre del pasado curso, cuando el confinamiento obligó a terminar las clases a distancia, a través de una pantalla, y ahora reclaman medios y pautas por si una situación similar llegara a producirse. Otros docentes, apuntan a lo efectivo de haberse sometido a pruebas PCR antes de reincorporarse a los centros. «Se hubiera podido hacer una foto fija del inicio de curso», entiende Ildefonso Vázquez, profesor en el IES José María de Pereda.

Mañana se inaugura el curso 2020-2021 con la vuelta a las aulas del alumnado de las etapas de Educación Infantil y Primaria. Regresarán, según las cifras de Educación, 46.119 alumnos de estas etapas y de Educación Especial.

¿Cómo será ese primer día? Con toda probabilidad, muchas de las escenas que se han repetido cada mes de septiembre, madres que acompañan hasta la entrada del aula a ese hijo pequeño que se resiste a la separación, compañeros abrazándose al reencontrase tras el verano, corrillos a la entrada del colegio..., buena parte de esas escenas no se van a producir, al menos en los centros de los núcleos más poblados. La realidad en las zonas rurales es distinta, disfrutan de ratios más pequeñas. «El riesgo que tenemos en nuestra escuela es pequeño», enfatiza Torre.

Sin embargo, los colegios de Infantil y Primaria –también los institutos de Secundaria, cuyos alumnos vuelven a clase el día 10, y muchos otros espacios de formación– han buscado alternativas para tratar de que las nuevas rutinas sean lo más dinámicas posibles. Tienen la responsabilidad de ofrecer la mejor docencia posible, aseguran.

Lo ejemplificó en este periódico recientemente María José Rioseco, directora del CEIP Aguanaz y portavoz de la Comisión Permanente de Directores de Infantil y Primaria: «Los balones no los podemos permitir, pasan de mano en mano y son un foco importantísimo de contagio, así que reinventaremos las dinámicas de juego volviendo a lo tradicional, a la goma, los juegos pintados en el suelo del patio, una comba para cada grupo que desinfectaremos después», contó sobre el recreo.

Hay cerca de 240 profesores más este curso. La cantidad es insuficiente para la Junta de Personal Docente, que reclama más del doble. A más personal, menos ratio, insisten.

Profesionales como Vázquez piensan que esta era una buena oportunidad para disminuir estos promedios por aula. «Era un buen momento para apostar por una reducción significativa de las ratios para una atención más personalizada. Hay centros que van a notar mucho esa falta de inversión extra en profesorado nuevo».

Leticia Gómez, colegio Miguel Bravo

«Debemos estar preparados para el escenario de quenos manden para casa»

Leticia Gómez de Enterría, profesora del colegio Miguel Bravo Roberto Ruiz

Leticia Gómez deseaba volver al colegio desde que cerraron las aulas. Entre los alumnos del Miguel Bravo no todo el mundo tiene internet en casa, por lo que mantener la docencia durante aquellos meses fue «una auténtica locura». Ahora con la 'vuelta al cole' y los protocolos «simplemente, nos dedicamos a sobrevivir al día a día y adaptarnos», confiesa. Hay mucho trabajo y nuevas dudas cada día en el comienzo del nuevo curso.

«Mientras preparamos todos los programas lectivos para una educación presencial tenemos que estar preparados para el escenario de que nos manden para casa», explica Leticia. Que no les vuelvan a pillar a contrapié. Además, quieren recuperar los conocimientos más importantes que no impartieron el año pasado y empezar por ahí el curso. En caso de tener que confinarse ya tienen preparados los principales objetivos que quieren cumplir.

Mientras tanto, la vida en su aula de cuarto de Primaria será muy diferente. «En nuestro colegio estamos acostumbrados a convivir y aprender en grupo. Sin embargo, ahora tenemos que evitar el trabajo cooperativo. Tenemos que reinventarnos y hacerlo de una manera diferente», expone. En un colegio que «de normal tiene poco», de barrio, la relación es más familiar. «No poder compartir ni un balón ni un juguete nos obliga a ser creativos en el patio», concluye.

En el Miguel Bravo el material de aprendizaje antes era común. Ahora han preparado paquetes individuales en bolsas de plástico para desinfectarlas todos los días. «Pretendemos evitar el trasiego de material entre la casa y el colegio», dice. Todo por minimizar los riesgos.

El contacto con los padres también es distinto. Las habituales reuniones se han suprimido. Este año solo se han citado con los de los nuevos alumnos. Entienden que los padres de los más pequeños, los niños de tres años, tendrán unas cuantas dudas más aparte de las preocupaciones habituales.

Con el resto de familias evitarán las reuniones para que no entre gente ajena al edificio. Para ellos han preparado una presentación con todos los protocolos. Además, también han puesto a su disposición los teléfonos personales para contestar cualquiera de las dudas que se les presenten mientras avanza el curso. Sin encuentros, pero con una relación cercana dentro de las posibilidades. «Durante todo el verano nos han estado llamando y seguiremos igual durante el curso. No solo es un aprendizaje para ellos, también lo es para nosotros, así iremos adaptándonos al día a día pero en clase, que es donde queremos estar», comenta con aire tranquilizador.

Entre los niños esperan de todo. Desde los que deseaban volver hasta los que no tenían ganas. Cree que la mayoría llega con ganas. Pero dice que «tendrán que volver a acostumbrarse a madrugar y venir al 'cole'». Nuevo protocolo y, como cada septiembre, nuevo comienzo. Pero diferente. Esta vez, con más incertidumbre, más distancia y más precaución que ningún otro septiembre.

Nieves Queipo, IES Valle de Camargo

«Los docentes nos reinventaremos, pero será mucho más difícil»

Nieves Queipo, docente y orientadora del IES Valle de Camargo Daniel Pedriza

Responde sin demasiados rodeos: «Sí, es el mayor reto que me he encontrado en mi carrera». Nieves Queipo lleva 25 años ejerciendo la docencia, la orientación educativa, la divulgación, de la que es una gran entusiasta. Este curso se estrena además como jefa de estudios adjunta en el IESValle de Camargo, un centro con más de 600 alumnos que ha renovado su dirección. El covid y todas sus implicaciones agudizan el reto que ya de por sí tiene entre manos.

El equipo directivo, expone, «nos hemos pasado el verano tratando de cuadrar el círculo». El instituto convertirá en aulas la biblioteca y laboratorios; ha reorganizado horarios y tránsitos. «Los centros van a tener que cambiar gran parte de su estructura, de sus rutinas, de su vida. Y los profesores van a tener que adaptar también gran parte de su docencia, tanto su programación como su práctica de aula», reflexiona.

Con todos estos cambios, ligados a las restricciones de movilidad y contacto en el centro, Queipo teme que la calidad de la enseñanza se resienta. «Es lo que más preocupa como profesora: que parece que la docencia tuviera que retroceder años atrás en el tiempo». Con ello se refiere a la pérdida del trabajo cooperativo, de la labor en grupo, de la discusión de las actividades o de la práctica asamblearia que se fomenta en el instituto.

Este año, Queipo ejercerá como orientadora. Tendrá a decenas de alumnos a su cargo de forma directa, aunque todos son susceptibles de requerirla en algún momento, para consultar sobre pautas de estudio, sociolaborales o de otro tipo. Desde esta perspectiva, le preocupa cómo ha influido –el último trimestre del pasado curso se impartió a distancia– y «cómo van a influir las condiciones covid de este año en el alumnado con necesidad específica de apoyo educativo, un alumno que necesita acompañamiento». En el aula, este sostén se verá dificultado por las restricciones, y en casa, añade, mucho más. ¿Cómo atender al alumnado con TDH o con dificultad auditiva sin proximidad o profesores extra?

También detecta una «mayor dificultad para abordar la enseñanza de competencias sociales y emocionales. Esto no es un adorno, nos obligan las leyes y reales decretos. Nos reinventaremos, pero será mucho más difícil».

Queipo también apunta a la incertidumbre que, a su juicio, planea sobre el alumnado que estrena o finaliza etapa, como el que cursa 2º de Bachillerato o el último curso de un ciclo formativo. «El aprendizaje se va a ver resentido, tanto si nos vamos a un nuevo confinamiento o a una enseñanza semipresencial, como si logramos, ojalá, permanecer todo el año en el centro con medidas».

Adrián Hoyos, colegio La Salle Santander

«Los grupos burbuja funcionan solo mientras están en el colegio»

Adrián Hoyos, en el colegio La Salle. Daniel Pedriza

Adrián Hoyos tiene confianza en los protocolos en los que han trabajado durante los últimos meses. «Parte del equipo no hemos parado en todo el verano para tener el colegio listo», afirma. Sin embargo, asume que «por muchas medidas que se tomen habrá algún contagio». Por ello apela a la responsabilidad fuera del centro: «los grupos son burbujas pero sólo funcionan mientras están aquí. Cuando salen se rompe la burbuja. En el colegio haremos todo lo posible para evitar contagios».

Este año es tutor de niños de cuatro años. «No vamos a notar diferencias en su aprendizaje. El problema será la socialización, la distancia y que no puedan compartir, tocarse o abrazarse. La falta de esas cosas básicas se puede notar», opina preocupado. No va a cambiar su forma de dar clase, pero piensa que la vida del aula será distinta. «Vamos a asegurar la distancia todo lo posible», declara. Solo han mantenido unos pocos juguetes que desinfectarán diariamente.

También es diferente con los padres. Relación telemática y acceso restringido al recinto. Además, cada curso tiene una entrada diferente para no mezclarse y un camino de un color que han pintado los maestros. Creatividad en tiempos de cambio.

Ildefonso Vázquez, IES José María de Pereda

«Me preocupa entrar en el escenario dos sin recursos»

Ildefonso Vázquez, en las instalaciones del IES J. M. de Pereda. Daniel Pedriza

ldefonso Vázquez sabe que las actividades de grupo o los tándems de conversación estarán limitadísimos, por no decir excluidos, este curso. Profesor de Inglés, ha adaptado su práctica de aula a las circunstancias covid. Este año, recuerda, casi todo estará sujeto a estas normas.

«En mi centro las ratios no son muy altas, se pueden mantener grupos relativamente pequeños. El equipo directivo del IES J. M. Pereda ha estado trabajando mucho, y el plan de contingencia es bueno, prudente, está bien hecho», comenta. Al instituto se entrará de modo escalonado, tránsitos y contactos se reducirán al máximo... Están preparados.

En ese sentido está tranquilo. Otra cosa, añade, es lo deseable, lo que le hubiera gustado que implementase la Administración, por ejemplo, ante un eventual pase al escenario semipresencial. Se haría sin «recursos humanos o materiales para llevarlo a cabo. Ahora parece inviable».

Le preocupan la falta de proximidad –«al centros venimos a trabajar, pero también socializamos. Vamos a echar de menos esos momentos, y los chavales, más» – y también la posible desconexión, en todos los sentidos, del alumnado más vulnerable. Con todo, defiende la labor de su centro. «Han hecho todo lo posible».

Gisela García, CEIP Cabo Mayor

«El protocolo es lo que más me ocupa, no lo que más me inquieta»

Gisela García, en el colegio Cabo Mayor. Roberto Ruiz

Gisela García, además de directora, es profesora de apoyo en Infantil, la etapa más sensible. A pesar los preparativos del plan de contingencia tiene otras prioridades. «El protocolo es lo que más me ocupa pero no es lo que más me inquieta. Al principio del curso, la prioridad es conocer el aspecto emocional, ver cómo están los niños, más allá del aprendizaje. Espero encontrarme de todo, como siempre, pero esta vez será más intenso», asegura.

Durante meses han trabajado «muchísimo» para adaptarse al protocolo del nuevo curso. «Ha sido muy agobiante», confiesa. Aún así, afirma que volver al aula es lo mejor. «Durante el confinamiento tuve que aprender de todo sin contar con la deshumanización, que era bestial. Necesitábamos volver a clase», afirma.

En el CEIP Cabo Mayor han decidido retomar las lecciones donde las dejaron al finalizar el curso pasado. En cuanto a la interacción piensa que será difícil. «Nosotros potenciamos siempre las actividades grupales, pero ahora tenemos que pedirles todo lo contrario», lamenta. El orden de las prioridades ha cambiado. Ahora, las bienvenidas a los nuevos alumnos y profesores se topan con mascarillas, termómetros y geles hidroalcohólicos.

Jésica Torre, Centro Rural Río Pisueña

«Hemos hecho todo este esfuerzo por la salud de los niños»

Jésica Torre ha dedicado todo el verano a remodelar el centro. Daniel Pedriza

Jésica Torre, sus compañeras y maridos, y un puñado de familias y empresas locales han dedicado los meses de verano a remodelar el edificio que acogerá este curso el Centro Rural Agrupado Río Pisueña, donde se dará cobertura a unos 45 alumnos de Infantil y Primaria entre las aulas de Villacarriedo y Santibáñez. Se han cambiado de sede en busca de espacio. Sus vacaciones, sábados y domingos incluidos, han transcurrido entre brochas, escobas y cinta aislante. El equipo ha hecho acopio de gel y demás materiales de prevención, han dibujado circuitos en el suelo, han adaptado la docencia al contexto covid. Sus ratios son pequeñas para asegurar distancias. A Torre le inquieta al mismo tiempo asegurar que sus alumnos usen la mascarilla durante las cinco horas lectivas. ¿Podrán lograrlo? El equipo se siente preparado, pero alberga dudas. ¿Tendrán una limpieza adecuada? Con todo, «lo haremos lo mejor que podamos. Vamos a seguir luchando por el centro, por nuestros niños».

Que los centros se hayan convertido en casi el único foco de controversia le escama. Son espacios bastante seguros: «Hemos trabajado durante todo el verano para que los alumnos estén lo más seguros posible, para que se laven las manos constantemente para que mantengan la distancia... Hemos hecho todo este esfuerzo por la salud de los alumnos».

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