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Cantabria busca de forma urgente pediatras dispuestos a afincarse en la región para incorporarse a los centros de salud que se han quedado en ... cuadro tras las últimas jubilaciones. El Servicio Cántabro de Salud (SCS) reconoce que tiene un «problema serio», porque en la bolsa de contratación ya hace años que no figura ningún pediatra al que recurrir cuando se produce una baja inesperada en la plantilla. Y mucho menos para cubrir las vacantes definitivas, que es lo que ha ocurrido recientemente en el centro de salud de Santa Cruz de Bezana, donde se ha despedido una pediatra al agotar su vida laboral, quedando su cupo de pacientes a la espera de un recambio que no existe.
Y no es el único caso, admite la nueva gerente de Atención Primaria, Alicia Gómez: «Tenemos varias vacantes para ofertar a la caza y captura de pediatras», entre ellas una en el centro de salud de Los Castros. En Bezana la solución «provisional» que se ha adoptado ha sido sustituir a la profesional jubilada con un médico de familia. «La necesidad de pediatras se centra especialmente en tres plazas que no tienen cobertura», sostiene Gómez, aunque admite que existen otras vacantes sin cubrir que presentan menos problema «de momento».
74 profesionales conforman actualmente la plantilla de pediatras de Atención Primaria del Servicio Cántabro de Salud.
1.000 tarjetas sanitarias (población infantil) es el cupo medio que tiene asignado cada pediatra del sistema público.
En conjunto, entre unas y otras, se calcula que más de 7.000 menores no tienen asignado un especialista. Sin embargo, el recuento realizado por el personal a pie de consulta habla de hasta quince plazas sin pediatra, sin contar aún la salida prevista en El Sardinero; y de ellas, cinco sin sustituto.
Además de los casos de Bezana y Los Castros, apuntan vacantes sin cubrir en Reinosa y Torrelavega y otras cuatro ocupadas por médicos de familia en San Vicente, Puente Nansa, Castro Urdiales y Laredo. A los que se añaden siete profesionales que coincide que están de baja. Salvo uno sin sustituir (El Alisal), el trabajo de los otros cinco (Camargo Costa, Zapatón, Castilla, Ontaneda-Renedo, Sarón y Castro Urdiales) corre a cargo de médicos de familia.
«Lo ideal sería captar pediatras para el relevo, pero no los hay. Es un déficit que se extiende a toda España. Es importante fidelizar a los profesionales que se forman para que no se vayan. Es complicado, pero tenemos que ser capaces de que se queden, y para eso es necesario que se vuelva a prestigiar la Atención Primaria», señala el gerente del SCS, Benigno Caviedes. Una solución que implica una mejora en las condiciones laborales, el primer paso para recuperar el poder de atracción que tuvo en otros tiempos -hoy en día los pediatras que acaban la especialidad se inclinan en su mayoría por la Atención Especializada-.
Ese giro para resucitar a la 'cenicienta' del sistema sanitario conlleva, a juicio de sus propios profesionales, que se pueda dedicar el tiempo necesario para ofrecer una atención de calidad y que se vuelva a hacer hincapié en la labor de prevención y promoción de la salud, relegadas a un plano secundario por la «sobrecarga laboral» que marca su día a día.
La retirada de los facultativos más veteranos, que en algunos casos ya habían prorrogado su carrera por encima de la edad establecida para la jubilación del personal médico (a petición del SCS) en vista de la carencia de sustitutos, ha agravado el viejo problema que arrastra la Atención Primaria: la falta de médicos de familia y, de manera más acuciante, de pediatras. «Estamos parcheando la situación con la colaboración de médicos de familia, a los que no les importa asumir la asistencia pediátrica, al menos para lo más urgente y para las revisiones del Programa de Niño Sano, pero sabemos que no es la solución», reconoce Gómez. Las autoridades sanitarias tienen claro que «lo que hay que hacer es atraer pediatras, de donde sea». Y con ese objetivo desde el SCS se trasladará también el llamamiento a los colegios de médicos para ampliar la búsqueda en otras comunidades.
Consciente de la preocupación manifestada por algunos padres de los niños que en estos momentos carecen de pediatra asignado -las quejas más recientes han llegado al centro de salud de Bezana-, la gerente de Atención Primaria aprovecha para «tranquilizar a las familias, porque sus hijos van a ser atendidos. Puede que tengan un tiempo de espera mayor, pero trabajamos para solucionar lo antes posible esta situación». Asimismo, Gómez reconoce «el esfuerzo que están realizando tanto los pediatras como los médicos de familia», en una de las épocas del año con mayor carga de trabajo.
En la actualidad, en los centros de salud del SCS se reparten un total de 74 pediatras. Uno de ellos es Alberto Bercedo, presidente de la Sociedad de Pediatría Extrahospitalaria de Cantabria, que califica la situación de los últimos días de «caótica». «Si esto sigue así, va a fallecer la pediatría de Atención Primaria», se lamenta, después de que en la jornada previa a la conversación con él hubiera atendido «a un total de 68 pacientes en un día, es una barbaridad». Esta es la primera consecuencia de este déficit de profesionales, que se extiende por todo el territorio nacional. «Estamos desbordados, con una sobrecarga asistencial abrumadora, y lo peor es que no se ve una solución. El problema es que no se sustituyen las bajas y vacaciones, con lo cual te encuentras con que tienes que asumir a tus propios pacientes y a los del cupo de tu compañero, y a la vez atender las urgencias en un momento en el que la demanda es mayor de lo habitual». La llegada de la gripe, que siempre empieza su escalada con los más pequeños, sumado al impacto de otros virus causantes de infecciones respiratorias -principal cuadro del invierno- ha disparado las consultas.
La Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap) y la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (Sepeap) han centrado sus esfuerzos este año en defender que la figura del pediatra no desaparezca de los centros de salud. Con este objetivo recabaron más de 220.000 firmas en el marco de la campaña 'Confianza', la iniciativa puesta en marcha por ambas sociedades científicas para que las Administraciones garanticen el derecho de todos los niños y adolescentes a tener un médico especialista de cabecera, y trasladaron al Ministerio de Sanidad un decálogo de propuestas encaminadas a conseguirlo. Dentro de ese escenario de futuro consideran clave la mejora de las condiciones laborales, que pasa por aumentar las plazas MIR, recuperar la política de sustituciones, centralizar los servicios de Pediatría de pueblos distantes y favorecer la conciliación familiar de los profesionales. Abogan también por lograr que los estudiantes de Medicina y residentes de Pediatría conozcan la Atención Primaria, para lo que juzgan necesario aumentar la rotación a un mínimo de entre seis meses a un año, frente a los tres meses actuales; e incrementar la visibilidad de la profesión, con mayor presencia de pediatras en las gerencias, cargos organizativos intermedios y en la universidad.
En Cantabria la plantilla de los pediatras está coja desde hace tiempo. Son varias las plazas de especialistas que se han tenido que cubrir con médicos de familia. Sinónimo, a juicio de Bercedo, de «una atención pediátrica de mínimos», aunque reconoce la «buena voluntad» de los compañeros. «El modelo de la pediatría de Atención Primaria en España es excelente, un ejemplo a seguir, y nos lo estamos cargando si no se atiende por pediatras», defiende. «Por más que algunos digan que el modelo de Inglaterra -a cargo de médicos de familia- funciona, lo cierto es que los datos de bienestar de los niños han empeorado», añade.
En resumen, tanto la Administración como los propios profesionales coinciden en que hay pocos pediatras, porque no se están formando los que se necesitan para tomar el relevo, una cuestión de planificación que depende directamente del Ministerio de Sanidad, que es el que convoca anualmente las plazas de formación de residentes (MIR). Sin embargo, Bercedo apunta que, mientras llegan las soluciones a largo plazo, se puede atajar el problema con medidas más inmediatas, que dependen de la acción de los gestores, como las «agendas de calidad», con una media de 25 pacientes por jornada. «Tenemos pocos recursos y encima mal distribuidos», considera. Con su crítica abre la puerta a una medida alternativa para remendar el vacío de profesionales que hasta ahora la Consejería de Sanidad no se ha planteado: reorganizar el mapa de los pediatras, que pasaría por reagrupar cupos de las zonas rurales, para que la población infantil tenga un especialista de referencia, aunque no sea en su centro de cabecera, de tal forma que se puedan reforzar los municipios con un índice mayor de niños.
No obstante, los pediatras subrayan que otro de los factores que han contribuido a elevar la presión asistencial es el aumento de la demanda ligado a los cambios sociales. Y ahí entran en juego, por un lado, las guarderías y las aulas infantiles, lo que implica niños escolarizados a edades más tempranas y, por tanto, un aumento de la patología al convivir con más gérmenes que cuando los primeros años de vida transcurrían en el ámbito familiar. Y esta situación va de la mano del segundo de los factores que contribuye a la propagación de los virus, según Bercedo: «La no conciliación de la vida laboral y familiar, que muchas veces hace que los niños vayan a la guardería y al colegio sin estar recuperados del todo».
El presidente de la Sociedad de Pediatría Extrahospitalaria señala que «la población también tiene parte de culpa de la sobrecarga en las consultas pediátricas, porque se abusa del sistema. Hoy en día nos ocupan tiempo problemas que antes se resolvían en casa con sentido común». Porque al final, añade, eso supone que «no se puede atender en tiempo y forma» a los niños que requieren un seguimiento mayor por presentar patologías complejas.
Hace poco más de un año el hartazgo de los profesionales por la sobrecarga laboral desembocó en una huelga, de la que se salió con un acuerdo en el que la Administración prometía control de la demanda, garantía de que se cubrirían todas las sustituciones para reducir la autocobertura y, en caso de que no hubiera personal disponible, compensación económica del esfuerzo añadido. Pero el goteo de jubilaciones continúa y no hay recambio..
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