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Mateo Cuevas y Tania Solana, dos vecinos de El Astillero de turismo en Marrakech, nunca hubieran podido imaginarse, «ni por asomo», la manera en que ... iba a terminar el viaje que iniciaron hace una semana y que, en teoría, debían concluir hoy con su regreso a Santander.
En la noche del viernes al sábado se vieron sorprendidos por el terremoto de 7,2 grados en la escala de Richter que sacudió a las ciudades cercanas al Alto Atlas. «Fue todo cuestión de un minuto», explica Mateo. «Mi pareja me contó que yo empecé a chillar. Fue como tener una pesadilla muy fuerte, pero no era una pesadilla, era real».
Al percatarse de que se trataba de un seísmo, Mateo y Tania salieron del riad en el que se hospedan corriendo y con lo puesto. «Sin pasaporte, sin móvil, sin dinero...». Y fueron a la plaza más cercana para ponerse a salvo, allá donde no hubiera riesgo de que les cayera nada encima. «Allí nos tiramos hasta las cinco de la mañana con la incertidumbre en el cuerpo», cuentan. «A pesar de la tensión que se vivía, la gente del lugar se mostró muy hospitalaria con nosotros. Trajeron mantas con que cubrirnos por si queríamos dormir, pero, dadas las circunstancias, ni quisimos ni pudimos hacerlo. La verdad, teníamos miedo», admite la pareja.
«Al principio todo fue muy confuso». De hecho, Mateo y Tania llegaron a pensar que no se trataba de un seísmo sino de una explosión. Ayer, al conocer las dimensiones reales de la tragedia –más de 1.300 fallecidos y casi 2.000 heridos– ambos se mostraban completamente desolados. «Veíamos a la gente rezando, niños deambulando por las calles, polvo por todas partes... Sentimos mucha angustia», afirman. Si ver las imágenes en la prensa resulta duro, «en primera persona es aterrador».
Del miedo y la angustia de la que hablan, Mateo y Tania pasaron después a la incertidumbre. Su siguiente destino era el desierto, en la zona de Agadir. «No sabíamos qué hacer. Si ir allí o irnos directamente al aeropuerto a pasar la noche». Finalmente, se decantaron por viajar al desierto. «Pensamos que allí estaríamos más seguros».
Y de la incertidumbre a la preocupación. Ayer, los dos cántabros desconocían qué iba a pasar con el viaje de vuelta a Santander, previsto hoy a las 18.35 horas. También hoy, a las 22.25 horas, partirá desde el Seve Ballesteros un avión rumbo a Marrakech. «Realmente, hasta el último momento no sabemos qué pasará», dicen Mateo y Tania, que en las últimas horas trataban de buscar información por vías oficiales. «Hemos llamado a la embajada, que está en la capital, en Rabat, y nos han dado un número de teléfono del Consulado de Marrakech. Pero Ni caso. Parece que si no hay muertos no te hacen caso», se lamentan.
El aeropuerto Seve Ballesteros tiene conexión directa con Marrakech. Un trayecto del que no disponen los aeropuertos asturianos. Por eso, entre los usuarios que regresan hoy a Cantabria hay un nutrido grupo de turistas del Principado. Muchos de ellos se han conocido gracias al grupo de Whatsapp que ha creado Iñaki de Dios, gerente de la empresa Parking Parayas, que custudia sus coches hasta su regreso. «Es una forma de que no se sientan solos y puedan comunicarse ante cualquier circunstancia», comenta de Dios.
Mateo y Tania no son los únicos cántabros que actualmente se encuentran en Marruecos, país al que Ismael Barquín, que vive en el Alto Maliaño, viaja asiduamente para visitar Tamesna, una ciudad costera de Rabat que se encuentra a unos 400 kilómetros del epicentro del terremoto. Pese a ello, lo sintió.
«Estaba con mi familia en el salón cuando empezó a moverse el sofá. Después las paredes y las lámparas», relata. «Y ya nos pusimos serios cuando nos dimos cuenta que temblaba el edificio». Entonces, todos los vecinos salieron a la calle. «Muchos chillaban», dice. «Y es normal, estábamos todos muy preocupados». Especialmente porque temían que se produjera una réplica.
Igual que Esther Cortavitarte y su hija, Rebeca Bustillo, dos torrelaveguenses que en el momento del terremoto se encontraban en Esauira, una ciudad portuaria situada en la costa atlántica de Marruecos. Sin embargo, ayer pusieron rumbo a Marrakech. «Estamos muy expectantes pero hemos llamado a todos los hoteles en los que nos vamos a hospedar y nos han dicho que están funcionando con normalidad. Vamos a confiar», comentaban.
La presidenta del Gobierno regional, María José Sáenz de Buruaga, trasladó ayer al pueblo de Marruecos las «condolencias» de los cántabros tras el «devastador» terremoto de esta madrugada. En una publicación en sus redes sociales, Buruaga quiso expresar la «solidaridad y apoyo» a todos los afectados por el seísmo.
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