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El balance es anual, a contar de septiembre a septiembre. Por eso los datos del año hidrológico dibujan un mapa general que no tiene ... en cuenta ciertos matices importantes para entender la situación. En el caso de Cantabria es atípico y ha pasado de las inundaciones del año pasado a la sequía de este verano. Así, la comunidad termina «incluso con un ligero superávit», señala José Luis Arteche, delegado territorial de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet). Pero subraya que ese es el resumen al coger la región como un total. Y es así por las precipitaciones acumuladas que cayeron en meses concretos como, por ejemplo, las registradas en noviembre y diciembre del año pasado cuando hubo inundaciones en varios municipios de la comunidad como Piélagos y Ampuero, los dos más afectados por el desbordamiento del Pas y el Asón. Si se analizan las lluvias por meses, la estampa cambia.
Según el Monitor de Sequía del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (Csic), diciembre fue extremadamente húmedo en la mayor parte del territorio. El mapa lo muestra en un azul intenso. Para entenderlo puede decirse que Cantabria, en cuanto al año hidrológico, «vive de las rentas», explica Arteche. Es decir, de lo que se registró en esas fechas junto con otros meses de este 2022 como marzo. Porque el resto del año pasado luce un color completamente distinto. Septiembre fue ligeramente seco o incluso muy seco en zonas del litoral. Octubre algo más húmedo pero sin ningún exceso y la descripción de noviembre como «normal» tampoco ayuda en la suma de las precipitaciones.
José Luis Arteche
Delegado territorial de la Aemet
Los cálculos para sacar el balance son sencillos: se suman todos los meses y se compara con lo que «suele ser normal» que caiga en ese periodo de tiempo, la previsión y, a partir de ahí, se determina si el balance está por encima o por debajo de lo esperado. ¿Y cuál es la conclusión de este año? «Ha caído muy mal distribuido», responde el delegado territorial. Porque, a pesar de las cifras totales, la realidad es que este verano «hemos padecido sequía», recuerda. Es más, mayo, junio y julio fueron los meses más secos desde que hay registros, unos sesenta años. Las elevadas temperaturas y la ausencia de precipitaciones provocaron una sequía que pasó a ser un problema de primera magnitud en la región. Hasta una veintena de municipios cántabros sufrieron incidencias relacionadas con el suministro de agua, que también afectó a profesionales de otros sectores como los ganaderos.
Algunos meses concretos «han sido capaces de mantener un año hidrológico, pero los demás ha llovido por debajo de lo normal». Este septiembre «ha precipitado bastante en la zona costera, pero otras no han recibido lluvias», continúa Arteche. Y lo cuenta con datos. En la Bahía han caído 140 litros por metro cuadrado cuando lo normal son 85. También en otras localidades como Treto han recibido cantidades importantes de agua, en concreto 146 litros o Santander 177. Pero zonas como Liébana o Campoo «no han tenido esa suerte de tener jornadas lluviosas». No toda la geografía ha acusado por igual la sequía.
Entre esos municipios especialmente afectados por la falta de agua está Valderredible. Sin precipitaciones, las zonas verdes desaparecen y el ganado no encuentra sitio donde pastar. Ha ocurrido este verano. Por eso los ganaderos se vieron obligados a empezar a alimentar a sus reses con el forraje que se reservaba para invierno. Y en Cubillo de Ebro, el mes pasado únicamente recibieron 18 litros. En Polientes 14, cuando lo normal es rondar los 40. Muy escaso.
Por eso, aunque el año acabe en positivo, la sensación es que «hay zonas donde falta el agua» y el balance muestra las diferencias de precipitaciones a pesar de que la suma total dibuje un dato que incluso permite hablar de lluvia por encima de lo esperado. El agua de agosto «cayó en dos días» que hubo tormentas y ahí se quedó. Una cantidad que no sirve para que los acuíferos recuperen su estado: «Los totales pueden ser engañosos», insiste Arteche, porque por ejemplo septiembre ha sido un mes «muy húmedo, pero ha llovido solo una semana».
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