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El naufragio de la candidatura de Ruth Beitia se fraguó en una tormenta perfecta provocada por la inseguridad de la atleta, las fuertes críticas ... recibidas dentro y, especialmente, fuera del partido, además del estupor que provocaron sus intervenciones públicas en Génova, que pasaron de verla como un activo electoral a un lastre para la campaña.
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Las dudas de la atleta comenzaron desde su primera intervención pública, cuando empezaron a lloverle las críticas y los comentarios en redes sociales, lo que más afectó a su autoestima. Su falta de experiencia en este ámbito quedó patente en el acto de presentación oficial de su candidatura en Santander, con la presencia de Pablo Casado y Javier Maroto, en donde ya se la vio muy nerviosa y con auténticas dificultades para leer las fichas que su equipo le habían preparado. Perdió el hilo en varias ocasiones y sus problemas para pasar la tarjeta se convirtieron en carne de 'meme' en cuestión de segundos. Al propio Casado se le vio perplejo en primera fila. Fue ahí donde empezaron las primeras dudas de ambos. Pero decidieron aguantar el chaparrón, hacer de tripas corazón y huir hacia adelante.
Horas después, durante una entrevista en Onda Cero, lo puso peor al equiparar la violencia de género con el maltrato animal. «Se debe tratar igual a un animal, a un hombre o a una mujer si son maltratados», afirmó en el programa de Carlos Alsina. Ante el revuelo provocado por estas declaraciones la cántabra matizó sus palabras poco después sin demasiado acierto: «No he querido equiparar el maltrato animal con la violencia de género, primero porque no lo pienso, y desde luego porque es absurdo», dijo. Fue ahí cuando todo estalló. La atleta perdió en ocho minutos toda la buena imagen que se había labrado durante años como deportista. Fue la diana de todas las críticas en las tertulias nacionales y, sobre todo, en redes sociales, hasta el punto de que no lo pudo soportar y pensó ya entonces en tirar la toalla. Se lo comunicó a la dirección nacional y Maroto se trasladó deprisa y corriendo a Santander, sin comunicárselo a la dirección regional ni a la alcaldesa, Gema Igual, para intentar apagar el incendio. Decidieron entonces aguantar y mantener un perfil plano. 'Escondieron' a Beitia en una madriguera para evitar los focos y nuevas meteduras de pata hasta la Convención nacional.
Por entonces las dudas de Casado sobre su candidata ya eran infinitas. Y ese fin de semana, en el conclave popular, fueron a más. La candidata ni siquiera mencionó Cantabria y su alegato contra la obesidad infantil resultó la puntilla. Beitia fue la comidilla de todos los corrillos y de los barones del PP, que en el cóctel que tuvieron el viernes por la noche con la cúpula de Génova trasmitieron sus dudas y la preocupación por la elección. Beitia volvió a reconocer ese mismo día que, a pesar de la insistencia de su guardia pretoriana, no lo veía claro. De hecho, la atleta terminó su intervención en Madrid sin esperar a que acabaran sus compañeros y regresó a Cantabria para irse a un cumpleaños. No apareció ni siquiera para el discurso de Casado el domingo.
El presidente del PP ya había decidido para entonces dejar de sostenerla. Hablaron por teléfono el lunes y el martes puso la alfombra roja para que se fuera. No la obligó a dimitir, pero sí reforzó todas las dudas que la todavía diputada le expresó y le animó a salvaguardar su imagen. El juego de cartas le vino bien dado al presidente, pero en el PP dan por hecho que, en otra circunstancia, más tarde hubiera forzado la salida.
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La exatleta ha decidido dejar todos sus cargos en política. El más significativo es la candidatura a la Presidencia de Cantabria, pero, además, dejará próximamente su escaño como diputada en el Parlamento regional, en el que entró en 2011 de la mano de Ignacio Diego, y su puesto como responsable de Deporte de la Ejecutiva nacional.
Después de cursar una Diplomatura en Fisioterapia, Ruth Beitia estudió para ser Técnico en Actividades Físicas y Animación Deportiva, pero también como Monitora de Atletismo. Gracias a esta formación Beitia ha podido trabajar como profesora de Ciencias de la Actividad Física y el Deporte en la Universidad Europea del Atlántico.
La exatleta intentará salvar ahora los patrocinadores que, tras conocer que iba a dar un paso a primera línea de la política, empezaron a desvincularse de ella para no significarse políticamente. Las marcas no querían vincularse con unas siglas y así se lo hicieron saber desde el día que su nombre sonó como alternativa a Sáenz de Buruaga. De hecho, el día después de ser ungida como candidata ya rompieron varios patrocinadores con ella, según reconocieron desde su círculo más cercano
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El partido está hecho añicos. La candidatura de Beitia resucitó todos los fantasmas del pasado más reciente y reabrió la heridas del sector crítico que la dirección regional llevaba meses tratando de curar con ahínco. Los alcaldes díscolos vinculados a Ignacio Diego salieron del letargo. A pesar de que muchos regidores habían enterrado el hacha de guerra con Sáenz de Buruaga a cambio de repetir en las listas, la designación de la atleta y la vuelta del sector crítico les dio a alas para salir en tromba a defender las bondades de Ruth Beitia. Su marcha atrás supone también un jaque mate a los dieguistas y, aunque de cara al exterior cueste entenderlo, refuerza el liderazgo de Sáenz de Buruaga de puertas para dentro. Y, lo que es más importante, de cara a Génova.
Hay dos claves para entenderlo. La primera es la humillación que hicieron pasar a Buruaga al imponer a Ruth Beitia frente a su criterio y al de la dirección regional. Si la cara es el espejo del alma, la suya lo dijo todo el día que anunció que finalmente no iba a dimitir y se mantenía en el cargo y, dos días después, cuando Casado bautizó a la deportista como candidata y la arrastró hasta el escenario para que se hicieran una fotografía juntas. Sáenz de Buruaga puso la otra mejilla, atendió entonces a la petición de su jefe de filas y se quedó a dirigir el PP cántabro a cambio de mantener la autonomía para hacer la lista autonómica.
Y la segunda, es el sapo que se ha tragado Madrid. Apostó fuerte contra el PP cántabro y ahora ha tenido que recular ante lo que el propio Casado considera un error del que culpa a sus lugartenientes.
Buruaga sale ahora reforzada y los dieguistas vuelven al ostracismo en el que se quedaron tras perder por cuatro votos el último congreso regional. Una posición que hace dos semanas parecía imposible. De hecho, Sáenz de Buruaga tenía decida su marcha, pero el partido la arropó para seguir peleando. Si el día que impusieron a Beitia ella hubiese tirado la toalla, ahora mismo el partido estaría dirigido por una gestora. Génova tenía en mente para dirigirla al diputado nacional y exalcalde de Camargo, Diego Movellán, que tiene una amistad desde su época en Nuevas Generaciones con Pablo Casado. Si todo hubiese seguido el guión establecido, seguramente él sería hoy el candidato a la Presidencia.
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El líder popular entonó el mea culpa en la reunión que mantuvo con Sáenz de Buruaga el martes por la tarde en el Congreso de los Diputados y se deshizo en halagos. En ese encuentro le dio plenos poderes -autonomía- para hacer y deshacer a su gusto, tanto las listas municipales como la autonómica. Es decir, que tiene libertad para, de una vez por todas, empezar a cortar cabezas de los nueve diputados díscolos y algunos de los alcaldes críticos con su gestión.
Casado premia su propio desatino reforzando el poder interno de Sáenz de Buruaga por estar «a las duras y a las maduras», como él mismo definió. Eso sí, le pidió -ya no hay lugar a imposiciones- que hiciese algún gesto. En el PP de Buruaga dan por hecho que todos los parlamentarios críticos no van a ir ya en ninguna lista, con la excepción de José Manuel Igual como alcalde de Arnuero, y que los gestos se harán hacia gente «leal». Hay quien piensa también en el exdelegado del Gobierno, Samuel Ruiz, o la presidenta del PP de Torrelavega, María Luisa Peón.
El primer paso se dará en las listas municipales. Sáenz de Buruaga había acelerado el paso en los últimos días para proclamar a 70 candidatos para los ayuntamientos de la región. La líder iba a empezar por los territorios afines para luego meterse con los municipios más complicados, aquellos donde gobiernan los afines al expresidente. La idea era empezar esta misma semana a proclamarlos y evitar que Beitia impusiese, vía Génova, a personas afines. Ahora, los últimos acontecimientos han cambiado los plazos.
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El panorama pinta negro para todos ellos. En la dirección regional no olvidan cómo cocinaron la candidatura de Beitia con el único fin de derrocarles y hacerse con el control del aparato. La primera intención es que Buruaga y su equipo se fueran nada más nombrar a la exdeportista. Pero ante su resistencia, iniciaron una operación con el fin de intentar imponer una gestora y hacerse con el control de la lista autonómica. La mayoría de ellos tenía hace dos meses un pie ya fuera de las listas y el nombramiento de la medallista olímpica fue una tabla de salvación a la que aferrarse para seguir en el cargo cuatro años más.
La dirección regional quiere cobrarse la venganza y firmar su sentencia política. No sólo en el caso de los diputados, sino de los regidores y los números uno más críticos. Hay quien piensa que durante las próximas semanas algunos pueden dar la espantada para irse a Vox, Ciudadanos o alguna formación independiente.
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