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A mediodía de este sábado, muchos aspirantes a las 164 plazas del Cuerpo cántabro de Maestros buscaron la sombra y las zonas más umbrías del ... Campus de Las Llamas para sacar los táper y comer al aire libre. Aún hacía calor y pudieron dar cuenta de los bocadillos y las ensaladas en los bancos y parterres que circundan los edificios de la Universidad de Cantabria. El tema de conversación era único: las sensaciones que tenían tras la primera prueba de la convocatoria, la realizada a las nueve de la mañana. Tras un sorteo, los casi 5.000 aspirantes tuvieron que desarrollar por escrito uno de los 25 temas que entraban en el examen. «Lo he luchado hasta el final», aseguraba una chica con una cuchara en una mano y el móvil en la otra. «Venga, tranquila, que lo vas a sacar», le calmaba una compañera.
Superar el escollo inicial del proceso procuró algo de alivio a los opositores. «Estamos más tranquilas después de pasar la primera prueba», contaban al final de la mañana Adriana, de Escalante, y Lucía y Alicia, ambas de Santoña, las tres a la sombra del Edificio Interfacultativo de la UC. «Maestras por vocación» en activo, todas coincidían en lo determinantes que son las oposiciones: «Nos jugamos seguir trabajando en lo que más nos gusta».
Los primeros exámenes de la convocatoria –además de las plazas de maestros, se ofertan tres de profesor de Música y Artes Escénicas– se celebraron «con normalidad» en las sedes de Santander, Camargo, El Astillero y Medio Cudeyo. «Todas las pruebas han comenzado en hora y según lo previsto», constató por la mañana la consejera de Educación y FP, Marina Lombó, que visitó la Facultad de Derecho de la UC donde se examinaban los aspirantes de la especialidad de Infantil, la más numerosa junto con la de Primaria. Acompañada por el director general Javier Gutiérrez, Lombó felicitó a los miembros de los 82 tribunales y defendió que una organización «sin imprevistos es muy importante para no añadir presión a los nervios lógicos de los aspirantes durante el proceso».
Hubo estrés a pesar de todo. Se evidenció en los rostros y gestos de los opositores, que se abrazaban con frecuencia y se abanicaban con los apuntes a una velocidad extraordinaria. Paqui Gómez, de Santa Cruz Bezana, un año «dedicada en cuerpo y alma al estudio», lo razonaba sencilla y claramente: «Es mucho esfuerzo y se decide todo en cuatro horas».
Algo «desinflada» después de resolver el supuesto práctico, soltando aún la presión acumulada, Paqui declaró que, tras 15 años de experiencia profesional en Primaria, ya no tiene duda alguna de que se dedica a lo que más le gusta. Con estas oposiciones aspira a una plaza, a una buena posición en las listas que le den «la tranquilidad de tener un puesto seguro y más oportunidades de trabajo». «Es la vocación que tengo y me encantaría seguir trabajando en lo que me gusta. Si tengo que seguir apostando por esto, lo seguiré haciendo», aseguró.
Y fue esa sensación de jugárselo «todo en un día» la que llevó este sábado a muchos aspirantes a reclamar pruebas alternativas para la evaluación de sus capacidades, quizá de tipo test o que «valoren más en profundidad la aptitudes y procedimientos» que un maestro aplica en su día a día.
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«Lograr una plaza significaría conseguir uno de mis objetivos en la vida y también mucha tranquilidad, pero soy consciente de que es un sueño que muchos perseguimos. Solo espero poder dedicarme a la enseñanza con o sin plaza», expuso antes del examen María, aspirante de Santander, que ha organizado su tiempo de estudio como si de una jornada laboral se tratase. «Obviamente he renunciado a cosas, pero he seguido manteniendo mi tiempo de ocio y disfrute. Me parece importante para cuidar la salud mental, esencial en este proceso».
Sara Toca, de Renedo de Piélagos, que ha invertido dos años en su preparación, acudió al examen con los 25 temas estudiados. «Quería el cien por cien de posibilidades». «Creo que me ha salido bien. He hecho lo que estaba en mi mano», celebró poco antes de fundirse en un abrazo con sus acompañantes.
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