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La jornada «Colaboración en el envejecimiento: fortaleciendo redes de asistencia y asesoramiento» ha sido organizada organizada por Cruz Roja Pas-Pisueña. DM
Más de cincuenta representantes del sector de atención a mayores se reúnen en torno a Cruz Roja para colaborar y reivindicar recursos
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Más de cincuenta representantes del sector de atención a mayores se reúnen en torno a Cruz Roja para colaborar y reivindicar recursos

Al acto han asistido profesionales de Cantabria, País Vasco y La Rioja

R.C.

Sarón

Jueves, 27 de marzo 2025, 19:06

Más de medio centenar de profesionales de residencias, centros de día, servicios sociales, administraciones locales y programas de voluntariado han participado esta mañana en Sarón en la jornada organizada por Cruz Roja Pas-Pisueña bajo el título «Colaboración en el envejecimiento: fortaleciendo redes de asistencia y asesoramiento».

El evento, enmarcado en el programa Reto Social Empresarial + de Cruz Roja, ha reunido a actores clave del sector con el objetivo de analizar las principales necesidades del colectivo de personas mayores y reforzar la cooperación entre recursos y entidades para garantizar una atención más eficiente, digna y humana.

«Queremos construir redes de apoyo sólidas, que permitan una atención integral y adaptada a las personas mayores y sus familias, en un contexto de creciente demanda y transformación del modelo asistencial», afirmó Leticia Pérez Arreba, responsable de Cruz Roja Pas-Pisueña, quien agradeció la amplia participación en el encuentro.

Leticia Pérez Arreba, responsable de Cruz Roja Pas-Pisueña, acompañada por los participantes de la jornada. DM

Aportaciones de los participantes

Encarna Otero, directora de la Residencia Virgen de Valencia (Puente Arce), destacó el «cambio de paradigma» que vive el sector: «Las residencias ya no son asilos. Hoy una persona puede vivir dignamente en una residencia si hay personal formado y recursos suficientes. Somos emociones, inquietudes, proyectos… y eso también hay que cuidarlo. La atención debe centrarse en la persona, no en la institución».

Otero reivindicó la necesidad de formación continua y coordinación entre organizaciones, e insistió en que «hay que trabajar respetando la idiosincrasia de cada persona, sus preferencias, su singularidad». También valoró iniciativas locales como las del Ayuntamiento de Piélagos, que está impulsando programas para detectar necesidades de mayores en su municipio.

Juan García, director de la Residencia Geriátrica Vega de Pas, señaló que «podemos sentirnos orgullosos de la red de residencias, centros de día y ayuda a domicilio», pero advirtió que «la población envejece y vamos a necesitar más servicios y personal formado». «Faltan profesionales. Debemos orientar a quienes llegan sin formación para que obtengan titulaciones, y al mismo tiempo adaptar nuestros recursos al entorno rural, que en Cantabria representa el 80% del territorio. En la zona de los Valles, la dispersión dificulta aún más la atención».

García propuso abrir los centros para permitir pequeños apoyos: «Una persona que cuida en casa debería poder acudir a un centro donde le enseñen técnicas básicas. También habría que permitir a los mayores acudir solo a comer o asearse. La clave está en la plasticidad». Además, subrayó el potencial de los itinerarios formativos de Cruz Roja y alertó de que muchas personas jóvenes con enfermedades degenerativas o problemas de salud mental están ingresando en residencias: «Tienen necesidades completamente diferentes y eso también debe atenderse».

Martina Mantecón Ammann, representante de la Residencia Mixta San José (Senior S.I), defendió una atención que combine diferentes recursos para que la persona mayor permanezca, siempre que sea posible, en su entorno habitual. «Hay casos en los que la residencia no es una solución permanente, sino temporal. Por ejemplo, cuando el cuidador se va de vacaciones, el mayor puede estar en la residencia durante un mes. También son unas vacaciones para él o ella». Pidió más agilidad en el acceso a los recursos: «Cuando alguien necesita una plaza residencial, suele llegar ya desesperado». Y destacó el papel de las nuevas tecnologías, tanto en domicilios como en residencias, para facilitar la autonomía y la seguridad de las personas mayores.

Cristina Bezanilla, responsable de Acción Territorial y del Programa de Voluntariado de UNATE, hizo hincapié en el papel de las personas mayores como agentes activos: «Desde hace 48 años trabajamos para que las personas, en su mayoría mujeres, envejezcan con autonomía en sus casas. Pero nadie les pregunta qué quieren. Nosotros sí lo hacemos». Explicó la experiencia del centro comunitario multiservicios de Campoo de Yuso, una iniciativa que nació desde la comunidad, con solo 600 habitantes distribuidos en 11 ayuntamientos: «La Junta Vecinal cedió el local, pero todo lo demás lo decidieron los vecinos, desde el color de las paredes hasta la gestión de actividades. Hoy atendemos a 100 personas».

Bezanilla subrayó que «la colaboración es fundamental para que los mayores no se queden fuera de la sociedad. Hay que evitar generar brechas. Además, la soledad no deseada afecta más a los jóvenes que a las personas mayores». También advirtió del peligro de los programas que aíslan a los mayores en casa en vez de fomentar su participación social.

Alexandra Cagigas Helguera, técnico-fisioterapeuta del Centro de Accesibilidad, Atención y Cuidados en el Domicilio (CADOS), afirmó que «cada vez más personas desean envejecer en su hogar, pero el servicio de ayuda a domicilio actual es insuficiente, costoso para las familias y con pocas horas disponibles». «Hay que mejorar la formación del personal y apoyar a los cuidadores no profesionales. Es clave la valoración individualizada, evitar la sobreprotección y fomentar la autonomía. La tecnología puede ayudar mucho con sensores de caídas, recordatorios de medicación y entornos seguros sin barreras». También pidió mejorar las condiciones laborales del personal asistencial y superar el modelo de las macroresidencias.

María José Garay, coordinadora de Centros de Día en Cantabria (programa Disfrutemos de las personas), reivindicó visibilidad para estos recursos: «Los centros de día son el hermano pobre de la atención a los mayores, pero son estupendos. Ayudan a mantener el vínculo con la familia y fomentan un envejecimiento activo». Señaló que muchas familias aún ven con culpa el uso de estos centros, pero subrayó su valor como paso intermedio antes de la residencia: «Cuando los mayores llegan piensan que se van a quedar a vivir allí. Luego descubren que salen a pasear, a la plaza, a tomar un mosto…».

Garay también alertó sobre la falta de plazas y el desconocimiento general sobre los centros de día, que siguen infrautilizados. «Es esencial que cada persona pueda elegir el recurso que mejor se adapte a su situación. Además, estos centros ayudan a reconstruir redes sociales, y muchas personas acaban participando como voluntarias tras haber tenido a familiares atendidos en ellos».

Con este encuentro, Cruz Roja Pas-Pisueña reafirma su compromiso con una sociedad más justa e inclusiva, que garantice el derecho de las personas mayores a una vida activa, segura y digna, promoviendo la colaboración entre todos los actores implicados en su cuidado y bienestar.

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