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La «confianza» vence a las dudas
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Cuatro conocidos cántabros cuentan las «ganas» que tenían de recibir las dosis y sus sensaciones tras los pinchazos
José Ramón Sánchez - Dibujante y pintur
Tras recibir la primera dosis de la vacuna contra el covid, José Ramón Sánchez dio las «gracias» a la enfermera que se la administró. Al pintor y dibujante santanderino le inocularon la fórmula de Pfizer, pero le «habría dado igual» que fuera cualquier otra. «Si hubieran ampliado la edad, no me habría importado», reconoce el artista cántabro a sus 85 años. Lo tiene claro: «Yo confío en la ciencia». Y en los profesionales que durante meses han investigado hasta dar con un medicamento para luchar contra el virus.
«Si hay una vacuna autorizada es porque se ha probado. Nada es perfecto y claro que puede haber casos con efectos secundarios, pero igual que con otras vacunas», insiste Sánchez. Así que vivió la jornada de la primera dosis con más «ganas» que dudas. ¿Y nervios? La pregunta también se la hizo el equipo de enfermería del centro de salud donde se pincho. «Los tuve el día anterior. Estaba un poco preocupado por si tenía síntomas o me sentaba mal», admite. Pero eso no le quitó el sueño y prefirió arrancar la mañana como «cualquier otro día» hasta el momento de la cita, las tres y cuarto de la tarde, recuerda bien la hora. Al llegar al centro médico y ver tanta normalidad sintió que era como «una consulta más». El pinchazo ni lo notó, por eso ahora está «tranquilo» y a la espera de que llegue la segunda dosis.
Sólo le preocupa un aspecto: «La gente que vive como si no estuviera pasando nada», comenta el artista. También «los negacionistas». Una serie de actitudes que le ha llevado a estar «decepcionado con la condición humana». Parece que «hemos perdido el sentido común», añade antes de recordar que «esto no ha terminado». El mensaje positivo es que las vacunas están haciendo «su efecto» y «necesitamos tener esperanza».
Gloria Torner -Pintora
A veces hay que dar pasos aunque sea con cierto miedo. «Quitarlo también es bueno», dice entre risas, al otro lado del teléfono, la artista Gloria Torner. Al menos así fue ella a su centro salud el día que le dieron cita para vacunarse contra el covid. Se puso una camiseta de «veranuco por el hombro» para facilitar el pinchazo y emprendió el camino rumbo al ambulatorio de Tetuán. «Fui porque había que hacerlo», resume la pintora cántabra. Porque hasta ahora ha sido «responsable» con las medidas y es momento de «seguir siéndolo». Para ella recibir la vacuna es su manera de aportar un granito de arena a la crisis sanitaria. «Si no ayudamos, no terminamos con esto», comenta.
Tampoco tuvo muchas dudas. Sobre todo porque «valoro mucho» a los investigadores que están detrás de cada fórmula y recibió la estadounidense Pfizer como podrían haberle inoculado la británica AstraZeneca. «Yo no soy quien para juzgar a quienes están en los laboratorios», opina Torner. Aunque reconoce estar «expectante» con la campaña de vacunación que avanza entre polémicas. No obstante, habla claro: «No tenemos otra opción» para acabar con el virus. Y este es un pinchazo que «ayuda a los demás», insiste Torner.
La polifacética pintora se define como «un poco cobarde» y, por eso, cuenta que miro para otro lado en el momento del pinchazo. Y cuando quiso darse cuenta, ya le habían vacunado. «No noté nada», señala. Tampoco ningún efecto en los días posteriores ni al recibir la segunda dosis. Y si hay miedo, «cierras los ojos y lo haces», resume. Ante las cosas graves prefiere apostar por «el sentido del humor», admite. Así que, a sus 87 años, asume la situación con filosofía. Es más, hasta se alegra de ser «mayorona» porque eso le ha permitido haber recibido ya la vacuna.
Aurelio González Riancho - Médico
Durante un año las conversaciones han girado en torno al mismo tema. «Hablamos del covid todo el día. Desde las ocho de la mañana hasta última hora», reconoce Aurelio González Riancho, médico otorrinolaringólogo y miembro del Centro de Estudios Montañeses (CEM). Por eso tenían «muchas ganas» de que llegara la vacuna porque es una «garantía» para una profesión que trabaja con la nariz y la garganta. «El sitio de referencia del virus», que les hace estar «en primera línea», resume. Las dos dosis de Moderna le han dado «tranquilidad en el trabajo». No es sólo una sensación, lo ve entre sus compañeros. «La gente no está cayendo enferma», comenta González Riancho. También se ve el efecto en las residencias de mayores, sin apenas contagios y muertes desde la inmunización. «Eso son datos». Porque el «90% de las enfermedades se han solucionado mediante vacunas, que son un arma de primer orden», insiste.
Y esa es la solución para esta crisis sanitaria a pesar de los debates que hay ahora sobre la mesa. «Yo me vacunaría con AstraZeneca mañana, no tengo ningún miedo». Porque confía en los investigadores que han concebido el fármaco de Oxford y deberán ser los expertos «quienes expliquen qué ocurre». Considera que uno de los problemas que existe en torno a esta fórmula es que «hay noticias sobre ella todos los días». Aunque la proporción es «mínima», los efectos secundarios adversos causan «miedo porque lo vemos todos los días», valora González Riancho. Pero hay un aspecto clave que destaca el médico: «El riesgo de la enfermedad es mayor que el de la vacuna». Además, el covid tiene otra característica esencial y es que es una enfermedad «colectiva, global». Contagiarse «puede afectar a la gente cercana», por eso incide en que «hay que ser responsable». No sólo con las medidas, también con las vacunas.
Sofía Juaristi - Exconsejera de Educación
El pasado Jueves Santo, en los carteles del 'vacunódromo' puesto en marcha en el Palacio de Exposiciones de Santander, se explicaba la fórmula contra el covid que se administraba esa jornada. «No tenía dudas ni preferencia. Había carteles de que era la de Moderna, pero cualquiera me habría valido», reconoce Sofía Juaristi, la que fuera consejera de Educación durante dos legislaturas, entre 1995 y 2003, en los gobiernos de Martínez Sieso (PP). Es más, lo único que le despertaba cierto recelo fue la idea de desplazarse hasta allí para acudir a una «cita multitudinaria», reconoce.
Por eso las primeras sensaciones cuando le llamaron para convocarle fueron más de «rechazo». No por la dosis, que tenía «ganas» de recibir, sino por toparse con mucha gente. Pero, una vez en el Palacio, esa pequeña «preocupación» desapareció al ver la «buena organización». Estar allí «da más tranquilidad» porque «funciona perfectamente», insiste. Y lo más importante, si estos espacios ayudan a «acelerar el ritmo de la campaña, me parece bien», resume Juaristi, que considera el ir a vacunarse como una «obligación» y un «compromiso» con la sociedad. Más allá de los beneficios individuales que reporta inmunizarse contra el covid. No es un acto por uno mismo, «es por todos», subraya.
¿Y cómo fue el pinchazo? «Nada, no te enteras», resume la exdecana de la Facultad de Económicas de la Universidad de Cantabria. Ella no se enteró ni en el momento ni después de recibirlo. La parte más negativa de la campaña de vacunación son, a su juicio, los «incumplimientos de muchas promesas». Hablar de ritmos que luego «se ralentizan» o poner sobre la mesa plazos que al final «no se cumplen» le parece algo «criticable». Son idas y venidas que para la exconsejera generan un clima de «incertidumbre» innecesario entre la población.
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