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Airear las clases hasta cinco o seis veces por hora. Esta es una de las recomendaciones que incluye la nueva guía para la ventilación ... en aulas elaborada por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Asociación Mesura. Unas pautas que llegan a las puertas del invierno y que ponen contra las cuerdas a los centros educativos. ¿Hasta qué punto es posible cumplir este tipo de recomendaciones sin poner en riesgo una docencia de calidad y la salud de los alumnos? El documento establece las condiciones ideales para un aula según su volumen, el número de ocupantes y la edad, para reducir al máximo el riesgo de contagio de coronavirus. Así, por ejemplo, una clase de 100 metros cuadrados con 25 estudiantes de entre 5 y 8 años debería renovar el aire seis veces cada hora. El escrito expone que el riesgo de contagio de covid-19 es superior en ambientes interiores que en exteriores. En los espacios cerrados, las partículas en suspensión, conocidas como aerosoles, son susceptibles de contener el virus. El riesgo de contagio se reduce con una menor emisión y exposición. Una de las formas de lograrlo es a través de la ventilación o purificación del aire para eliminar o disminuir la concentración del virus. La guía establece que la mejor forma de conseguirlo es mediante la ventilación natural. Y es preferible hacerlo de forma cruzada, es decir, abriendo las puertas y las ventanas en los lados opuestos del aula.
Unos consejos que hasta el momento podían cumplirse sin grandes inconvenientes. Sin embargo, la disminución progresiva de temperaturas plantea incertidumbres sobre cómo aplicarlos en invierno, sobre todo en los lugares más fríos. Es el caso de Reinosa, una de las zonas más gélidas de Cantabria. El instituto Montesclaros ha avisado a los familiares para que los alumnos acudan con ropa de abrigo a las clases. Norberto García, director del centro, aclara que cumplen con el protocolo de la Consejería, manteniendo las ventanas preferiblemente abiertas durante las clases. Sin embargo, si llueve o hace frío ventilan las aulas durante diez minutos entre clase y clase: «Está claro que hay que cumplir las normas lo máximo posible y tenemos clara la importancia de la ventilación para reducir el riesgo de contagio, pero sobre todo, hay que apelar al sentido común», detalla.
Exteriores Las actividades en exterior son siempre preferibles a las de interior. Si es dentro, mejor ventilación natural.
Condiciones adversas La ventilación natural es la primera opción, pero la meteorología no siempre lo permite.
Silencio El volumen de habla bajo o silencio diminuye riesgos. Al hablar fuerte o gritar la emisión es 30 veces superior.
CO2 En interiores cerrados aumenta la concentración de CO2. La renovación de aire reduce las concentraciones.
Periodos fríos La ropa de abrigo permite no abusar de la calefacción en invierno.
Contaminación Las ventanas abiertas suponen mayor contaminación. Hay que llegar a un compromiso entre el riesgo sanitario y la contaminación.
Ruido Preferible reducir el ruido de pasillos que cerrar puertas. Equilibrio entre riesgo sanitario y malestar acústico.
Ventilación La utilización de un ventilador en un ambiente interior cerrado no equivale a renovar el aire.
6 veces Se recomienda ventilar seis veces cada hora las aulas para reducir al máximo el riesgo de contagio.
Ventilación cruzada Lo ideal es aumentar la renovación de aire con aire exterior, abriendo ventanas y cerrando las puertas para provocar corriente.
Riesgo cero A mejor ventilación, menor riesgo de contagio. El riesgo cero no existe.
Ventilación forzada Si la ventilación natural no es suficiente, se pueden utilizar equipos extractores individuales.
García explica cómo los alumnos de la fila más cercana a las ventanas rotan cada semana para que no estén expuestos siempre los mismos. «Lo ideal es lo ideal, sabemos los beneficios de la ventilación natural, pero no podemos poner nunca en peligro la salud de los alumnos y debemos asegurar unas condiciones adecuadas para impartir una docencia de calidad. En invierno hay días que hace mucho frío y tendremos que apelar al sentido común», manifiesta en relación a la recomendación de airear hasta seis veces por hora las aulas. En este sentido, la guía establece que «si se opta por la ventilación natural, habrá que elegir entre reducción de riesgos sanitarios y confort térmico». Además, recomienda utilizar ropa cómoda de abrigo y no abusar de la calefacción con ventanas abiertas.
El manual plantea una serie de inconvenientes como la falta de confort o los problemas de contaminación y ruido que puede suponer llevar a cabo las medidas preventivas. De esta forma, aconseja «avanzar en las soluciones» y plantea implementar sistemas de corriente forzada, como un ventilador junto a la ventana, para favorecer la extracción del aire interior o incluir sistemas de purificación del aire para las épocas de mayor frío.
Este tipo de desventajas tiene mayor impacto en las personas de riesgo, como es el caso de los alumnos Senior de más de 50 años de la Universidad de Cantabria. Carmen Delgado, profesora de la UC y directora del programa Senior señala la mayor vulnerabilidad de algunos de sus alumnos: «En el programa hay muchas personas de entre 60 y 70 años, incluso alguno más mayor. El riesgo de contagio es el mismo que para los jóvenes, pero tienen una mayor vulnerabilidad si contraen el virus, y también frente al frío». Hasta el momento, Delgado imparte sus clases con las ventanas y puertas abiertas, siguiendo los protocolos y reconoce haber recibido quejas de algunos alumnos: «A veces puede resultar incómodo, pero en la medida de lo posible debemos mantener las ventanas abiertas», añade. En la Universidad también se ha sugerido a los alumnos que lleven ropa de abrigo para reducir al máximo los inconvenientes que pueda generar la ventilación natural en invierno.
Norberto García | Director del IES Montesclaros
Carmen Delgado | Profesora de la UC
José Ramón Fernández | Director gerente del TUS
Manuel Lorenzo | Chapista de taller de carrocería
La profesora plantea la posibilidad de recurrir a las clases por 'streaming' en el caso de que las condiciones meteorológicas no permitan impartir la enseñanza: «Tanto profesores como alumnos apostamos por la presencialidad, es una forma mucho más rica de dar clase, ahora estamos en formato bimodal, combinando lo 'online' con las clases presenciales, pero si las condiciones no son las adecuadas porque hace mucho frío, quizás tengamos que volver a la docencia 'online', puede ser una posibilidad», manifiesta en relación con uno de los posibles escenarios en invierno, aunque asegura que por el momento no se ha comunicado cuáles serían las medidas a tomar si las condiciones adversas no aseguran una enseñanza de calidad. «Ahora mismo, no hay certidumbre de nada, tendremos que adaptarnos a lo que venga», añade. El documento, basado en la guía de la Universidad de Hardvard y en fuentes y trabajo experimental en ventilación y filtración en España, detalla que las recomendaciones son aplicables a otro tipo de espacios interiores, como oficinas o edificios de uso público. Las empresas cántabras también tendrán que llegar a un punto medio entre la ventilación exhaustiva de los espacios interiores de trabajo y los riesgos que esto pueda suponer para su salud y para las condiciones en las que desempeñan su labor.
El taller de carrocerías 'Poldo e Hijo' de Santander cuenta con dos grandes portones para ventilar el espacio de trabajo. Sin embargo, Manuel Lorenzo, chapista del taller, asegura que no podrán abrir los dos a la vez: «En verano siempre estamos con los dos portones abiertos y en invierno cerramos uno de ellos. Nunca a cal y canto, pero puedo garantizar que si los abrimos de par en par durante el invierno, caeremos todos enfermos». Aclara que no han recibido ninguna indicación sobre cómo ventilar el espacio y señala que siempre que puedan los tendrán abiertos, pero que llega un momento del año en el que es «imposible». «Aquí hace muchísimo aire y con la corriente que hay, estaríamos con fiebre todos los días. Así no podemos trabajar», añade.
Explica también que todos los años alguno de los trabajadores enferma: «Es importante la ventilación, pero sobre todo, tenemos que tener unas buenas condiciones para trabajar a gusto. Nuestra idea es seguir como hasta ahora para no exponernos a caer enfermos», señala.
El escrito advierte de que «algunos emplazamientos pueden requerir soluciones y cálculos complejos que no necesariamente puedan asumir los usuarios finales». Además, recuerda que el riesgo cero no existe, sí la posibilidad de reducirlo aplicando las medidas que se describen en el documento, pero no llega a eliminarse completamente. Además de la ventilación, la guía recuerda que la exposición al virus se puede reducir mediante el uso de mascarilla bien ajustada, incluso en ausencia de otras personas, disminuyendo el tiempo de exposición y aumentando y manteniendo la distancia interpersonal. También establece que si la aireación natural no basta, se puede conseguir la renovación suficiente utilizando equipos de ventilación forzada. En el caso de los autobuses de Santander, la ventilación interior se realiza por acción combinada con la apertura de puertas en paradas y el funcionamiento de los equipos de climatización. «La apertura de puertas se produce cada 300 metros aproximadamente, lo que supone que con una superficie de ventilación de unos dos metros cuadrados por hueco de puerta y tres puertas abiertas se consigue una aireación notable en el interior», explica José Ramón Fernández, director del servicio de Transportes Urbanos de Santander (TUS). También, añade, que los equipos de climatización ayudan a la renovación del aire del interior y que se utilizan filtros específicos para la purificación de aire, además de rejillas y deflectores en los laterales sobre las ventanas para que el reparto sea homogéneo.
Todos los sectores de la sociedad se enfrentan ahora al nuevo reto de conseguir cumplir con las pautas de ventilación durante el invierno. En especial, el educativo, uno de los ámbitos que se reinventa cada día para asegurar una enseñanza de calidad en esta nueva realidad.
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