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Mientras José Luis Goñi coloca los productos de la compra en la caja, calcula lo que cree que se va a gastar. Y no suele ... acertar. Porque siempre piensa que será menos. «37,38 euros por favor», le dice la cajera del supermercado. A lo que el responde entre bromas. «¿Qué he roto? Si he comprado cuatro cosas». Y eso, que la de ese día, era una compra «diaria». Porque la «más grande» la suele hacer su mujer cada dos semanas. En esas, «menos de 120 euros imposible». «No me quiero imaginar cómo lo hace una familia con varios hijos». Pues con mucha «planificación». Lo dicen David Romano y Marta Martínez, padres de cuatro hijos. O Ana Marcos, que vive sola, y también tiene que distribuir bien sus gastos mensuales para que no se le vaya todo el salario en el precio del piso. Ángel Álvarez sí que comparte casa con dos amigos. Pero le ha subido el alquiler. Y eso, sumado a las facturas, cada vez más caras, y el precio de los alimentos, ha obligado a sus padres a tener que ingresarle más dinero todos los meses. «No me llegaba».
José Luis Goñi trabajó durante 46 años y medio en una empresa metalúrgica de La Albericia, en Santander. «Empecé en el oficio con 14 años y me he jubilado con 61». Toda una vida trabajando y por la que ahora recibe una pensión que le permite vivir tranquilo. Su mujer, Mar Saturio, acude una vez cada dos semanas al supermercado para la compra del mes. Y él se encarga de lo necesario en el día a día. Por eso, conoce a la perfección el precio de todos los productos que compra habitualmente. Por ejemplo, el pack ahorro de yogures Danone –el de ocho unidades– «ha subido casi un euro». Ahora cuesta 2,39 euros. «Yo lo he llegado a comprar a 1,50», asegura.
Otro de sus imprescindibles es la gaseosa Schuss, «que es más ligerita que la casera «de toda la vida». Ha subido de 0,45 euros a 0,71. «Lo sé porque lo miro a diario. Parece que no, pero se nota», asegura Goñi, que lamenta pagar «casi un 10% más en cada tique». Y como se conoce a la perfección los pasillos del supermercado, antes de llegar a la estantería de la leche advierte: «El precio del brick ha subido mucho. Está todo prohibitivo. Igual que la fruta y la verdura. Sobre todo el calabacín, el pimiento y la berenjena. Menos mal que solo somos dos en casa, porque veo a las familias con varios hijos y no me explico cómo pueden organizarse para no pagar tanto dinero». Lo dice mientras pasa por delante una mujer con su hijo en un carrito de bebé. «Tiene que ser complicadísimo», insiste.
David Romano y Marta Martínez saben muy bien que no es tarea fácil. Tienen cuatro hijos. Juan, el mayor, tiene cinco años, Marta tres, Carmen uno y medio y Pablo nació hace un mes. Tienen claro que lo primero es «armarse de paciencia» y lo segundo ser «muy organizados». Ellos hacen una tabla de cálculo a principios de mes en la que planifican el dinero que van a destinar a cada gasto del hogar. Y «sin lugar a dudas», ha subido. Por varios motivos. «Uno, el más evidente, la subida del precio de los alimentos. E influye también que los niños crecen y cada vez comen más», comentan. En consecuencia, acuden con mayor asiduidad al supermercado, ya que la comida se termina «mucho antes».
También plantean un menú semanal. Así saben lo que necesitan y no gastan «dinero de más». Y lo más importante para la familia. Así no tiran comida. «Hay una norma en nuestra casa. Y es que no se tira nunca nada a la basura. Todo se aprovecha. Y si sobra, se guarda en un táper para el día siguiente».
«Hacemos una compra gorda una vez al mes y semanalmente compras más pequeñas». Esto se traduce en «aproximadamente» 500 euros mensuales destinados a la alimentación. Que, para seis en casa, «no es tanto». E insisten en que es gracias a la organización previa. «Tenemos que medirlo todo mucho». Y, «por supuesto», a las medidas de ahorro que han tenido que adoptar. «Todo marca blanca. Que está igual de bueno y cuesta la mitad». Aunque hacen una excepción con los productos de cosmética como la pasta de dientes y los champús. «Mientras nos lo podamos permitir seguiremos así». Tampoco puede faltar «la joya de la corona», los packs familiares, un «alivio» para el bolsillo.
El mismo alivio sienten por ahorrarse el IVA. Y es que Carrefour descuenta el IVA en los productos frescos a las familias numerosas. «Nos facilita mucho la vida. Por eso, normalmente, venimos aquí», exponen.
La fruta y la leche, que son los productos que más compran, y también los que más rápido gastan, tienen que ir a reponerlos todas las semanas. «No llegamos a los 150 litros de leche al mes, pero casi». Y añaden: «Antes solíamos comprarnos un capricho para cada uno. Pero ahora lo hemos eliminado por completo. Como mucho una fruta un poco diferente», relata el matrimonio.
Respecto a la ropa de sus hijos, han tenido «suerte» porque, al ser dos niños y dos niñas, la van heredando unos de otros. Y Marta reconoce que ha comenzado a comprar ropa por Vinted, un mercado en línea y comunitario que permite a los usuarios vender, comprar e intercambiar artículos textiles y accesorios de segunda mano. «Viene todo como nuevo y mucho más barato», asegura la madre.
La que también ha modificado sus hábitos de consumo es Ana Marcos, una joven de Guadalajara que reside en Santander desde hace cuatro meses. «Me independicé y me fui a Madrid con 21 años y he compartido piso con mucha gente». Por eso, ahora que tiene 27, y al mudarse a una ciudad más pequeña, decidió que era momento de vivir sola. «En Madrid sería inviable. Y aquí, aunque sea caro, es asequible». Pero esto también tiene su parte negativa. Y es que, acostumbrada a compartir gastos, ahora todo le sale «muchísimo más caro».
«En la compra semanal me gastó aproximadamente 70 euros. Y realmente compro lo básico. Cuatro cosas, Y a veces tengo que volver al supermercado a por más productos. Pues otros 40 euros», cuenta la joven investigadora. Ante esta situación, se las apaña para aliviar un poco la cartera. Por ejemplo, el pescado se lo lleva congelado en vez de fresco. «No está tan rico pero tampoco está mal y es mucho más económico». También ha cambiado los plátanos por bananas, que cuestan «casi la mitad». En concreto, 0,23 euros. O el pollo, que en vez de comprarlo por partes, se lleva uno entero y ya lo despieza en casa. «Parece que no, pero ahorro bastante. Y todo euro de menos es ayuda», subraya Ana Marcos. El que también ha adoptado medidas de ahorro es su gato. «Compro otra marca de alimentación para gatos que en la bolsa viene mucha más cantidad. Está comprobado que me dura más que las pequeñas».
Ángel Álvarez es de Oviedo pero estudia Medicina en Santander y comparte piso con dos amigos. Un piso que, desde que entraron a vivir –en enero de 2022–, ha subido de precio 90 euros, 30 por persona. «Es mucho teniendo en cuenta que también se ha encarecido el precio de las facturas y de la comida. «Todo es más caro y se nota». Por eso, los tres se han puesto de acuerdo para tratar de economizar «lo máximo posible». Las luces se apagan siempre. Y también desenchufan los alargadores que tienen en sus habitaciones para «ahorrar energía». Respecto a la compra, cada uno hace la suya propia, a excepción de productos de limpieza, aceite, vinagre y sal. «Antes, ir al supermercado una vez por semana me costaba 60 euros. Ahora, 85 mínimo. Y si tengo que ir puntualmente a por dos tonterías, otros 30 euros», reconoce el estudiante. «Es una barbaridad». Tanto, que necesita más dinero para hacer frente a todos los gastos. «Mis padres me ingresan más dinero porque me ha subido el precio del alquiler y la comida y las facturas son también más caras».
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Ana del Castillo
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