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La Guardia Civil está investigando a tres personas por la compra-venta de dos caracales, unos felinos muy parecidos a los linces, que están protegidos ... y cuyo actual propietario se paseaba con ellos por Santiurde de Toranzo, donde han sido decomisados. Los animales procedían de Toledo, donde habrían sido vendidos de forma irregular. Los tres implicados en la operación podrían haber cometido un delito contra la protección de la fauna, ya que los caracales están incluidos en el convenio Cites, un tratado internacional que regula los movimientos de las especies que corren peligro de extinción.
Lilo y Stitch, que así se llaman, tienen ocho meses y, según ha señalado la organización que se ha hecho cargo de ellos tras haberlos intervenido, «son unos felinos africanos que recuerdan a un lince por su constitución». A pesar de que son animales salvajes, está permitida su cría en cautividad «bajo condiciones concretas y en estos casos es posible su comercio cumpliendo ciertos requisitos administrativos».
Pero no es el caso. En Cantabria la investigación se inició cuando el Seprona de Cantabria (Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil) tuvo conocimiento de la existencia de dos felinos similares a linces en una finca del municipio de Santiurde de Toranzo. Su propietario «estaría incluso sacándolos a pasear por zonas públicas».
Tras varias comprobaciones, los agentes localizaron la jaula ubicada en el jardín de una vivienda donde también se encontraban los animales. Dado que están protegidos, los investigadores pudieron solicitar al dueño la documentación que debería acompañarlos, pero esta persona no pudo acreditar su legítima tenencia. Tampoco contaba con el permiso de importación Cites, ni con un certificado de cría en cautividad.
Los guardias contactaron entonces con la subdirección de Biodiversidad Terrestre y Marina del Ministerio para la Transición Ecológica y abrieron un expediente como infracción a la ley de reprensión del contrabando. Posteriormente, se constató que los animales habían sido comprados en un establecimiento de la provincia de Toledo, donde se verificó que se habían vendido sin factura y sin los documentos que deberían acreditar su procedencia, por lo que también se iniciaron diligencias sobre los responsables (un varón y una mujer) del establecimiento.
La Guardia Civil y el citado Ministerio activaron, de forma paralela, el protocolo para asignarles un lugar de acogida dentro de la red de centros de rescates Cites. Finalmente, se les trasladó a un centro de Alicante tras haberles puesto en manos del personal de la fundación AAP Primadomus, con sedes en España, Países Bajos y Alemania, cuyos fines son el rescate y la rehabilitación de animales salvajes.
Desde esta organización se ha señalado que la historia de estos dos felinos «es rocambolesca» porque «eran tratados como domésticos aunque son salvajes, con necesidades específicas complejas que no se pueden satisfacer en un entorno doméstico y que, a la larga, les causa estrés y problemas conductuales graves, al verse privados de los requerimientos naturales de la especie».
En opinión de los expertos, los caracales «no deberían estar en manos de particulares pues suponen un riesgo para la seguridad, la salud pública y para el medio ambiente». También han señalado que la moda de tenencia de animales exóticos como animales de compañía «no deja de crecer». El vecino de Toranzo, el día de la recogida de los animales, «nos contaba que decidió adquirirlos al ver en varias cuentas de Instagram y TikTok a otras personas que los tenían», han relatado.
La entidad que se ha hecho cargo de Lilo y Stitch ha especificado que actualmente ambos se encuentran «descansando, en cuarentena». Más adelante se les someterá a todas las pruebas veterinarias para asegurar de su salud y que no supongan un riesgo para el resto de los animales del centro al que se les ha llevado.
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