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Encajar a los niños con los abuelos, hacer de tripas corazón y perder una semanita en julio para poder viajar con ellos ahora que no ... tienen cole o gastarse un dinero extra o meterles en un campus. Los padres cántabros, a diferencia de otros del resto de España, tienen que hacer encaje de bolillos para que sus hijos estén entretenidos y en buenas manos las semanas en las que el calendario de la Consejería de Educación del Gobierno de Cantabria -instaurado en 2016- obliga a descansar. Es decir, una semana cada bimestre.
Como es habitual, esta medida tiene seguidores, gente a la que no le importa amoldarse e incluso ve ventajas -«es más barato y no está todo tan masificado»-, y detractores, que lo miren por donde lo miren no ven ninguna ventaja. «No hay medidas de conciliación que ayuden a implementar este calendario. Se instauró sin acuerdo de las familias y por lo menos hasta el año pasado no había un estudio oficial que acreditase la idoneidad pedagógica de este calendario», señala Ana Ruiz, con dos menores en Infantil y Primaria a los que ha tenido que inscribir toda la semana en un campus: 130 euros sin incluir la comida. «Tenemos dos opciones: o pagamos con días o pagamos con dinero, lo que repercute en la economía familiar. Estamos vendidos y el calendario, a diferencia de lo que dijo la señora Buruaga el año pasado, no está asumido. Sigue siendo un problema para muchas familias, no nos ha quedado otro remedio que aceptarlo porque se ha implantado de forma obligatoria, yo no he tenido opción de decidir si quería que mis hijos descansen cada dos meses», puntualiza.
Ana Ruiz
Madre de dos menores
Los abuelos son parte fundamental de esa difícil tarea que es conciliar. Porque si están jubilados y la salud se lo permite se quedan «encantados y felices» con los nietos, «pero también es verdad que acabas agotado y que aparcas tus rutinas, las que te has ganado después de tantos años trabajando, como hacer ejercicio, jugar al golf, pasear o tomar el blanco con los amigos», señala Pepe Acereda, que durante esta semana se ocupa, junto a su mujer, de sus dos nietos de 6 y 10 años. Su yerno, Julián Franco está profundamente agradecido, «como para no estarlo», «nos solucionan muchos quebraderos de cabeza y nos ahorran al cabo del año una suma importante de dinero». «Sin ellos no sé cómo lo haríamos, aunque supongo que como muchas otras familias, quedándonos sin vacaciones todos juntos en verano o gastando un dineral en campus, porque además en nuestro caso el gasto es doble ya que tenemos dos hijos», añade.
Acereda no quiere dejar pasar la oportunidad de señalar que el calendario escolar cántabro le «parece un poco estúpido, en la medida de que en el resto de comunidades no se aplica, no tienen este sistema, no entendemos a qué obedece que en Cantabria se tenga que dar esa circunstancia». Sobre si los niños condicionan o no el tiempo libre de los abuelos, dice que es un «bendito condicionamiento», porque solo son unos días y porque «los niños ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio», apunta citando a Antonio Machado.
Pepe Acereda
Abuelo a cargo de dos menores
Conciliar también es adaptarse. Ceder tu tiempo, aún más, a los peques y enfrentarse a estos días con resignación. O ilusión, como los cuatro miembros de la familia Torre Ortega (padre, madre y dos niñas de 8 y 11 años), que ha aprovechado para viajar a Madrid y «disfrutar de las alternativas culturales y de ocio» que brinda la capital. O los Noriega, que han hecho una breve escapada a Oporto para desconectar.
Marta y Laura Elío
Madres de dos menores
Las hermanas Elío Enríquez, con dos menores cada una, están «totalmente de acuerdo» con el calendario escolar. «Nos viene estupendo», dice Marta. Y es que siendo autónomas pueden adaptar las vacaciones de su negocio a las escolares y de este modo viajar toda la familia junta: niños, padres y abuela. «El año pasado aprovechamos para recorrer la costa oeste de Estados Unidos. Fue un viaje que, por volumen de trabajo, no nos podríamos permitir en otra época del año», señalan desde Japón, el destino elegido para estas vacaciones.
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Ana del Castillo
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