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La irrupción de Ómicron ha roto el hipotético esquema de previsiones de la sexta ola covid, que apuntaba el descenso de la curva para ... finales de enero o principios de febrero (ahora ese final se aleja). Ni siquiera la alta cobertura vacunal de la población -en Cantabria está inmunizado casi el 83%- servirá de parapeto de la cepa originada en Sudáfrica y que ha vuelto a encender las alarmas en todo el mundo. La nueva variante del coronavirus no sólo es más contagiosa que cualquiera de las anteriores, sino que sus múltiples mutaciones en la espícula -la proteína que ejerce de llave para infectar las células humanas- le aportan mayor escape de inmunidad. Es decir, que el virus ha encontrado la manera de esquivar con facilidad a los anticuerpos.
«La efectividad de la vacuna para evitar la infección sintomática de Ómicron, es decir, la capacidad neutralizante de los anticuerpos, se queda a cero», admite Reinhard Wallmann, director general de Salud Pública. De ahí que el despliegue de las terceras dosis (indicada para todos los mayores de 40 años) se considere el principal plan de choque, junto con las medidas anticovid de siempre, que vuelven a hacer «más falta que nunca»: mascarilla, ventilación, higiene de manos y distancias de metro y medio. «Tenemos que volver a apelar a la responsabilidad individual, que cada uno sea consciente de cómo puede evitar la transmisión, porque entramos en las Navidades, época de gran interacción social, en pleno pico de pandemia, con mínimas restricciones y un factor de incremento que es esta variante más contagiosa y que hace que la vacuna sea menos efectiva. Sin duda, coinciden los peores ingredientes posibles», señala.
Si Ómicron corre tanto como lo ha hecho allí donde ha llegado antes -en Reino Unido pulverizó el récord de contagios diarios de toda la pandemia-, la tasa de incidencia en Cantabria, que ya supera los 450 casos por 100.000 habitantes, el doble que al inicio de diciembre, podría alcanzar registros nunca vistos en las próximas dos semanas -hasta la fecha el pico está en los 707 del verano-, según la estimación de Salud Pública. «Lo que estamos viendo es que los casos de Ómicron se duplican cada dos días -el sábado ascendían a 117-. Si la semana pasada, apenas representaban un 2% en las muestras cribadas en Cantabria, ahora ya estamos en un 13%. Se impone a una velocidad mucho más rápida que Delta. Calculamos que a principios de enero supondrá un 75%», explica el epidemiólogo. Los números apuntan a un escenario pesimista. Igual que el efecto del puente festivo ya se ha dejado sentir en los últimos días, con picos de hasta 300 contagios en 24 horas (ayer se confirmaron otros 246), 2022 arrancará con la resaca de los contactos navideños.
Sólo hay que echar la vista atrás doce meses para refrescar la memoria. Entonces, la región llegó a las campanadas en fase de descenso de la segunda ola covid -la incidencia estaba en 174-, con toque de queda, aforos estrictos y reuniones limitadas. Pero sólo un mes después, la tercera onda alcanzaba su pico máximo (394 casos por cada 100.000 habitantes) y 85 muertes por el camino. Ascenso rápido y dura presión para los hospitales, que en aquel momento atendían a 204 pacientes, de ellos 35 en situación crítica. Es cierto que la vacunación no había hecho más que empezar. Pero aún llegaron después la cuarta y la quinta embestida de coronavirus.
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«Lo que va a ocurrir ahora es que se va a solapar la potente ola de Delta, que no la hemos superado, con una paralela de Ómicron. Y tenemos que ver cómo van a convivir. Estábamos aliviados cuando veíamos la ola de Europa. que no nos llegó tanto, pero ahora eso se nos vuelve en contra. En Europa están saliendo de Delta y abordan ahora la onda de Ómicron, mientras que en España se juntan las dos», explica Wallmann. Y lo que inquieta a las autoridades sanitarias es el impacto hospitalario que traerá esta previsible explosión de contagios durante las Navidades, el terreno propicio para que el virus se cuele en los brindis, las compras y los reencuentros familiares.
El Centro Europeo para el Control y la Prevención de Enfermedades ya advirtió días atrás que es «muy probable» que Ómicron cause más hospitalizaciones y muertes que la actual cepa dominante, la Delta, que se impuso del todo este verano. Es pura cuestión estadística. El éxito de la vacuna es que ha logrado rebajar la tasa de ingreso al 6% actual, pero cuántos pacientes estarán detrás de ese porcentaje dependerá del volumen de infecciones. «Los hospitales ya se están preparando, no queda otra», advierte el director de Salud Pública. «Incluso aunque la nueva variante fuera más leve (algo que aún no sabemos; tardaremos unas semanas en tener datos concluyentes) ese plus de contagiosidad que tiene va a generar más cantidad de infecciones y, por tanto, aumentarán proporcionalmente los casos severos», recuerda Wallmann, con la vista puesta en la Unidad de Cuidados Intensivos de Valdecilla (ayer con 20 pacientes). El balance diario de la pandemia, que refleja que la incidencia en mayores de 65 años ya ha entrado en nivel de riesgo muy alto, añadió ayer un nuevo fallecimiento: un hombre de 95 años, vacunado.
«La información que tenemos sobre la variante Ómicron es muy preliminar, pero apunta claramente a que es más infectiva. Lo que no se sabe aún es si la gravedad de la enfermedad que causa es igual o menor que la de Delta», señala Marcos López Hoyos, presidente de la Sociedad Española de Inmunología y jefe de la especialidad en Valdecilla. «Esa es la incógnita ahora», apostilla el director de Salud Pública.
Queda por definir «cómo de bien protege la vacunación contra la enfermedad grave». A juicio de López Hoyos, «la vacuna va a seguir protegiendo en un gran grado. Es cierto que si la capacidad neutralizante de los anticuerpos disminuyó un 20% con Delta, ahora con Ómicron caen más, pero la respuesta inmunitaria de las células T está en gran medida conservada, según apuntan los primeros estudios (aún por confirmar), lo que supone que es muy efectiva para evitar enfermedad grave». Un mensaje con el que el inmunólogo llama «a la calma», sobre todo teniendo en cuenta que «van a aparecer más variantes. Los virus, a medida que pierden virulencia, mutan para hacerse más infectivos, pero no induciendo enfermedad grave, porque si eliminan al huésped no se reproducen. Lo esperable es que esta pandemia, que no nos da respiro, acabe siendo un catarro endémico», añade.
La alta contagiosidad de Ómicron y el hecho de que la vacuna no evite la transmisión del virus ha obligado a actualizar los protocolos de aislamiento. Los contactos estrechos de los positivos de esta variante deberán guardar la cuarentena durante diez días aún teniendo una primera PCR negativa y estar vacunados. Requisitos que eran suficientes hasta ahora para evitar el periodo de aislamiento. Este cambio complica también la labor de los rastreadores, desbordados por el incremento de los contagios y de las llamadas telefónicas, que tienen que contactar dos veces con aquellos que son susceptibles de haberse infectado con Ómicron, una vez confirmada la variante en la segunda prueba de Microbiología. «Mientras el volumen de la demanda lo permita», Salud Pública mantendrá la PCR de control al final de la cuarentena.
Pero hasta que llegue ese momento, seguirá dando guerra. «Hasta ahora, tener la pauta completa de la vacuna en la mayoría de los casos era suficiente. Ahora, con la aparición de Ómicron, la tercera dosis puede ser necesaria para toda la población. Desde luego, lo es para todas las personas inmunodeprimidas, independientemente de su edad», opina López Hoyos. Hasta el momento, ha sido administrada al 85% de los mayores de 70 años, y al 64% de las personas de 60 a 69 años que ya tenían la doble pauta.
Aún contando con la protección vacunal, el contexto tampoco ayuda. En plena sexta ola de Delta (que tampoco se esperaba de la envergadura que ha cogido), con las fiestas navideñas a un paso, sin apenas restricciones (más allá de la introducción del pasaporte covid) y la sensación de nuevo equivocada de que la pandemia estaba dando sus últimos coletazos. «El margen para establecer medidas es reducido», sostiene Wallmann, en alusión a la reciente decisión del Tribunal Superior de Justicia de Cantabria, que anuló la limitación del horario del ocio nocturno hasta las tres de la mañana, al estimar el recurso de Hostelería.
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