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Además de escuchar las carcajadas, ya se vuelven a ver sonrisas por la calle. Esas que desde hace meses se esconden detrás de las mascarillas. ... Todavía no son muchas porque ha sido tímida la llegada de la nueva medida que permite no utilizarlas en exteriores siempre que se mantenga la distancia de metro y medio.
Al menos esa es la sensación esta mañana por el centro de Santander. La prudencia sigue siendo protagonista en la calle. Marisol lleva la mascarilla en la mano porque hay que mantener la «precaución», pero para ella poder salir sin la cara tapada es como «volver a vivir». Hoy ha aprovechado para prepararse más, pintarse los labios y «ser un poco más yo», comenta mientras da un paseo con su marido por la calle Burgos. Han sido muchos meses con mascarilla y por fin siente que puede «coger aire».
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Sin embargo Alfredo Aja y Juan García prefieren ir «poco a poco«. Ellos han decidido seguir con la mascarilla porque »lo de mantener la distancia no es fácil« y les obligaría casi a estar todo el rato »quitandola y poniéndola«. Así que esta mañana han hecho lo mismo que cualquier otra: móvil, llaves y mascarilla. »Es cierto que con las gafas molesta«, reconoce Alfredo, pero aún así mejor »tener cuidado«. Por la tarde irán a la Virgen del Mar, »allí tenemos una parcela y al ser más abierto, sí me la quitaré«. De momento por el centro no a pesar de que esta mañana en la Alameda de Oviedo sí era posible mantener la separación con otros grupos.
Para Adrián Aginagalde-Llorente, director del Observatorio de Salud Pública de Cantabria, es «el momento de hacerlo». Una propuesta «acorde a la situación epidemiológica y al conocimiento generado en este tiempo». A Marcos López Hoyos, presidente de la Sociedad Española de Inmunología, le hubiera gustado que la medida llegase «cuando más del 50% de la población tuviera ya la pauta completa, como en otros países». Javier Llorca, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública, asegura que «desde el principio» ha pensado que «sólo tenía sentido cuando no se puede guardar la distancia de seguridad, y en exteriores con más razón». Los expertos, con mayor o menor entusiasmo, aceptan la relajación de la norma en el uso de la mascarilla, pero salpican el discurso con mensajes de prudencia en torno a la pandemia. Sobre todo, ante un avance de la variante Delta (la india) o el hecho de convivir con tasas de incidencia por encima de los cien casos.
López Hoyos usa un ejemplo. El de un barco que va directo al choque con un iceberg. «Con la vacunación reducimos el tamaño del iceberg y con la mascarilla, la velocidad del barco que va a impactar». Partiendo de esta idea, es consciente de que se trata de «una medida muy esperada» que «todo el mundo está deseando». «Pero puede favorecer una sensación de falsa seguridad y me da miedo que un 30% de la población con la pauta completa sea insuficiente». Dice que hay que «mentalizarse de llevar la mascarilla en el bolsillo o en el bolso». «Y, ante cualquier duda, ponérsela». Y vuelve a los ejemplos. «Una calle de tiendas en la que estás entrando y saliendo, y hay mucha gente fuera. Ahí tendrías que llevarla todo el rato». El inmunólogo advierte. «El virus no se ha ido y cuantas más facilidades se le da, con más facilidad de extiende». Habla de «población joven sin proteger» y de la variante india, aún no mayoritaria en España, pero presente. «Se dice que es un 60% más transmisible. Por lo tanto, precaución y tratar de evitar el mensaje de falsa seguridad. Estamos saliendo, pero tenemos que ir mirando por el retrovisor».
Llorca entiende esa idea de la «falsa seguridad», pero considera «que hay que hacer las cosas que sabemos que funcionan y no hacer esfuerzo en lo que no funciona o funciona muy poco». Y ahí incluye «toda la liturgia que vimos» de la desinfección de superficies y también la mascarilla en exteriores. Cuenta que todas las mañanas pasea por el campo y no se encuentra con nadie. «Y me pregunto qué sentido tiene ir solo por aquí con mascarilla». Si la «transmisión en exteriores es mucho menos frecuente», apuesta por «facilitar todo lo que propicie que la actividad sea en el exterior sin aglomeraciones». «Todo lo que dificulta la actividad exterior aumenta la transmisión. Por eso, si la mascarilla hace que alguien se quede en casa en vez de salir, estará aumentando el riesgo de transmisión». De hecho, entiende que la mascarilla, «en situaciones de no aglomeración y de mantener la distancia, no se debería haber puesto nunca».
Pero sí que hay un factor de falsa seguridad que le preocupa. Pensar que tener tasas de incidencia de más de cien casos «es llegar a niveles bajos». «Es buena noticia si vienes de doscientos. O que no haya pacientes en la UCI. Pero el nivel de transmisión sigue sin ser bajo. Hemos definido los criterios cuando estábamos realmente mal. Y aunque la gravedad con estos niveles sea menor porque los grupos de riesgo están vacunados o semivacunados, o que los cien de ahora no sean lo mismo que hace seis meses, siguen siendo bastantes». Y él también tira de ejemplo de actualidad. La selección en la Eurocopa. «Bajar de doscientos a cien no quiere decir que estemos bien. Estamos mejor, pero no bien. Como haber ganado a Eslovaquia no significa que ahora seamos los mejores».
Aginagalde-Llorente pone un dato sobre la mesa. «En más de 96.000 rastreos, los casos de actividad exterior con transmisión han sido muy puntuales y casi todos precedidos de un elemento externo como un viaje en coche o una comida». Insiste en que la evidencia científica generada (que los contagios ocurren principalmente en interiores) y la situación actual en la región (32% de inmunizados, población más vulnerable protegida y verano) permite revaluar las medidas. «No se puede descartar esa sensación de falsa seguridad. Pero la medida se adoptó fundamentalmente para conseguir un buen uso en interiores y creo que eso se ha conseguido. Es creciente ese buen uso y se ha integrado el mensaje. Que en los interiores hace falta distancia y mascarilla, y que en los exteriores, ahora, tiene que haber distancia si no hay mascarilla. No creo que tenga un impacto negativo en esta fase». Y recalca eso, «en esta fase». «El virus -recuerda el experto- tiene un marcado carácter estacional». Más radiación ultravioleta, humedad y viento. «Es el momento en que esos factores juegan, en los exteriores, en contra del virus».
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Ana del Castillo
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