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Si alguien esperaba una frase de Alberto Núñez Feijóo en la que afirmara o, al menos, insinuara que María José Sáenz de Buruaga será la ... candidata en las elecciones autonómicas del año que viene, tendrá que seguir esperando. El líder de los populares felicitó a la flamante presidenta regional de su partido tras conocerse el resultado de las votaciones, alabó su «valentía» y le pidió que eligiera «a los mejores candidatos posibles», «a los que ganan». Pero ni una pista, ni una afirmación a la que sacar dobleces para deducir que será ella la que dispute la Presidencia de Cantabria a Revilla. El discurso de Núñez Feijóo tuvo un tono casi exclusivamente nacional, más allá de afirmar que venía al Congreso autonómico a comprometerse «a ganar en Cantabria y después ganar en España». Eso, y acordarse de algunos de los pesos pesados del PP en la región en estos años.
Fue en la primera parte de su intervención. Tras recordar que la guía de los populares sigue siendo la Constitución («sigue siendo la garantía de nuestra unión y de la unión de España») y alabar la historia de su partido. Ahí incluyó a «los buenos políticos» del PP en la región. «A mi amigo Gonzalo Piñeiro, al mejor ministro de Fomento que ha tenido este país (por Íñigo de la Serna) y a la actual y flamante alcaldesa de Santander, Gema Igual, que está más guapa que nunca, no sé si porque se acercan las elecciones». Aquí vinieron también las alabanzas para Buruaga «por dar pasos adelante», por «valiente». «Tenemos a una presidenta con experiencia de gobierno en lugares importantes como la sanidad pública», dijo. Y tampoco se olvidó de enviar un abrazo a Ignacio Diego (aunque le llamó «De Diego»), «con el que compartí tiempos de presidente».
A partir de ahí las palabras del líder de la oposición se centraron en eso, en hacer oposición. «Dejar pufos es lo más fácil en política. Pagar lo que se debe es lo más difícil», empezó diciendo. O que, «si alguien está aquí para perder, que se afilie al PSOE, que siempre gobierna aunque pierda». Feijóo quiso poner sobre la mesa las diferencias en el seno del Gobierno central. Sus contradicciones internas. Primero con los Presupuestos, «que ahora tienen que negociar con sus aliados». Bildu, ERC... «Pido a Sánchez que no pacte con ERC para gobernar en Cataluña con un partido al que España le importa un comino», dijo antes de definir las Cuentas como «coherentes». Con la «irresponsabilidad económica», con una hipoteca «de más de doscientos millones diarios de deuda al día durante el mandato de Sánchez» y de mayor preocupación por «la propaganda que la gestión». Señaló que ser «progresista ahora es vivir a costa de tus hijos y de tus nietos» o que –en referencia a RTVE– «si Sánchez hubiese dedicado tantos esfuerzos a la gestión económica como a intentar influir en la opinión pública nos iría mejor» (sin olvidarse de la serie de televisión protagonizada por el presidente).
Y siguió en esa línea. A la cola, señaló, de la recuperación económica en la UE y sin soluciones para «el impuesto más injusto». La inflación. «Todo lo que pasa en España es culpa de Putin o de Feijóo», ironizó. También atacó una reforma fiscal «que no es más que otra subida de impuestos». Unas medidas que «ni los barones socialistas se creen». «No quieren hacerse fotos con Sánchez porque saben que esa foto no les favorece», añadió.
Para remarcar una vez más las diferencias entre los socios de Gobierno –PSOE y Podemos–, se refirió al aumento del gasto militar con un relato de bandazos que arrancó en la reciente cumbre de la OTAN y que ha seguido durante los últimos días. Que la amenaza de unos de echar abajo los Presupuestos (Podemos) terminó con acusaciones de «deslealtad y vergüenza» por subir finalmente el gasto –pese a haber dicho lo contrario (PSOE)–, «pero que no vale la pena romper un Gobierno con eso», ironizó entre aplausos de los populares en el salón del Paraninfo. Todos entregados a su líder político.
«A mí me gustaría hablar con el presidente del Gobierno del presupuesto de los españoles, no de la campaña electoral del Gobierno. Pero Pedro Sánchez ha elegido otro camino», empezó la última parte de su discurso. «Sánchez ha elegido gestionar esta crisis pensando en Sánchez», prosiguió en la idea.
Y, así, hasta el final. «Frente al populismo, el electoralismo y la irresponsabilidad, los intereses de nuestro país». Una larga enumeración de contraposiciones. Lo que atribuye a Sánchez y lo que, a su juicio, representa su partido. «Frente a la crisis sanchista, la respuesta de una mayoría centrada e imparable. España no es un cortijo del Gobierno y nosotros nos debemos a Cantabria y a España».
Y justo ahí metió su última frase. Enlazando lo local con lo nacional, el congreso que terminó con sus palabras y el camino hacia las elecciones: «Venimos a comprometernos a ganar en Cantabria y en España».
Lo demás hasta que la sala se vació fueron aplausos y celebraciones levantando los brazos.
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