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Los helicópteros negros
Leyendas de Cantabria ·
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Leyendas de Cantabria ·
El Nuevo Orden Mundial sobrevuela Somo y El Puntal quién sabe con qué aviesos objetivos. No se deja preguntarOctubre de 1996. Un objeto sobrevuela Las Quebrantas de Somo y la playa de El Puntal. Proyecta un haz de luz escudriñando la oscuridad como si buscara algo o a alguien en la costa. Al principio parece complicado distinguir qué es aquello, pero al final se observa con moderada nitidez la silueta de un helicóptero oscuro, probablemente negro, que vuela a muy baja altura sin señales distintivas; si apenas luces. Confundido con la noche y camuflado en ella; al acecho de quién sabe qué y atento a que nadie le observe.
Diciembre de ese mismo año. Un helicóptero de las mismas características otea las islas de Mouro y Santa Marina. En ambos casos, cuando parece que la aeronave ha advertido la presencia de testigos, detiene la observación y toma otro rumbo hasta desaparecer. Siempre en medio de un inquietante silencio; sin que se aprecie apenas siquiera el ruido del rotor y el batir de las aspas. Sonido hueco; sonido como se transmite en el vacío. Es decir, que no se transmite. Y siempre según una historia divulgada a través del boca-oído sin que se haya identificado a ningún testigo. O al menos sin que figure en ninguna fuente; sin que se pueda precisar si tal vez –o tal vez no– alguien conociera algún testimonio directo y primario.
Hasta aquí la leyenda urbana. La versión autóctona y montañesa, aunque tenga lugar en La Marina de Cantabria, porque, esta sí, esta por encima de casi todas, es común a infinidad de lugares. En realidad, la historia importa un mito urbano anglosajón para trasladarlo a la bahía de Santander, donde los aficionados a la conspiranoia tienen un filón gracias a la infinidad de historias sobre espías nazis, ejecuciones sumarias, avistamientos ovni, fantasmas palaciegos, fenómenos extraños y mitología popular.
La propia Santander es la que mayor número de leyendas urbanas atesora, pero le siguen en la clasificación dos auténticos puntos calientes de la mitología contemporánea: Somo y Pontejos, en especial en su versión hotspot metafísico, mítico, legendario e incluso histórico: la isla de Pedrosa, por cierto no demasiado lejos del lugar que patrullaban las negras aeronaves.
Pero volvamos unos kilómetros más al este; al Somo de Hitler y Trotsky. Allí, precisamente allí; en la zona de Las Quebrantas y El Puntal, ambas perfectamente visibles desde Santander –si es que había algo que ver, que esa es otra– es donde a finales de los noventa se corrió el rumor de que un helicóptero negro sobrevolaba la bahía. Nada nuevo esta vez.Solo una leyenda urbana nacida pocos años antes en Estados Unidos que había cruzado el Atlántico. ¿Y qué eran esos helicópteros negros? Tampoco nada del otro mundo: solo agentes del Nuevo Orden Mundial. ¿Y qué es eso? Una sociedad secreta que opera secretamente preparando su llegada al poder para imponer –¿lo adivinan?–, sí, un nuevo orden mundial. Porque mucho esconderse, pero en lo del nombre no se molestaron demasiado en disimular. Vamos, que por algún motivo vigilaban el Puntal por si rondara por allí alguien que pusiera en peligro la construcción de un nuevo sistema planetario bajo su mando.
Por muy descacharrante que parezca, existen hipótesis aún más descabelladas, si cabe, como la que asegura que son unidades de los Hombres de Negro; esos mismos 'Men in Blanck' que según la leyenda nacida en los cincuenta vigilan la presencia alienígena en la Tierra, si es que no lo son ellos mismos.
El caso es que ni Santander ni Somo vieron nunca a Will Smith canturreando embutido en el traje para las bodas. Sí que sufrieron durante la crisis financiera de 2008, como el resto de españolitos, la tiranía de otros hombres de negro, estos muy reales y empeñados en imponer un nuevo orden mundial, pero aquello no tenía nada de paranormal. Los amantes de los magufos pensaban en otros 'MiB', y no relacionados precisamente con extraterrestres, sino una especie de cruce entre el Club Bilderberg, la Masonería y Los Canteros.
El fenómeno viral es comparable al de la chica de la curva, el robo de órganos, la bienvenida al club del sida o la serpiente mascota que se tumba junto a su dueño para medirle y saber cuándo podrá comérselo. Lo que ocurre es que este en concreto –como el de la chica de la curva, pero eso no nos ocupa ahora– tiene versión cántabra, como en infinidad de territorios. Ni siquiera la versión española es exclusiva de Cantabria. En Galicia son mucho más de ver helicópteros negros, pero la bahía de Santander; Somo, para más señas, también tiene sus propias meigas. Y sus helicópteros, que haberlos, haylos.
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