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«El hombre da sentido a su vida por la cultura»
Enrique Bolado | impulsor del festival de jazz de santander y cantabria ·
Cine y literatura, entre otras disciplinas, marcan la figura y el día a día del gestor cultural cántabroSecciones
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Enrique Bolado | impulsor del festival de jazz de santander y cantabria ·
Cine y literatura, entre otras disciplinas, marcan la figura y el día a día del gestor cultural cántabroSi a Enrique Bolado (Santander, 1960) le otorgaran el don de añadir más horas al día, las utilizaría para leer. En su casa los libros ... han creado su propia república independiente. 14.000 obras campan a sus anchas por el salón, pasillos, cuartos... Tampoco puede vivir sin el cine. Dos películas diarias, siempre que no esté en algún país que se lo impida. La comida cobra un tercer o cuarto plano en su día a día («abro latas, que es lo que menos tiempo me quita»), salvo cuando está con amigos: «Entonces disfruto del buen comer, del champán, vino y oporto». En Cantabria, hay pocos palos que no haya tocado en el mundo de la cultura, aunque la experiencia le ha ido forjando un caparazón para protegerse de la exposición pública. En este momento pone todo su empeño en el éxito del Festival Internacional de Jazz de Santander y Cantabria (del 3 al 6 de agosto).
-Si le dejaran elegir una película clásica para proyectar en el cine de verano en el Centro Botín, ¿cuál elegiría? ¿Y una más actual?
-'Vértigo', de Hitchcock, como 'The Seachers', de John Ford, son películas que pasaron desapercibidas en su momento y ahora son apreciadas en su justa medida por la acción de una minoría cinéfila que creó una teoría del cine que permite apreciarla como forma artística autónoma y no solo por su contenido importante o trascendente. 'Vértigo' es una película que contiene, en su máximo esplendor, las posibilidades expresivas del cine y es una síntesis de muchas y valiosas cosas. Es una romántica, melancólica y trágica historia de amor, a la vez que una meditación sobre la pasión amorosa y una parábola acerca de la creación artística, y su belleza es apabullante. Más reciente, alguna de las últimas del director Godard. Por ejemplo, 'Film Socialisme'. Es cine difícil, arriesgado y no para todos los gustos, pero es una demostración de que el cine está vivo y es aún, en esta época decadente y corrupta, un arte inventivo y creativo.
-¿Cree que las plataformas digitales han democratizado el cine o piensa que fagotizan la industria?
-No hubo nada más democrático, universal y accesible que el cine en su época de esplendor, entre 1920 y 1960. Esa fue la causa del éxito de aquel entretenimiento de barraca de feria, despreciado por pedantes y poderosos.
-Defiende que al cine español le falta identidad, no como el americano. Conocemos su sociedad y al país por su cine.
-El cine americano fue la feliz fusión de su propia tradición narrativa con la aportación de muchos europeos que, por motivos económicos o huyendo de los totalitarismos, aportaron desde Murnau y Lubistch a Hitchcock o Lang, ideas, estilos y formas diferentes. Productores, directores, escritores, guionistas, músicos, fotógrafos, actores, hicieron de Hollywood un lugar comparable, durante un breve tiempo, a Atenas, Roma, Florencia, París, Londres o Viena.
-Este mes de agosto se celebra el tercer Festival Internacional de Jazz. ¿Qué vincula Santander con este género?
-Santander ha tenido una larga y accidentada relación con el jazz. En pocas ciudades españolas, salvo Madrid y Barcelona y las capitales vascas, habrán tocado tantos 'jazzmen' importantes. El antiguo FIS, Caja Cantabria, el Palacio de Festivales o la Fundación Botín han sido escenarios de muchos conciertos excelentes y han creado un pequeño y fiel público. Ahora, la tercera edición del Festival de Jazz debería asentarlo en el importante circuito de festivales del norte y en la oferta veraniega de esa anhelada ciudad cultural. El jazz es, junto con el cine, la gran forma artística del último siglo. La Gran Música Negra es una fuente inagotable de placer y diversión y en esta época de música basura se me antoja más necesaria que nunca.
-Usted siempre ha defendido las bondades del cine club. ¿Tiene futuro en una ciudad como Santander?
-Tiene futuro como tiene un espléndido pasado. Cuando empecé a dar cine de forma amateur hace un millón de años, se me repetía en todas partes que no había público para el cine no comercial. En una época en que el cinematógrafo comenzaba su decadencia, la reivindicación de la tradición y el cine clásico, y la exhibición de autores y cinematográficas contemporáneas, excluidos de los circuitos comerciales, me parecían cruciales. Sigo pensando lo mismo.
-¿Cual era el sentido del curso sobre Seve Ballesteros de la UIMP, codirigido por usted y organizado por la Asociación Plaza Porticada?
-Como todo maestro, que es ante todo ejemplo, es obligatorio y necesario su recuerdo.
-Si pudiera elegir cualquier parte de Cantabria donde proyectar una película, ¿qué lugar elegiría?
-Sin duda el desaparecido cine Kostka, que bajo el benemérito mandato del padre Macua, convertimos en una sala que proyectaba 200 películas al año: cine infantil, comercial, clásico o de autor. Un ejemplo de labor privada-cultural, recreativa y pedagógica. Su enorme pantalla, su tamaño y anchura, la hacía perfecta en la proyección del cine que aún prefiero: los 'scopes' en color de los años 50. El cine es también la infancia recuperada.
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Ana del Castillo
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