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Iván Melero López acumula decenas de escarapelas y menciones de honor. Alumno del IES José María de Pereda (Santander) ha logrado el primer puesto en ... las Olimpiadas autonómicas de Física y de Química de este año, y en las citas nacionales celebradas también ha logrado posiciones sobresalientes: la medalla de oro en Química, y la de plata en Física.
Suena el timbre que anuncia un cambio de clase cuando Iván empieza a explicar que su participación en este tipo de certámenes se remonta a la ESO. Comenzó entonces a probar en 'miniolimpiadas' como las de Química, dirigidas «a incentivar el estudio en alumnos de cursos inferiores». Ahora, a punto de concluir 2º de Bachillerato, Melero suma cuatro años de podios y reconocimientos. «Fue casi una cuestión de suerte», dice en perspectiva, «presentarme el primer año, y ya de carrerilla empezar a interesarme y a profundizar en el ámbito de la química, principalmente».
Las olimpiadas son práctica, estudio y también imaginación. «Son pruebas que requieren un nivel de conocimiento ya no solo académico, sino capacidad de síntesis de la información que se ha obtenido durante todos los años de Secundaria», explica Iván. Con todo ello, el candidato ha de elaborar hipótesis, plantear ideas, «incluso ocurrencias», por lo que la capacidad de imaginar soluciones a un problema, de relacionar conceptos, es muy valiosa.
¿Y qué revelan del mundo estas dos disciplinas, la Física y la Química? A grandes rasgos, a Iván Melero le ayudan a entender lo más cotidiano y, de paso, a 'poner en su sitió' al ser humano. «Me considero una persona con una visión, quizá, excesivamente científica, es decir, todo aquello que estudio en el ámbito de las ciencias naturales lo considero una forma de interpretar lo que sucede en el mundo. Y en base a las leyes físicas es en torno a lo que puedes razonar lo que ocurre, después, en el día a día», reflexiona en primera instancia. Después añade: «A ciertas personas no les parece lógico establecer relaciones entre átomos y estrellas, pero el estudio de los casos extremos, y no solo de lo cotidiano, te da una visión más amplia de lo que significa el mundo. Y podemos darnos cuenta de que igual el mundo en sí es lo que es normal y nosotros -los seres humanos- somos la excepción a esa normalidad. Las ideas físico-químicas te permiten hacer una interpretación más racionalista del mundo, distinta a lo que te permiten disciplinas humanísticas».
Iván Melero tiene ya cerca los exámenes de la EBAU. Las pruebas le abrirán las puertas, con toda probabilidad, a una carrera universitaria con la que dar continuidad a sus experiencias olímpicas. «Me gustaría estudiar una disciplina científica», comenta. ¿Y alguna idea acerca del siguiente paso? Todo está por escribirse, pero «uno de mis principales intereses es desarrollar una carrera de investigador», dice.
Iván Melero, sin embargo, hace aquí un apunte para explicar cómo entiende la ciencia, la investigación o el aprendizaje. Él disfruta del conocimiento sin buscarle necesariamente una aplicación, un resultado inmediato, un uso. «Disfruto del conocimiento en un sentido teórico; disfruto de conocer por conocer».
Hacer ciencia básica, por tanto, es importante. Iván pone un ejemplo: los dispositivos electrónicos no podrían funcionar si antes no se hubiesen descubierto las propiedades semiconductoras de algunos elementos químicos. En su momento, descubrir esa semiconducción quizá no fuese «especialmente relevante» y ni especialmente aplicable. Sin embargo, con el tiempo, este descubrimiento se reveló crucial en el ámbito de la comunicación. «No hay que investigar solo por el interés económico, sino investigar para ver qué puedes hacer con lo que encuentres», piensa Melero.
De hecho, este alumno cree que los investigadores, en ocasiones, se ven forzados a imponer la aplicación en sus proyectos. «Es el principal problema que tiene el sistema español ahora mismo. Cuando se da financiación a un proyecto científico se pide un resultado desde el primer momento», lamenta el joven estudiante. Eso funciona como un lastre. «Aquí se penaliza al que no obtenga un producto. No puedes penalizar a un científico por no tener un resultado favorable o una aplicación concreta sino que tienes que incentivar que ese resultado se dé», añade.
Iván no solo sorprende por su largo historial de méritos olímpicos, sino porque despliega un discurso crítico con la forma de hacer ciencia en España, y también con los métodos pedagógicos y con el sistema de acceso a la universidad. Excesiva memorización, «inflación de notas»..., cosas que no ayudan a los estudiantes a elegir «realmente lo que quieren» o, de hecho, a saber lo que «realmente quieren».
La pandemia, pero sobre todo la falta de financiación ministerial, ensombrecen su participación en citas internacionales. Es una cuestión «de falta de voluntad de las Administraciones educativas».
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