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Entre los objetivos marcados para la Educación Secundaria Obligatoria (ESO), que también se replican en Bachillerato, está el de impulsar «actitudes que contribuyan al desarrollo sostenible de Cantabria», así como el de «conocer y valorar el patrimonio histórico, natural y cultural, y las tradiciones de ... la comunidad, y contribuir a su conservación, difusión y mejora». Así consta en los decretos autonómicos.
Esos objetivos, no obstante, comienzan a fijarse en Infantil y Primaria. En la primera etapa se oficializan saberes pegados a lo local a través de los cuentos, las leyendas, los instrumentos musicales o las danzas cántabras; y también mediante el acercamiento a las recetas típicas de la comunidad, a su flora y su fauna, a las herramientas del campo -un dalle, por ejemplo- o a la red de enclaves de valor ecológico que componen el territorio.
Algo más complejos, en Primaria los alumnos pueden asomarse a otros contenidos que explican la realidad más cercana. ¿Cuáles? Por ejemplo, a la organización municipal; al mundo animal, especialmente, a las especies que están en peligro de extinción; a la huella del románico en la región; a giros del lenguaje propios del territorio, de nuevo a los romances, cuentos y leyendas... Se alentará, además, la participación en juegos y manifestaciones del folclore cántabro, por lo que esta etapa puede ser, para parte de los alumnos, una primera toma de contacto con una partida de bolos, con una jota montañesa o con la valiosa celebración de La Vijanera, el carnaval anual de Silió.
En Secundaria, se suben nuevos peldaños en el conocimiento local. Por un lado, se puede llegar a abordar la presencia de Cantabria y los antiguos cántabros en las fuentes literarias latinas; se plantea el conocimiento de los yacimientos de Julióbriga o Camesa-Rebolledo, aparece de nuevo el Mupac, y emerge aquí el Beato de Liébana.
No obstante, salpican el decreto curricular epígrafes bastante amplios a lo largo de los ciclos y de las etapas: «Cantabria en la literatura y escritores vinculados a Cantabria» (en Lengua y Literatura) o «Científicos y científicas de nuestra comunidad» (Biología y Geología), lo que, a priori, deja en manos de los docentes la elaboración de un canon local de autores o investigadores de calado.
También atraviesan los currículos de la ESO y de Bachillerato otros saberes: «los posibles riesgos naturales» que afronta Cantabria; danzas propias del folclore tradicional (se mencionan el cuevanuco, la danza de palillos o la jota montañesa); ejemplos de artistas locales que trabajan el videoarte; los giros comarcales, la toponimia o la terminología tradicional... También el «patrimonio industrial» de la comunidad y sus figuras relevantes. Y esto tiene reflejo en los libros: La Lechera Montañesa, Solvay, Cros S.A. o Continental Fábrica Española de Caucho se cuelan en las páginas de los delgados cuadernillos, justo en el capítulo que repasa el siglo XX.
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