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Apie, en bicicleta o a caballo. Solo así podían ganarse los peregrinos hasta hace poco el jubileo en el Camino de Santiago. Tenían ... que recorrer, al menos, los últimos cien kilómetros caminando o a lomos de un equino y doscientos en caso de hacerlo sobre ruedas. No había otra manera si querían obtener la 'compostela'. Alguien cayó en la cuenta. Si el Cantábrico baña por completo el trazado del Norte, por qué no ir por el mar. Hecho. Desde 2015 se puede hacer en velero. Se necesita navegar, por lo menos, las 100 millas finales. «¿Y si lo hacemos buceando?». Eso fue lo que se propuso el bilbaíno Adolfo Rodríguez. «Después de hacer con mi pareja la ruta tradicional, comencé a dar vueltas al asunto y, de repente, ¡zas!, me vino el nombre a la cabeza: el Camino de 'Santiagua'», añade. Ese fue el punto de partida. Ahora, dos años después, el pasado 25 de julio, festividad de Santiago, comenzó la primera etapa de su «locura». Desde Hondarribia, en Guipúzcoa, hasta Santiago, en La Coruña. Ya atravesaron Cantabria.
El Camino de 'Santiagua' combina varias especialidades. Adolfo, Nekane, Iker y Deva, con el apoyo de Txarly, caminarán 180 kilómetros y se detendrán para hacer 34 inmersiones en las que cubrirán 234 millas. En su paso por la región bucearon en Castro Urdiales (Mundo Marino), isla de Mouro (Buceo Pedreña), Los Molinucos (Cantabria Abisal), Suances (Club Galatea) y Comillas (Escuela Boryisub).
Su idea es probar sobre el terreno el proyecto y limar los inconvenientes que se vayan topando. Para dejar huella de su paso reparten monolitos de cemento, como el de la foto, por todos los centros de buceo en los que paran. «De momento, solo hemos podido sumergir dos: uno en el puerto de La Galea, en Guecho, y otro en la isla de Mouro, frente a Santander», relata Adolfo.
Su intención era ubicar cinco más en Hondarribia, San Sebastián, Gijón, Ribadeo y, el último, en El Ferrol o La Coruña. No han podido. «Con la Demarcación de Costas del Ministerio para la Transición Ecológica hemos topado. Y eso que cumplimos todo lo que nos pidieron», se lamenta este peregrino subacuático. «Los dos que sí se pueden visitar es porque dependen de las autoridades portuarias y ahí hemos encontrado mejor colaboración», recalca.
El de Mouro se halla en la zona conocida como La Cala, por su característico fondo de arena. Es de cemento, pesa cien kilos y la flecha apunta al oeste. Cuando lo instalaron tenía el color grisáceo del hormigón. Ahora está cubierto de vegetación y es casi verde. «Chicos, vamos a bajar por el cabo del arpeo hasta el hito del Camino de 'Santiagua', a cuatro o cinco metros de profundidad y luego proseguiremos con la ruta», explica Pedro Corrales, propietario de Buceo Pedreña, a un grupo de submarinistas a los que va a guiar por las maravillas de esta reserva marina. Su empresa fue la que ayudó a Adolfo a transportar y hundir el mojón. Se encuentra en una zona protegida del oleaje y el fondo arenoso hace que la base haga ventosa y no se mueva. «La zona de Mouro, para los ajenos al submarinismo, no es tan conocida y es una lástima. Ahora, el hito es un reclamo», explica Juan Manuel Portugués, del Club de Buceo Calypso Cantabria.
Los fondos están llenos de vida. Lubinas, doradas, congrios, pulpos, centollos, langostas... acompañan a los buceadores que deciden conocer las maravillas subacuáticas de este lugar cubierto de canales y cavidades. Bucear aquí es entrar en una dimensión desconocida, en un mundo paralelo donde el ritmo lo impone el ímpetu o la mesura -según se encuentre ese día- con el que se despierte el mar Cantábrico.
El submarinismo es una actividad que no deja indiferente al que lo prueba. Descubrir estos fondos marinos -y, de paso, el hito de 'Santiagua'- está al alcance de casi todos los públicos a partir de 16 años. «Lo mejor es hacer un bautismo de buceo. Es una actividad muy segura porque La Cala se encuentra protegida del oleaje, donde siempre vas acompañado por un instructor que es el que te guía y, antes, te da una pequeña charla explicativa. Además, cuentas con un seguro contratado. No hay que ser un deportista de élite, solo se necesita estar en un aceptable estado físico», relata Portugués, acostumbrado a venir aquí semanalmente con su clientes.
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Ana del Castillo
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