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Este curso, a los universitarios primerizos les toca conocer y reconocerse en la novedad de un aula magna con la cara tapada por la mascarilla. Con ellos, este martes, vuelve por fin la vida a las facultades, aunque sea con media cara tapada, de lejos, en grupos divididos, desde casa por internet. ¿Cómo es comenzar la universidad e incorporar a la habitual incertidumbre la añadida por la emergencia sanitaria? «Estoy sorprendentemente tranquilo», dice Pablo Navarro, uno de los primeros en estrenar este complejo curso lectivo 2020/2021. Lo hará para empezar 1º de Económicas en la Universidad de Cantabria. Con él, el resto de alumnos nuevos, y también los veteranos, el personal docente e investigador, los doctorandos. Todos vuelven. Sin embargo, el habitual proceso de incorporación que se vive cada septiembre en el campus, tiene este año el sesgo de lo insólito.
Después de un confinamiento que puso a prueba la resistencia de los materiales que sostienen la universidad, la institución abre sus puertas con el reto de aplicar las medidas sanitarias y organizativas, sin comprometer el rigor académico, una prioridad no solo de los docentes, sino precisamente de los alumnos: «Si se toman las medidas de seguridad, y así lo hemos estado haciendo todo el verano, no me preocupa juntarme en clase, en el campus o en la calle, siempre con la mascarilla y manteniendo las distancias; no creo que pase nada», explica Navarro. Ahora bien, dice, «lo que más me preocupa de empezar en este contexto es el salto con respecto 2º de Bachillerato, que sea mucho más duro, no poder preguntar a los profesores, que haya esa distancia».
Como el resto de universitarios consultados por este periódico –en distintas fases de sus estudios y en distintas ciudades–, la preocupación se dirige hacia los efectos académicos que puedan tener la convivencia con el covid. «¿Cómo voy a irme de Erasmus en mi último curso de carrera si la universidad a la que iba no me aseguraba clases presenciales?», se pregunta Gabriela Gutiérrez. Por esa razón dio marcha atrás a una estancia en Breda (Holanda), donde iba para afianzar el inglés durante el último curso de Administración y Dirección de Empresas que cursa en la Universidad Europea del Atlántico (Uneatlántico). Sin embargo, ante la perspectiva de no saber cómo podía «repercutir» en su formación, prefirió quedarse en Santander: «Aquí voy a estar más cómoda para estudiar y es más seguro que estar en Breda sin pisar la universidad».
¿Y los estudiantes que han optado por irse a otra ciudad a estudiar, a qué horizonte se enfrentan en caso de que hubiera un rebrote o un nuevo confinamiento? Si el caso del Erasmus de Gabriela Gutiérrez se quedó por el camino al no poder asegurar una asistencia presencial, para Laura Solís la apuesta se tornó en órdago el día que decidió que con el portátil que había comprado antes del confinamiento tenía más que suficiente para hacer frente a los problemas de asistencia presencial. «Sólo me preocupa estar conectada y seguir bien las clases», dice. Lo demás, es decir, la determinación para marcharse, sigue intacta a pesar de la pandemia: «Desde niña había querido irme a estudiar fuera, y aunque el escenario es ahora de mucha incertidumbre, el covid no me ha hecho dudar», reconoce la joven, de 17 años. Y así será: en una semana meterá las maletas en el coche de su madre para mudarse a Salamanca, donde empezará la carrera de Derecho el 1 de octubre. Se alojará en una residencia donde tiene habitación individual y comparte cocina «con una amiga de Santander». En ese sentido, esa cercanía con lo de casa, además de estar a cuatro horas de autobús, modula la visión que su madre tiene por el cambio que se avecina: «Ya de por sí, iniciar esta etapa es un gran salto, pero hacerlo en este contexto es complicado. Confío en mi hija, es muy responsable y centrada, y todo lo que se ha propuesto hasta ahora, lo ha sacado», explica. Pero si se le pregunta por el covid, si ha dudado entre seguir adelante o quedarse en casa, la respuesta ya no es tan categórica: «De momento estamos haciendo las maletas, y hasta el último momento veremos cómo queda esto. Cuando llegue el día, lo meteremos todo en el coche y la dejaremos allí». ¿Y si llega un confinamiento? «Pues a casa», añade Laura. En la residencia no se pueden quedar, ya se lo han avisado, así que con este escenario, su futuro pasa por mirar cómo evoluciona la situación del covid en la comunidad donde va a residir los próximos años.
¿Erasmus a distancia? Mejor en casa. Iba a acabar al carrera de Administración y Dirección de Empresas en Breda (Holanda) y afianzar inglés para continuar sus estudios después en el extranjero, pero las clases presenciales no estaban aseguradas por el covid y anuló la estancia.
Nuevo en la universidad. Este martes, día 22, es la presentación del nuevo curso. Pablo Navarro se estrena en la Facultad de Económicas más preocupado por el salto académico que por el covid. Además, muchos de sus amigos también empiezan en la UC, y eso «siempre ayuda».
Estudiar en otra ciudad. Laura tiene 17 años y en una semana se mudará a una residencia en Salamanca. Siempre quiso estudiar fuera, y con el portátil que se compró antes del confinamiento, tiene todo lo que necesita para seguir las clases: «Si nos confinan, tendré que volver a casa».
De Erasmus y 14 días confinado. Llegó a Lituania el pasado 6 de septiembre y estará confinado hasta hoy: «Sorprendentemente no dudé, muchos nos hemos adaptado a la nueva situación», dice. «Aquí la mascarilla no es obligatoria por las calles y las discotecas y eventos no han sido modificados».
Los hay que han dado el salto, a pesar de la pandemia, ya no fuera de casa, sino fuera del país. «Creo que muchos de nosotros nos hemos adaptado a la nueva situación, y para todos aquellos que nos pica de más la curiosidad, no supuso un gran obstáculo, tan solo un paso más», dice Arthur Hansen Vicioso, estudiante de 4º de Económicas de la Universidad de Cantabria y actualmente en Lituania. «Decidí irme de Erasmus por buscar un contraste de mentalidad y conocer un poco mejor los países bálticos», explica, «y sorprendentemente el covid no me hizo dudar». Responde a las preguntas «aislado en la habitación» donde va a vivir los próximos seis meses, ya que, como todos los estudiantes recién llegados, estará aislado durante 14 días. «Nos proporcionaron el transporte desde el aeropuerto, una habitación donde pasar el aislamiento y una comida al día, y la opción de pedir online en supermercados o restaurantes», dice. ¿Y afuera, cuando salga del aislamiento, le preocupa la pandemia? «Tengo contacto con el resto de españoles en Lituania, y todos los grupos de WhatsApp de clase me cuentan que la sensación es distinta, la mascarilla no es obligatoria por las calles y las discotecas o eventos no han sido modificados, por lo que parece que aislar a los viajeros durante dos semanas es una medida que arroja datos positivos de cara a un menor número de contagios».
12.044 matriculaciones tuvo el año pasado la Universidad de Cantabria: para este curso no está cerrada, y a la espera de resultados de la EBAU, «será similar, sobre los 12.000 matriculados», dicen fuentes de la UC
¿Qué ofrece? Este curso, imparte 30 grados y cinco dobles grados. Además, ha ampliado la oferta en un grado (Ciencias Biomédicas) y dos dobles grados nuevos: Educación Infantil y Primaria, y Administración y Dirección de Empresas y Relaciones Laborales).
Modelo híbrido Las titulaciones que permitan la distancia de 1,5 m. serán todas presenciales; el resto será un modelo híbrido con clases en 'streaming' para seguirlas por internet. Habrá rotación de los grupos para que todos los alumnos pasen por ambos escenarios
2.150 alumnos tiene Uneatlántico inscritos para este curso 2020-2021, aunque aún no está cerrado el periodo de matriculación para los 15 grados y tres máster que ofrecen.
Espacios comunes Señalética de circulación, separación de las zonas de acceso y salida, dispensadores de gel, papel en vez de secador de manos en los baños, mascarilla obligatoria.
Clases Solo se usarán las aulas más grandes y al 50% de su capacidad, con subgrupos que funcionarán por turnos semanales, y habrá limpieza y desinfección entre clase y clase
Asistencia Es obligatoria, pero se podrá «solicitar una adaptación curricular» que permitiría «excepcionalmente» al alumno seguir la actividad docente de forma no presencial.
Llegó el día 6, así que su aislamiento dura hasta hoy, domingo, día 20, y entonces empezará la normalidad, también en la docencia: «Aquí han optado por una modalidad semipresencial», dice, pero las clases que tengan más de 50 alumnos se harán online».
Al otro lado de la mesa de este curso, los docentes se enfrentan a nuevas modalidades de clase, grupos separados, lecciones que la mitad de sus alumnos seguirán por 'streaming' desde sus casas, pero también se enfrentan al reto de las clases prácticas. Uno de los ámbitos con mayor carga son las ingenierías. En la Escuela de Caminos, Canales y Puertos de la Universidad de Cantabria, por ejemplo, buena parte de los créditos se obtienen en estas clases: «El problema llega cuando no se usa solo un ordenador con software para las prácticas, sino maquinaria para hacer ensayos que requiere hacerlas sí o sí en los laboratorios», explica el director de la Escuela, José Luis Moura, «y ahí es donde se pueden generar problemas de capacidad, sobre todo en asignaturas ligadas a las estructuras, a los materiales, la tecnología, la hidrología». El espacio en la Escuela no es problema: «Es muy grande y está sobredimensionada», al haberse proyectado en unos años en los que «la demanda era mucho mayor». Hoy en día este hecho juega a su favor: «Todas las clases prácticas se van a dar», certifica. «La asistencia está calculada en función de la dimensión y la distancia de las personas, en algunos casos será la mitad, en otros algo menos; y si antes la formación se hacía en cuatro sesiones, ahora se harán las que sean necesarias para que todos pasen por ellas», dice. E insiste: «Ningún estudiante se va a quedar sin formación práctica porque vamos a desdoblar los grupos, metiendo más turnos y horas al respecto».
Los alumnos y profesores del Grado en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte lo tienen más díficil, al ser una carrera en la que la práctica es clave. «Este curso se va a ver la capacidad de adaptación tanto del profesorado como del alumando»
La docencia online no puede sustituir a las clases prácticas, así que se va a asegurar la asistencia a los laboratorios «donde se usa la maquinaria para hacer los ensayos, desdoblando grupos y haciendo turnos», para asegurar el distanciamiento.
Otro ejemplo de la nueva dificultad llega desde la Universidad Europea del Atlántico. ¿Cómo se enfrenta a este contexto el grado en Ciencias de la Actividad Física? La carrera, que tiene «una vertiente eminentemente práctica», va a poner a prueba la capacidad de adaptación de los propios alumnos, como parte del aprendizaje: «Tendrán que adecuar los juegos para evitar el contacto y que haya cercanía, y sobre todo que entiendan como futuros graduados que deben estar preparados ante cualquier circunstancia», explica Pablo Lago, director del grado y profesor de la asignatura 'Juegos e Iniciación deportiva'. «La práctica deportiva está ahora mismo con mucho ojo en toda la sociedad. Lo que vamos a hacer es evitar compartir material, diseñar juegos en los que no haya interacción directa entre jugadores, con nuevas normas y pautas para que no estén en contacto», dice a punto de iniciar el curso con la séptima promoción y 140 alumnos. «Tendrán que experimentar con material alternativo, por ejemplo rollos de papel o cartones de leche como si fueran bolos; con los espacios de la propia escuela o los pabellones deportivos».
Además, Uneatlántico se enfrenta a otra novedosa situación. En su caso, la asistencia a la universidad es obligatoria, pero ¿y si un alumno prefiere no acudir a las aulas, aunque estén preparadas, por miedo al contagio? «Se trata de una situación excepcional, de modo que la Universidad será especialmente sensible ante esta situación», explica su rector, Rubén Calderón: «Quien tenga miedo al contagio deberá solicitar una adaptación curricular que, una vez aprobada, permitirá al alumno solicitante seguir la actividad docente de un modo no presencial, excepcionalmente».
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