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El alto poder contagioso del virus en esta sexta ola, impulsado por la variante Ómicrom, ha hecho difícil vaticinar el momento del inicio del ansiado ... descenso de la curva. Los indicadores siguen disparados -sobre todo si se comparan con los de los cinco embates precedentes-, pero un vistazo pormenorizado invita al optimismo, aunque sea contenido. La bajada continua en el número de casos, la progresiva reducción de la incidencia y la merma diaria en el número de hospitalizaciones permiten aventurar que, si no se ha doblegado por completo, la pandemia ha entrado en Cantabria en su fase de repliegue. Sólo hay un dato que ensombrece esta lectura: Ayer, viernes, murieron otras cinco personas por covid y se han anotado otros dos fallecimientos más en la cuenta final, según los datos publicados esta mañana por el Servicio Cántabro de Salud, y la cifra de víctimas ha rebasado ya la barrera de las 700. Desde el principio de esta crisis han muerto de coronavirus 704 personas en Cantabria. Solo en los últimos cinco días han fallecido 23.
Los fallecidos ayer son dos hombres de 90 y 98 años vacunados y otro de 94 no vacunado; además de una mujer de 70 años y otra de 90, ambas vacunadas.
En cuanto a las otras dos muertes añadidas al registro, una es correspondiente al 27 de enero, de un hombre de 96 años no vacunado. Y el segundo, es un hombre vacunado de 64 años que murió pasada la medianoche en Sierrallana y que el sistema ya lo ha incluido en la estadística.
A diferencia de otras ocasiones, esta última entrega de la pandemia ha vuelto mucho más comedidos a los expertos, que no se han atrevido a fijar el punto de inflexión. Como mucho, decían que se registraría entre finales de este mes y mediados del próximo. Sin concretar. Sin embargo, la ministra de Sanidad fue ayer contundente. Carolina Darias aseguró que «todo apunta a que la curva de la sexta ola ya está doblegada». Hablaba de «bajada», y no de «meseta». Lo hacía en términos generales, a nivel nacional, aunque su afirmación bien podría extrapolarse a Cantabria. Hay tres puntos principales que dejan entrever que también el covid está perdiendo fuerza aquí.
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La incidencia es una de las primeras variables en las que se fijan las autoridades sanitarias. La de la comunidad sigue por las nubes, pero hay indicios que permiten aventurar un tímido pero constante descenso. La tasa a catorce días -una de las más observadas- se encuentra actualmente en 3.955 casos por cada cien mil habitantes. Son 459 menos que el sábado pasado, que fue cuando alcanzó su techo. Desde entonces, no ha dejado de decrecer, aunque sea de manera ligera. Aun así, está disparada; sobre todo, si se compara con la barrera psicológica de los 500 casos de la que siempre han hablado los expertos -esta se superó el pasado 19 de diciembre-.
OPTIMISMO
MUNICIPIOS MÁS POBLADOS
La incidencia a siete días también corrobora la teoría de la ministra Darias. Es un indicador muy importante, pues permite adivinar la evolución del virus en un plazo más corto de tiempo. Hace tan solo una semana, el pasado sábado, se situaba en 2.080 casos por cada cien mil habitantes y el viernes -fecha de los últimos datos publicados por la Consejería de Sanidad- había disminuido hasta los 1.876. Sólo son 204 menos, pero lo importante es que la bajada diaria, aunque suave, mantiene esa tendencia.
También la incidencia ha experimentado una bajada sostenida durante las últimas fechas en los principales municipios de la comunidad. Si se analiza el comportamiento de la tasa a catorce días en los cinco más poblados, se extrae la conclusión de que ha disminuido en la mayoría de ellos.
Santander alcanzó su pico el pasado día 17 con 4.505 casos y ahora se sitúa en 3.778. En Torrelavega pasa algo similar: de los 4.752 del día 20 a los 3.858 del jueves. En Castro Urdiales y en Piélagos se repite el mismo esquema, y sólo en Camargo no parece tan claro que la curva haya comenzado a descender. El máximo de la sexta ola lo marcaron los 4.620 casos de este pasado miércoles. El jueves -último día del que hay datos- la merma era de apenas 20.
Pero no solo la incidencia permite ser optimista. También hay menos enfermos en los hospitales. Otro buen dato. Los 190 que aún continúan ingresados en los cuatro centros de la comunidad son demasiados, sobre todo si se comparan con los 16 con los que arrancó la sexta ola en noviembre. Un mes después ya había 36 -el 1 de diciembre-. El tope se alcanzó el 16 de enero, con 236 (192 en Valdecilla, 27 en Sierrallana, 10 en Laredo y 7 en Reinosa). En los últimos días, la presión de los ingresos por covid ha descendido ligeramente, dejando atrás las semanas más complicadas, en las que hubo que reducir la actividad quirúrgica (sobre todo en el caso de Valdecilla) para liberar camas de hospitalización para covid. En la Unidad de Cuidados Intensivos continúan 19 pacientes, aunque el techo se alzó hasta los 29 el pasado 18 de enero.
Hay otros dos indicadores en el panel del control de la pandemia que apuntan que lo peor de la sexta ola ya ha pasado, y que a partir de ahora comienza el descenso. Son el número de reproducción instantánea y la tasa de positividad. El primero es el término medio de casos secundarios que genera un infectado, que ya es inferior a uno -0,952, concretamente-, bastante alejado del 1,78 del 18 de diciembre, cuando la gráfica alcanzó su máximo. Respecto a la positividad, que recoge la proporción de personas que confirman el diagnóstico covid entre todas las que se someten a una prueba de detección, es ahora del 44,7%. Aquí hay que tener en cuenta que la fuerza contagiosa de Ómicrom es tan elevada que las autoridades sanitarias regionales han reconocido sentirse incapaces de rastrear todos los positivos que se están produciendo, lo que deja fuera del control oficial, de entrada, a todos los contactos estrechos asintomáticos que no presenten factores de riesgo.
Precisamente la elevada contagiosidad de la variante mutada en Sudáfrica es la responsable del notable pico de muertes. Aunque se considera que esta versión del virus es más suave, es tal el volumen de contagiados que al final la proporción de decesos es llamativa. Hasta 87 personas han fallecido por covid en esta sexta ola, desde el 1 de noviembre hasta el viernes, que se añadieron 7 fallecidos.
Las residencias también han sufrido la acometida de Ómicrom, aminorada por el efecto de la vacuna. Actualmente hay 705 residentes y 203 profesionales afectados por el covid. Unas cifras en claro descenso, si se tiene en cuenta el máximo registrado el martes: 750 usuarios y 208 trabajadores. La mortalidad ha sido uno de los caballos de batalla de las autoridades sanitarias desde que estalló la pandemia. En este último envite han fallecido 19 usuarios de residencias, según datos de Salud Pública.
En cambio, la letalidad ha sido la más baja de todas las olas, ya que se sitúa en un 1,19%, rebajando así el 2,5% de la cuarta ola -hasta el momento la más baja-. Eso sí, casi la mitad de los 704 fallecidos contabilizados por Sanidad desde que se inició la pandemia (309, el 44%), eran usuarios de residencias.
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