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Las altas temperaturas de los últimos meses acarrean consecuencias en la fauna y la flora de Cantabria. Se están adelantando todos los ciclos vitales ... de los seres vivos, coinciden los expertos. «Las temperaturas elevadas se están cargando las producciones», advierte el secretario de Asaja, Raúl Guillarón. Por si fuera poco, los trabajadores del sector primario temen la proliferación de las plagas, que «cada vez es mayor».
La primavera anticipada provoca un adelanto vegetativo. «Las altas temperaturas afectan a la floración. Ahora las plantas brotan antes de tiempo y cuando llegan las heladas se pierde la producción», apunta Guillarón. «Una plantación tarda entre dos o tres años en recuperarse». Los cerezos, por ejemplo, necesitan entre 500 y 600 horas al año por debajo de 6 grados para conseguir una floración de calidad. Ahora, «las cerezas se quedan pequeñas y se caen del árbol». En el caso de los manzanos, si reciben mucha incidencia solar se quema la manzana, se pudre y, entonces, también se cae. «Nunca había pasado», asegura David Bolado, propietario de Solo Frutales. El recolector reconoce que también hay especies, como los cítricos, que, en este caso, se ven favorecidas por las temperaturas: «Los naranjos antes no cuajaban y ahora se dan todas las variedades. Pasa lo mismo con las limas y los limoneros».
Eva Sañudo, de la Finca Ecológica La Garita, cuenta que está «abonando, arando y oxigenando las tierras» de sus huertas. «Este tiempo nos viene bien».
Más efectos. Las aves también están sufriendo cambios en su comportamiento. La llegada de las especies invernantes se va reduciendo cada año. «Se quedan más al norte porque los inviernos en Europa se van haciendo más templados», cuenta Felipe González, de SEO BirdLife. «Muchas aves, sobre todo las residentes, empiezan a adelantar sus ciclos vitales. Ahora nos encontramos con muchas especies que ya están cantando, construyendo nidos y eso, obviamente, es un síntoma de que perciben que la primavera va más adelantada».
«Necesitamos lluvias regulares. Lo ideal es que en Cantabria llueva cada quince días»
«Los aguacates, que antes se daban en el sur, están llegando aquí porque necesitan calor y agua»
«Lo de la enfermedad hemorrágica epizoótica ha sido para llorar. Teníamos que salir corriendo»
«Estamos por debajo del 30% de producción por la varroa. Hemos tenido que dejar de comercializar»
Las colonias de abejas, por su parte, ya no invernan y la producción de miel es mayor. La parte mala es que las avispas velutinas tampoco descansan en sus nidos y siguen atacando. «Está toda la costa cántabra llena de avispas asiáticas», dicen los apicultores. «Matan a todas las abejas. Lo que hacíamos era trasladar antes del verano las colmenas a la Montaña Palentina, donde no hay velutinas. Ahora, cada vez hay que hacerlo antes y, si te descuidas, no te queda ninguna», advierte el apicultor Daniel Galván.
Los trabajadores del campo coinciden en que Cantabria necesita lluvias regulares. «Lo ideal es que llueva cada quince días». Hay dos tipos de sequía: la hidrológica y la agronómica. La primera es la que influye en las aguas superficiales y subterráneas. La segunda, y en la que inciden, afecta a la disponibilidad de agua en el suelo para las plantaciones. Por eso, «si no llueve en mucho tiempo, es muy preocupante», apuntan desde Asaja. «Aquí los terrenos no necesitan mucha cantidad de agua porque el tipo de suelo es poco profundo, pero sí lo necesitan de forma regular». Respecto a esto, reconocen que están teniendo suerte. Tanto es así que en Cantabria se produjeron el año pasado «extraordinarios» forrajes. Esto, dicen, ha sido un alivio para los trabajadores. «Ahora los ganaderos no tienen que comprar tanto forraje de otras comunidades. Además, lo hacían a precios desorbitados porque los bienes eran muy escasos. La paja, que es un producto que solo sirve para rumiar, pasó de costar 50 euros la tonelada, a más de 130. Casi se cuadruplicó. Eso era una barbaridad».
Beneficios y preocupaciones, como la de los mosquitos de la especie Culicoides, que cada vez llegan antes. Son los que transmiten la enfermedad hemorrágica epizoótica a las vacas. Los ganaderos han vivido «un auténtico infierno». Manuél Pérez, veterinario de La Montaña, confiesa que ha sido «desesperante». «Era para llorar. Muchas veces hemos tenido que salir corriendo por la gravedad del asunto. No dábamos abasto». Lo mismo pasa con la enfermedad de la lengua azul, transmitida por el mismo mosquito. Ahora, todos los ganaderos tendrán que vacunar a su ganado antes del mes de abril para que la situación no vuelva a ser «desbordante».
Y las altas temperaturas también han propiciado la plaga de insectos en las plantaciones. Aseguran que se ha duplicado su presencia, especialmente la del pulgón y el gusano de la manzana. «No está haciendo el suficiente frío y no se están eliminando organismos patógenos para las huertas. Además, el calor puede provocar mayor proliferación de plagas como el gusano gris de tierra y la tuta absoluta, que son muy nocivas para las huertas», avisan desde la asociación UGAM-COAG.
La varroa también complica la labor de los apicultores. Se trata de un ácaro mortal para las colmenas y preocupa, incluso, más que las avispas velutinas.
El veterinario Manuél Pérez advierte de que todo esto «ha llegado para quedarse».
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Ana del Castillo
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