
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Cuando usted escucha hablar a los especialistas de turismo MICE (acrónimo de las palabras en inglés 'Meetings, Incentives, Convention and Exhibitions') se refieren a todo ... lo relativo a reuniones, congresos, convenciones, incentivos, exhibiciones o eventos de negocios. Así que, de entrada, es un saco amplio en el que caben muchos tipos de viajes. Todos, en cualquier caso, tienen un aspecto en común. El de juntarse. Y eso, precisamente, hizo que este sector fuese –junto al de las agencias de viajes– el más castigado en el ámbito turístico durante la pandemia. Porque juntarse, incluso cuando ya se podía viajar, fue lo último que pudo hacerse sin restricciones. A eso hay que unir que organizar un congreso de los grandes, de los que reúnen a cientos –o miles– de delegados, lleva unos dos años. Todo eso es determinante para explicar la situación actual de este importante pedazo de la tarta turística, que es determinante para capitales como Santander. Los números de 2021 estuvieron muy lejos de los de 2019. Y también, aunque son sustancialmente mejores, lo estarán los de 2022. Sin embargo, los profesionales hablan de «más movimiento», de reactivación en estos últimos meses, de mucho trabajo organizativo y –lo que les hace concebir más esperanzas– de «numerosas peticiones para 2023 y 2024». «Creemos que serán ya años normales».
Las cifras de Santander Convention Bureau son el baremo más útil para conocer la evolución del sector. No recogen todos los eventos que se realizan –hay que tener en cuenta que algunos se hacen directamente en establecimientos y no todos esos números acaban en la estadística de esta oficina–, pero es, sin duda, el documento más genérico, el más fiable, de la actividad en la capital (el departamento de Carmen Sampedro es muy estricto con los criterios de medición, que se han ajustado en los últimos años). De ahí salen resultados muy claros. En 2019, 380 eventos en Santander. En 2021, 93. Y en 2022, hasta finales de agosto, 61, una cifra que, en base a lo que está cerrado por el momento, llegará a los cien cuando acabe el año. Las conclusiones se palpan aún con más claridad si se atiende al impacto económico estimado –es un dato orientativo– de estas reuniones. En el último año sin covid, estos encuentros dejaron en la ciudad más de 33 millones de euros. En 2021 no llegaron a seis. Y en 2022 lo previsto es que la cifra pueda rondar los diez (serían ocho con los actos que ya se contabilizan hasta final de año, a los que hay que sumar los que se puedan cerrar en estos meses y los que transmitan al cierre del ejercicio en los hoteles). Es decir, 2022 mejora notablemente el balance del año anterior. No tanto en número de actos (aunque subirán), pero sí en asistentes, pernoctaciones –casi el doble– e ingresos. Pero se queda muy lejos de lo que pasaba antes de la pandemia (la evolución puede verse en la tabla que acompaña este texto).
Número y claves
100eventos aproximadamente albergaría Santander en este 2022, según el ritmo actual.
TENDENCIA: Hay más «movimiento» de aquí a final de año, pero aún de reuniones «pequeñas»
800estudiantes de Medicina han participado hace unos días en una cita en la capital.
PREPARATIVOS: Organizar los grandes eventos requiere de una antelación previa de unos dos años
148,99euros al día se dejó en alojamiento el turista de negocios en 2021, según el Icane.
EL RETRASO: El sector fue de los más castigados por la pandemia. Se podía viajar, pero no reunirse
A partir de los números, las valoraciones. «Estamos todavía en un periodo de recuperación, que es muy lento por la propia tipología del turismo MICE», apunta Miriam Díaz, concejala de Turismo de Santander. ¿A qué se refiere con la tipología? Pues precisamente al tiempo necesario para organizar estos eventos y al hecho de que el sector fuese de los más afectados por la pandemia –y prácticamente el último en librarse de las restricciones–. La responsable de este ámbito en el Ayuntamiento añade, además, otro factor. La necesidad de «capacidad económica dentro de las empresas» para organizar estos actos. A partir de ahí, previsiones. «Somos optimistas porque el sector nos traslada que hay ganas. Vemos que el turismo vacacional o familiar está ya recuperado más que al 100% y en este todavía no llegamos al 50%, pero esperamos una recuperación definitiva el año que viene, algo que depende del contexto económico». Teniendo en cuenta que estas acciones entran dentro de los aspectos de márketing de las compañías –y que de eso es de lo primero que se recorta en los malos tiempos–, Díaz tiene claro que «si hay alegría» habrá más movimiento y, «si hay incertidumbres», menos.
¿Qué dicen en las empresas? En Santander, dos de los hoteles –por tamaño– que más pueden hablar de reuniones o congresos son el Bahía y el Santemar. «Hay más peticiones de reuniones que de congresos, actos de algo más de quince personas, y se nota de aquí a final de año más movimiento con respecto a antes del verano», resume Sergio Peón, director del Bahía, que recuerda que en 2021 la producción que han generado en este ámbito fue, aproximadamente, un 53% menor que en 2018 o 2019. O sea, que se ve que aumenta el movimiento, pero que es aún con menos volumen de participantes y que está lejos de los niveles prepandemia. ¿Y las perspectivas? «Sí que hay peticiones para cosas de ochenta, cien o algo por encima de cara al año que viene. Hoy mismo –explicaba el pasado martes– hemos cerrado un evento de cien personas para marzo de 2023. No sé si el año que viene será como 2019, pero hay peticiones de cosas más 'serias' y sí esperamos un año de cierta normalidad».
Son sensaciones muy parecidas a las que tienen en el Santemar. «Sí que creemos que se pondrán las cosas al nivel de 2019 e incluso mejor», estiman respecto al año próximo. Pero detallan algunos cambios. Que todo lo que se reserva «es tardío», con menos antelación, a última hora. Y que «se pide mucha información, pero tarda más en cerrarse». Allí entienden –por ese margen de tiempo que lleva todo– que «lo más gordo» volverá en 2024.
De preparativos saben, precisamente, en la Asociación de Empresas y Profesionales Organizadores de Eventos y Congresos de Cantabria (OPCE). Sí que entienden que hay «un relanzamiento» y «ganas de volver a la actividad por parte de los clientes». Tanto que, en cuanto a su trabajo –preparar eventos, más allá de su volumen de participantes–, se ha pasado de la facturación y la actividad «cero» a «abrir la puerta de toriles». «Una intensa actividad en el corto plazo». De golpe.
Lo explica el presidente de este colectivo, Rafael Gutiérrez. Habla de los pilares del desarrollo de la actividad MICE. Por un lado, lo vinculado al «progreso del conocimiento». Ciencia, investigación... «Que se proyecta a través de reuniones y congresos. Es un ámbito que ha sufrido mucho y necesitan verse, comunicar sus avances, compartir su trabajo». Está, en segundo lugar, la «parte comercial». Reunirse en ferias, conversar, establecer alianzas, contactos... «Es inherente al desarrollo comercial». Y, por último, lo vinculado a «las personas». «Las organizaciones, las empresas medianas o grandes, buscan cada vez más un cuidado a las personas, a los empleados. A través de convenciones, experiencias o incentivos, que se identifiquen más con la compañía y sus propósitos». Gutiérrez entiende que estos tres ámbitos son una necesidad y, de ahí, que el sector resurja.
«Parece que pueden más las ganas de normalidad en esos tres campos que los temores por la guerra o la inflación. Se constata que la gente quiere moverse». En ese sentido –y pese a ser una asociación que aglutina a empresas de distinto tipo (a unas les va mejor y a otras peor, claro está)– comparte una visión global de «mucho trabajo» para los organizadores, con una recuperación más sólida de «pequeños eventos y demanda local» y una mejoría que debe progresar en cuanto a «captación de grandes eventos que traigan gente de fuera».
XIV Congreso de Educación Médica. Celebrado recientemente, con cerca de 800 estudiantes de Medicina.
Convención SILC. Organizado por la empresa IMEM y previsto entre los días 28 y 30 de este mes con unos 200 asistentes.
I Congreso de Educación Financiera. Organizado por la empresa Barymont y en las mismas fechas que la cita anterior. Se estima que serán 700 participantes.
Congreso de Policía Nacional. Con sesiones en el Palacio de Magdalena entre el 3 y el 4 de octubre y unos 200 asistentes previstos.
I European Youth Event (EYE Santander). Una de las novedades. Impulsado por la Federación Erasmus StudentsNetwork España, traerá a Santander unos 700 estudiantes Erasmus entre el 14 y el 16 de octubre.
I Congreso de la Red Nacional de Biobancos y Biomodelos Otra de las novedades de este año. Reunirá a unos 200 participantes entre el 27 y el 28 de octubre.
30 Simposio Internacional Tratamiento Tumores Digestivos (TTD). Quinientos participantes previstos que acudirán a Santander el 17 y el 18 de diciembre. El último en fechas cerrado por ahora.
Con los datos de Santander Convention Bureau, hasta agosto se han celebrado en la ciudad 61 eventos –abril (14), mayo (19) y junio (15) fueron los mejores meses–. De aquí a fin de año hay otros 39 ya cerrados, con septiembre (17) y octubre (16) a la cabeza en números. Esa evolución mensual –las citas más importantes que quedan están en la ficha sobre este párrafo– también confirmarían ese «aumento del movimiento».
¿Y por qué es tan decisivo este turismo? Pues porque deja mucho dinero. Bastante más, en el gasto por persona, que el vacacional, que el de ocio. Sin ir más lejos, el Icane (Instituto Cántabro de Estadística) publicaba esta semana el perfil del turista en la región. Los visitantes en 2021 por viajes de negocios y otros motivos profesionales –aunque el campo es más amplio abarcaría el turismo MICE– estuvieron, de media, 4,34 días en sus visitas. Cada jornada (también como media) el gasto de estos profesionales fue de 148,99 euros en alojamiento, más de 113 en transportes y 62,02 en bares o restaurantes. Y a eso hay que añadir gastos en actividades (14,22 euros al día) o, entre otros conceptos, en bienes duraderos (compras, 31,34 euros).
Es dinero y son habitaciones llenas en meses de menos tránsito viajero. Esa quimera que persiguen en todas partes de la desestacionalización. Es el «objetivo», tiene claro la concejala Miriam Díaz, que recuerda también los eventos culturales y deportivos que se fomentan en busca del mismo fin. Sabe que el bajonazo de los congresos por la pandemia y sus secuelas es difícil de compensar, aunque destaca que lo que ha dejado de entrar por esa vía «se ha paliado con el aumento de las escapadas cortas» durante todo el año. Así, pone de manifiesto que «entre finales de 2021 y lo que llevamos de 2022 no ha habido semana que la ocupación media haya bajado del 50%».
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