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Ana Cobo
Miércoles, 19 de abril 2017, 11:22
Hay sonrisas que no tienen precio y la de Bea, cuando con esfuerzo y superación, logró montarse por sí misma en la trainera en la que iba a salir a remar es impagable. La joven, usuaria del Centro de Día de Amica, en Santoña, disfrutó de lo lindo de la experiencia de practicar este deporte como una más en la bahía de su pueblo. No lo hizo sola. A la embarcación subieron otras dos compañeras. A Ángela le tocó estar en la popa y, al principio, no se encontraba muy segura. «Esto va a volcar», decía un poco preocupada. Mientras que Elsa, desde la proa, aplaudía aguardando el momento de salir a navegar con la ayuda de dos monitores. Ella tiene experiencia en eso de mover el remo. «También vine el año pasado», cuenta risueña. Y tiene razón.
Es el segundo año que el Club de Remo Santoña fruto de un convenio con la Fundación La Caixa lleva a cabo un programa de deportes destinado a los chicos y chicas de Amica. En la primera edición únicamente practicaron remo, pero este año han ampliado la lista de actividades y también están realizando vela ligera, con la colaboración del Club de Vela local, y HathaYoga Terapéutico con la profesora Paola Quirce. Todo ello con el apoyo de la Concejalía de Deportes que presta la instalaciones del albergue municipal para su desarrollo.
El programa deportivo arrancó en marzo y se prolongará hasta julio. Todos los lunes tienen yoga. Y a lo largo de cada mes realizarán una sesión de remo y otra de vela. Ellos mismos deciden si quieren participar y en qué deporte. No se les obliga. Su opinión y sus gustos se tienen en cuenta. Es una de las máximas de Amica.
A la llamada para hacer la primera sesión de vela ligera acudieron Shamir, Conchi y Roberto. Tres valientes que aprendieron a navegar valiéndose de la fuerza del viento. Antes de salir a la bahía, conocieron de la mano del entrenador del Club de Vela, Juan García, las diferentes partes de la embarcación y alguno de los nudos principales. Con la lección aprendida y los chalecos salvavidas puestos, montaron en una zódiac para pasar después al barco junto con un monitor del club y Roberto Sanz, uno de los profesionales del Centro de Amica. «Nos enseñaron a llevar a el timón, a soltar y tensar las cuerdas para dirigir el velero en función del viento y de las corrientes, a librar obstáculos...». Todo lo hicieron ellos mismos durante dos horas repletas de nuevas sensaciones. «Llegamos casi hasta Colindres», apunta Shamir que quiere ir más veces. Por seguridad, estuvieron acompañados por la zódiac de apoyo, que no les hizo falta en toda la travesía. «Yo no tuve miedo», señala Conchi sin dejar de moverse. Es un torbellino.
Oportunidad única
Estas nuevas experiencias «les suben la autoestima a tope», explican Cristina Zubieta y Marta Noriega, las otras dos profesionales del centro. Reconocen que esta oportunidad de practicar vela y remo es «algo extraordinario» ya que pocas personas hacen habitualmente estos deportes. «Es una experiencia completamente diferente para ellos, se divierten, pasan un día estupendo y pueden presumir de que han montado en velero». En cuanto a si tiene beneficios para los chicos físicamente explican que «tal y como está planteado es solo vivir la experiencia. Quizás si se hiciera de forma más sistemática y rutinaria, les vendría bien para mejorar habilidades pero es algo puntual». Les sirve, eso sí, para quitar el miedo y sentir la libertad que regala el mar. «El remo ya lo hicimos el pasado verano, pero la vela como no conocíamos la actividad fuimos con mucha incertidumbre. El día antes incluso alguno reculaba. Pero, al final, todos han quedado encantados», cuenta Marta.
A la clase de remo acudieron Ángela, Bea y Elsa. La sesión se dividió en tres partes. Lo primero fue acudir al foso de remo para entrenar antes de echarse a la mar. Allí, Fernando Vinatea y Ismael Baratey, monitores y expertos remeros, les dieron indicaciones para aprender a manejar la pala. «Tenéis que agarrar bien el remo y moverlo como si dibujarais un cuadrado», les indicaron. De ahí, pasaron a ensayar la subida y bajada del barco dentro de las instalaciones del club. La tarea más difícil para ellas. Pero aunque les cueste, todo lo que puedan hacer por si mismos, lo tienen que mantener, remarca Marta. Y es que en Amica los tiempos se miden de forma diferente y allí nadie tiene prisa. Una premisa que trasladaron al remo. Con esfuerzo y ganas consiguieron subir a la trainera situada a pie de orilla en la rampa del albergue. Cuando estaban colocadas la sonrisa se les iluminó a Bea y a Elsa. Ángela no las tenía todas consigo pero Ismael, como buen patrón, le calmó y disfrutó de esta experiencia. Durante el paseo no pararon de mover el remo demostrando la importancia de trabajar en equipo. Tanto que a la vuelta dijeron estar «algo cansadas» y, además, «nos hemos mojado un poco las piernas».
Fernando, al terminar la sesión, se mostró sorprendido por la valentía de las tres. «Lo han hecho muy bien. No sé si yo me atrevería como ellas a montarme en algo que no conozco de nada», reconocía este joven que ha sido remero y actualmente estudia Fisioterapia. «Han demostrado que tiene menos limitaciones de las que nos pensamos. Lo más peligroso es subir y bajar del barco, pero tanto para ellas como para el resto». Confiesa que cuando se plantearon el año pasado realizar remo con los chicos de Amica sonaba un poco a locura pero «lo fuimos dando forma y salieron encantados. Por eso este año se ha ampliado con yoga y vela. Se trata de que salgan de su rutina y les vine muy bien a nivel social y físico»
Los lunes por la mañana les toca relajarse con el HathaYoga Terapéutico que les imparte Yolanda Quirce. A base de repetir las secuencias, «cada vez hacen mejor las posturas que son difíciles, van memorizando los pasos y sobre todo consiguen relajarse y se concentran», destaca Cristina. «Van muy motivados y trabajan ambos hemisferios cerebrales consiguiendo una mejor coordinación y equilibrio». La profesora de yoga reconoce que «trabajar con ellos es muy gratificante porque ponen mucho interés, se lo pasan bien, se relajan, y se concentran consiguiendo un beneficio a todos los niveles».
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Ana del Castillo
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