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Byung-Chul Han escuchó la elogiosa presentación que de él hizo el rector de la UIMP sentado entre sus alumnos. Admitió después, ya en el ... estrado, que pensaba que el curso magistral que imparte estos días en la UIMP iba a reunir a un puñado de personas, veinte a lo sumo, y que no se imaginaba para nada un aula tan abarrotada, dijo con cierta timidez. Invitado en varias ocasiones, el profesor Han aceptó venir este año a Santander a pesar de que «no me gusta nada viajar» y de que abandona su ciudad, Berlín, apenas una o dos veces al año. «Pero he escuchado que les ha gustado leer mis libros en España», les dijo a los 140 alumnos que ayer esperaban con interés y alegría evidentes las reflexiones de uno de los pensadores más influyentes y leídos del momento; un súperventas, autor de numerosos ensayos sobre asuntos que nos atraviesan en este momento: hiperconexión y soledad, libertad y autoexplotación.... El último es 'Infocracia' (Taurus, 2022), donde a grandes rasgos analiza la sociedad de la información y el debilitamiento de la democracia con su característica prosa apretada, concisa, muy sujeta a las ideas. «Me decidí [a venir a Santander, su segunda vista al país] en agradecimiento a mis lectores y lectoras españoles», les reiteró a sus alumnos de la UIMP.
Estos pudieron escucharlo durante tres horas -con traducción simultánea del alemán- enlazando reflexiones sobre el neoliberalismo o sobre cómo el proceso de digitalización, lejos de ser neutro, modifica la forma de relacionarnos y de percibir al otro. Y no siempre de manera honesta. Hoy «la digitalización no tiene rostro humano», resumió Han. Por esta razón, «tenemos que tomar en nuestras propias manos» este proceso. Es decir, su configuración no puede depender solo de los políticos, cuya labor le resulta decepcionante al profesor Han. Al proceso han de sumarse los filósofos o los artistas, con capacidad de pensar en una digitalización al servicio de las personas y no al revés. «La digitalización debe estar orientada a la felicidad de las personas» y «si la dejamos en manos de la economía y el capital lo que hacemos es destruir nuestra alma y nuestra cultura», entrando en una espiral de aturdimiento y adicción. Porque, si alguien lo dudaba, «los algoritmos de Facebook o Instagram tienen como único fin hacernos adictos», recordó Han.
Sin embargo, nuestra capacidad de respuesta tienen duros rivales. La comodidad de lo digital está entre ellos. «Hoy no va a haber revoluciones porque todos somos esclavos de la comodidad», dijo Han. «Vivimos presos de la zona de confort», añadió al poco, mencionando de nuevo las redes sociales y todos esos medios «que nos han vuelto tan ansiosos y dependientes».
En cualquier caso, en varias ocasiones matizó Han que no está en contra de la digitalización y de sus herramientas en sí, ya que estas también «establecen conexiones entre la persona y el mundo». De hecho, aunque no usa habitualmente 'smartphone' -ayer mostró al público un cacharrito compacto y pequeño con el que, al menos, mira la hora-, sí se lo lleva al campo o a la montaña y se sirve de una aplicación para reconocer flores y plantas. «Yo no odio la digitalización, pero creo que tiene que hacerse para el bien de las personas y de la cultura». Subrayó varias veces esta idea: «Yo abogo por que se dé un uso humano a los medios, por que estén al servicio de las personas. Por tanto, tenemos que introducir algunas correcciones. [...] crear un mundo en el que podamos ser felices y no adictos, en el que no nos autoexplotemos. [...] Abogo por que podamos ser libres», dijo el profesor Han. Y esa es la razón por la que escribe los libros que escribe, añadió.
Han introdujo la mayoría de sus reflexiones a partir del contenido de una carta del poeta Paul Celan a un amigo. «Solo las manos verdaderas escriben poemas verdaderos. No existe ninguna diferencia esencial entre un apretón de manos y un poema», escribió Celan. A partir de ahí, habló de la noción y del acceso al otro, de su cosificación; de lenguaje o de contacto físico. Precisamente, ese contacto se ha resentido en y tras la pandemia, cuando «se ha erosionado la confianza porque apenas nos tocamos», dijo Han. De hecho, pese a las redes sociales y una conectividad y (por tanto) disponibilidad permanentes, «estamos más solos que nunca». Y con la crisis sanitaria ese estado, en el que ya vivíamos a causa de la digitalización, se ha acentuado y nos ha dejado «más solos y deprimidos».
El apretón de manos ya no se concibe como un regalo o un poema, sino como fuente de contagio. ¿Podremos volver a atrás? «Vamos a tardar mucho tiempo porque ahora el otro sigue siendo un transmisor de virus. [...] Es algo que me entristece mucho, es muy lamentable [...] Seguimos considerando al otro como transmisor de virus y eso es muy destructivo para cualquier relación humana», auguró Han. Y si bien no nos tocamos, sí manipulamos el móvil con fruición. En las consultas de los dentistas alemanes los pacientes apretujan el teléfono cuando sienten el dolor cerca. «El móvil me da la certeza de que vivimos, de que existimos».
Tras su exposición, Han abrió un largo diálogo con sus alumnos, que le preguntaron sobre los conceptos que ha acuñado -la 'sociedad del cansancio', por ejemplo-, sobre otros filósofos y teorías e, incluso, le pidieron consejo para impartir una buena clase de filosofía. Él se mostró cercano, risueño, generoso con las respuestas. Hoy continúa con la segunda de las tres jornadas del curso, y el próximo lunes protagoniza el ciclo 'En contexto' de la UIMP, que celebra su 90º aniversario con la extraordinaria visita del filósofo de moda.
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Ana del Castillo
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