

Secciones
Servicios
Destacamos
Es un libro breve, apenas un recetario de uso urgente, que sale al mercado en la época quizás más hostil paras las democracias representativas desde ... la conclusión de la Segunda Guerra Mundial. Josu de Miguel Bárcena (Bilbao, 1975), ensayista y profesor de Derecho Constitucional en la Universidad de Cantabria, emprende en su más reciente obra, 'Libertad. Una historia de la idea' (Athenaica), una reflexión honda y rigurosa sobre el futuro de este concepto en un tiempo marcado por los grandes problemas medioambientales, la escasez y la ofensiva del nuevo autoritarismo. El autor presenta este martes su título a las 19.00 horas en la Librería Gil de la Plaza Pombo de Santander.
-Presenta un libro pequeño tamaño que podría esconderse fácilmente. Hoy, inmersos como estamos en la gran cancelación, es necesario, quizás, ocultar referencias directas a la libertad.
-Es cierto. La igualdad es el principio regulador de las sociedades democráticas y cualquier mención a la libertad es siempre recibida con suspicacia. Pareciera que la defienden sólo los liberales, los libertarios o, directamente, como hemos visto durante la pandemia, los 'conspiranoicos'. Las últimas encuestas del CIS muestran que un 70% de los ciudadanos -en un marco que se extiende desde los votantes de Podemos hasta los de VOX- quiere que el estado resuelva los problemas individuales y los colectivos. Todos somos muy socialdemócratas. Eso implica el desvanecimiento (o la mutación) del concepto de libertad.
-En el texto se reivindica el constitucionalismo como elemento de equilibrio institucional.
-Cuando pregunto a mis alumnos qué significa para ellos la igualdad, inmediatamente responden: «equiparación entre hombres y mujeres». El concepto de igualdad social se ha perdido por completo. Yo no disparo gratuitamente contra las ideas de la identidad; es razonable que los grupos históricamente postergados tomen conciencia y reivindiquen su lugar en el mundo. Lo que ocurre es que, con el tema de la identidad, parece que se reclama un derecho al 'descontrato' social. Esto se ve, claramente, en las políticas de género, donde se retorna a un constitucionalismo de situación. Nuestra condición, no ya de ciudadanos sino de sujetos determinados por una identidad, es la que nos reservaría una serie de libertades en el contexto democrático. Es lo que Pablo de Lora llama «burocracia del consuelo»: se atiende más a la víctima que al ciudadano.
-La libertad se asentó como una construcción jurídica. Usted afirma que esta idea cuajó en nuestro ordenamiento por su utilidad. ¿Ya no resulta útil?
-Siempre me ha preocupado que la libertad sea defendida por gente que, fundamentalmente, se dedica a la economía. En mi opinión, debe haber otra parcela jurídica y filosófica que invierta en su estudio. Los economistas piensan la libertad como algo natural, preconstitucional y prejurídico. Pero, la libertad, como creación de un espacio protegido frente al poder político y frente a terceros, es realmente una creación puramente jurídica. En cuanto a su utilidad, el problema surge cuando se anuda al tiempo y a la creación de un espacio de progreso, donde, como decía Stuart Mill, tiene una virtud emancipadora frente a las costumbres o a la innovación social.
-Se trataría de evitar la degradación del ámbito compartido...
-Sí, tiene que ser un principio regulador para evitar el estancamiento. No pasa nada por el presentismo. La desaparición del fenómeno histórico en la libertad es importante, porque pierde su utilidad. Esto es algo muy hegeliano: anudar la libertad al principio de necesidad.
-En los últimos tiempos, han ganado peso modelos como el de China, con autoritarismo para resolver 'los grandes problemas'.
-'El principio de responsabilidad', libro de Hans Jonas, publicado en 1978, fue muy importante en mi formación. Para Jonas, existía un contexto kantiano: «puedes porque debes». Es un deber normativo de vivir y, por lo tanto, como no tenemos límites con la naturaleza, hacemos todo lo necesario para ser felices. En el año 78, ante la crisis ecológica y nuclear, el autor judío alemán es el primero en reformular esta idea y decir que el aforismo tiene que construirse al revés: «debes porque puedes». Puedes destruir la humanidad y se impone un modo de vida distinto. Es como aquel libro de Sloterdijk, 'Has de cambiar tu vida'. Otro de los peores efectos del identitarismo es que nos hemos vuelto narcisistas y sólo nos preocupamos de explicar lo que somos, en lugar de preguntarnos qué debemos hacer.
-En un capítulo se refiere a las costumbres de los padres de perdurar entre las gentes del propio pueblo. Ahora, parece que se trata de romper cualquier tradición.
-Sí. Yo hago una llamada desesperada para fundar una nueva ética de los deberes y salir un poco de la teoría tradicional del fundamento de la libertad, según la cual los ciudadanos sólo tenemos derechos. No deberíamos, quizás, rechazar de plano los modelos de la libertad de los antiguos, porque ellos tenían un compromiso no sólo con la familia, sino hacia el estado y la forma política. La participación en el buen funcionamiento de la sociedad y el poder público articulado como deber resultan necesarios para plantear los nuevos esquemas de la libertad.
-Desde hace tiempo, España está inmersa en una grave crisis sobre su modelo político...
-Nuestra resistencia constitucional está muy vinculada al proceso de integración comunitario. Veo complicada la apertura de procesos constituyentes porque Europa requiere estabilidad institucional. No se vería con buenos ojos una transformación de calado. Pero eso no quiere decir que el sistema no se vaya degradando. Por otro lado, la nación ya no es un concepto compartido y, a partir de ahí, puede ocurrir cualquier cosa. Sin nación no puede haber redistribución ni estado constitucional. El principio de igualdad debe sostenerse sobre una cierta ciudadanía común. De lo contrario, no merece la pena seguir juntos.
¿Ya eres suscriptor/a? Inicia sesión
Publicidad
Publicidad
Te puede interesar
Publicidad
Publicidad
Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.
Reporta un error en esta noticia
Comentar es una ventaja exclusiva para suscriptores
¿Ya eres suscriptor?
Inicia sesiónNecesitas ser suscriptor para poder votar.