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Bolitas incombustibles
Cinesa, Yelmo y Ocine ·
Un toma y dacaSecciones
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Cinesa, Yelmo y Ocine ·
Un toma y dacaEn jerga del intelectual fuera del sistema, contestatario y rebelde, podría denominarse a este personaje como outsider e iconoclasta. En un western, claramente sería el ... fuera de la ley. 'Beekeeper', replicante de otros muchos, no bastaba como título para nombrar un filme de sorbo, tragar saliva y salir del cine. Así, los mismos que concibieron esta nadería, que pretendieron crear un filme explosivo que suena a bomba fétida, decidieron sumar como apéndice 'El protector'. Pero son ya tantos los que nos protegen y, sobre todo, nos vigilan que dentro y fuera de la pantalla dan miedo. Si la cinta, eso sí, nada sibilina, directa y primaria, se toma como mera función de acción, castañazo y violencia primitiva (un picapiedra sin humor que dice que cuando las leyes fallan, ahí está él para intervenir...; como que suena a fascismo, pero sin darle importancia) entonces el artefacto es una simpleza de distracción tan fugaz como ligera. Corre, Statham, corre. Y el espectador detrás en un seguimiento mimético como si estuviese atrapado en un bucle de ficciones idénticas donde los argumentos puede solaparse y el actor estrella de la acción y la cachiporra saltara de un lado a otro como una criatura de animación.
País EE UU
Año 2024
Dirección David Ayer
Guion Kurt Wimmer
Reparto Jason Statham, Josh Hutcherson, Jeremy Irons, Emmy Raver-Lampman
Género Thriller
'Beekeeper', que comienza con aires de originalidad –un atraco informático, espejo de una realidad cada vez más visible– abandona pronto cualquier posibilidad de tensión, trama currada y guion de autor (ese Kurt Wimmer, responsable de 'Le llaman Bodhi'), para descender a un cine de excesos un tanto mercenario. La cruzada Jason Statham, dando vida (es un decir) a uno de esos personajes cabroncetes y absurdos que puede con todo, repite hasta la saciedad la ecuación: salvación, acción, venganza y destrucción. En el pack no faltan ruido, una coreografía de situaciones al límite y esa conversión de redención de asesino a sueldo dispuesto a restituir cualquier anomalía del pasado. Desde el arranque no caben ambigüedades ni tiempos muertos.
El apicultor Statham pasa de las abejas en su colmena al enjambre multiglobal de una delincuencia de corporación. El cineasta David Ayer, director de 'Escuadrón suicida', que se las prometía muy felices, acaba de servidor del actor para componer un casi telefilme con la lección aprendida: un toma y daca de macho odiador, con la mano muy larga y ese toque amoral exento de matices. Del bidón de gasolina al tarro de miel. A lo mejor hasta uno puede darse un baño de patetismo en el caos. Y en su epicentro una pregunta: ¿qué hace aquí Jeremy Irons?, El dinero, estúpido, el dinero.
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