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Pintor, cineasta y profesor jubilado de Bellas Artes, el neoyorquino Abbot Meader es el eje de las próximas sesiones de la asociación Cineinfinito. El colectivo propone, en colaboración con el Centro Cultural Doctor Madrazo, «una excursión a la América de los años 60 y 70», a través de una retrospectiva de 15 películas de Abbot Meader. Se trata de filmes cortos, de entre 5 y 25 minutos, que abarcan desde la crónica generacional (cómo se vivió el asesinato de JFK o la guerra de Vietnam) hasta la historia íntima del autor: «Imágenes de patio trasero, de niños y gatos o del paso de las estaciones».
Abbott Meader, en el curso de sus estudios en la Universidad de Colorado, conoció al gran cineasta de vanguardia Stan Brakhage, que lo animó a explorar el cine, además de pintar y dibujar. Siguiendo ese impulso, el nombre de Meader aparece citado en el mítico 'Diario de cine' de Jonas Mekas como uno de los jóvenes cineastas que empezaban a trabajar con las superposiciones de imágenes en 1964, junto a Bruce Baillie y otros autores.
En esa época Meader vivía en Nueva York y formaba parte de los círculos del cine underground de la ciudad. Más tarde se trasladó a vivir a una zona rural en el estado de Maine, de la que procedía su familia. Allí siguió haciendo películas en 16 milímetros hasta el año 2000, aproximadamente, pero su distribución fue muy minoritaria. La reciente digitalización de algunos de sus títulos hace su obra más accesible que nunca. Las sesiones están diseñadas en colaboración con el propio Abbott Meader, y se celebrarán mañana viernes y el próximo 2 de octubre, a partir de las seis de la tarde, con entrada libre.
Su obra se ha mostrado con frecuencia en festivales de cine -en Bruselas, Rapallo, Ann Arbor, Chicago, Boston-, y en múltiples universidades a lo largo de los años. Desde comienzos de los 60 hasta los 90, produjo un amplio corpus de películas de expresión personal, mientras pintaba, enseñaba y contribuía a mantener a su familia junto con su mujer Nancy, que se convirtió en una notable ceramista. Hacia el año 2000 comprendió que el formato de 16 mm estaba en trance de extinción, al ver cómo desaparecían las existencias de película y los laboratorios y cómo los costes aumentaban de forma sustancial, y llegó a un punto muerto. Siempre activo como pintor en paralelo a su obra de cineasta, «la 'cosicidad' tangible de la película, en la que cada fotograma individual aparece como una superficie que había que trabajar de forma manual, alzar cuidadosamente y sostener ante la luz, y luego cortar y empalmar físicamente ha sido esencial». Así que a partir de entonces, y de mala gana, subrayan los responsables de Cineinfinito decidieron «abandonar el mundo del cine de expresión personal, y volver a centrarse en la pintura». Sin embargo ha continuado colaborando con otros cineastas en gran número de proyectos.
Su corpus de películas en 16 mm incluye más de cincuenta títulos y ahora, con la ayuda de Bruce Williams, su amigo y colega cineasta, «las películas de Meader están cobrando nueva vida en una prístina forma digital que las hace accesibles a un público mucho más amplio».
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Ana del Castillo
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