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Se muestra convencido de que «ha llegado el momento en el que el acuerdo entre diferentes administraciones y entes privados pueda permitir diseñar una clara ... apuesta por la cultura, el arte y el conocimiento, como elementos claves en el desarrollo sostenible del Santander del siglo XXI». Catedrático de historia del arte de la Universidad de Cantabria, Luis Sazatornil ha sido uno de los artífices, desde la dirección científica, de las segundas jornadas 'Patrimonio y ciudad' que organizó recientemente la Concejalía de Cultura. Repensar Santander, construir una verdadera masa crítica y diseccionar las fortalezas y debilidades de una ciudad ante ese horizonte configurado por nuevos equipamientos, obliga a la reflexión y el debate. Un escenario donde confluyen nuevos museos y centros de arte, asignaturas pendientes, proyectos culturales y la regeneración urbana en el frente marítimo. El autor de 'Arte y mecenazgo indiano. Del Cantábrico al Caribe' y coautor de 'España en sombras. De Goya a Solana' sostiene que para abordar el futuro inmediato «ya no valen los voluntarismos, No se puede depender de apoyos políticos más o menos entusiastas, es necesario garantizar independencia y estabilidad».
Perfil Catedrático de Historia del Arte en la UC, ha sido investigador invitado en varias instituciones de Madrid y París y, especializado en los estudios urbanos y en la proyección internacional del arte español, es colaborador habitual en publicaciones nacionales e internacionales y en el comisariado de exposiciones. Actualmente forma parte del equipo de investigación del proyecto 'Atlas Museo', que se coordina desde el Museo del Prado.
–¿Museos para quién? ¿La ecuación básica no debe ser qué museos responden de verdad al entorno y a la demanda cultural real?
–Santander es ahora un gran ejemplo de cómo una ciudad puede verse impulsada social, cultural y económicamente por un conjunto de proyectos muy relevantes. Con el propósito de no quedarnos a la expectativa organizamos esas Jornadas que han pretendido abrir el debate y empezar a dar respuesta a esas preguntas. Desde luego, todo museo es una oportunidad y un compromiso. Nacidos de un entorno, fruto de iniciativas públicas o privadas, una vez implantados entran en diálogo con una sociedad que interactúa con ellos. Nuestra responsabilidad es que ese diálogo sea lo más provechoso posible, que nos enriquezca a ambos.
–¿Qué le viene a la cabeza cuando escucha lo de 'Santander, ciudad de la cultura'?
–Un reto magnífico y me gustaría creer que esperanzador. Pero la cultura no se improvisa, se construye sumando recursos materiales y humanos y tiene ritmos lentos. Un entorno cultural sólido se construye laboriosamente, es frágil y no puede estar sujeto a ocurrencias, eventualidades políticas o personalismos.
–Tras sucesivas infografías, maquetas y proyectos frustrados, ¿parece lógico que el escepticismo sea la corriente dominante?
–Desde luego, la sucesión de grandes titulares y frustración de expectativas tan frecuente en la prensa local no ha ayudado mucho. Pero el resultado más que el escepticismo debería ser la prudencia informada, constructiva y profesionalizada, no dejar que las oportunidades pasen. No obstante, lo que está pasando en Santander no es diferente de lo que ha pasado en otras ciudades. Desde los años ochenta y a nivel global, los museos y centros de arte han ganado un creciente protagonismo como motores de revitalización de espacios urbanos, en algunos casos con modelos muy exitosos. Santander ha llegado a todo eso con algo de retraso y después de muchas dudas. Tal vez el escaso protagonismo hasta ahora de las administraciones públicas y cierto ensimismamiento han provocado que llevemos décadas 'a vueltas con los museos', con proyectos erráticos y muchas resistencias. Parece, sin embargo, que ahora hemos entrado en la fase definitiva y tal vez todo este tiempo era necesario para sentar las bases. Quizá ha llegado el momento en el que el acuerdo entre diferentes administraciones y entes privados puede permitir diseñar una clara apuesta por la cultura, el arte y el conocimiento, como elementos claves en el desarrollo sostenible de la ciudad del siglo XXI.
–Usted lo definió mejor que nadie: el Centro de Arte Faro Cabo Mayor es «un original diorama que reúne arte y cultura popular». ¿Y, sin embargo, es quizás el mejor ejemplo de un espacio cultural diferente que muchos desconocen y menos aprecian?
–Cuando la Autoridad Portuaria, dentro de su ya largo y denso programa cultural, nos encargó hacer un estudio de viabilidad para el faro como centro de Arte y Cultura del Mar tuvimos claro desde el principio que era una gran oportunidad, algo diferente. Permitía una doble recuperación patrimonial: rehabilitar para un uso público espacios en desuso de un faro y conservar, catalogar y difundir la colección sobre iconografía de los faros reunida por los artistas Eduardo Sanz e Isabel Villar. El resultado tiene una gran personalidad, sin apenas paralelos, subrayando ese carácter de los faros como iconos de la unión entre cultura y naturaleza. El Centro ha cumplido recientemente 15 años de actividad con más de medio millón de visitantes. Quizá esa es la vía, preguntarnos qué hace que un centro sea diferente, qué puede ofrecer que no ofrezca nadie más.
«Un Centro de Estudios supondría un marco científico y de reflexión al 'clúster' de museos»
«Quizá una cierta agitación social y una buena tormenta de ideas nos den el impulso definitivo»
«La cultura no se improvisa, se construye sumando recursos y tiene ritmos lentos»
–Hace más de seis años le pregunté si la apertura del Centro Botín transformaría la ciudad. ¿Qué opina ahora?
–Creo que ya dije entonces que un solo centro no puede transformar una ciudad. No puede cargar con esa responsabilidad. Sin duda, el Centro Botín –a pesar de los tiempos convulsos que le ha tocado vivir (con pandemia incluida)– se ha consolidado y nos ha regalado exposiciones y actividades importantes. Es ya una referencia (también en términos de imagen) y una importante pieza del mosaico, en el que tiene una personalidad propia.
–Entre la excelencia que se presupone a proyectos como el Espacio Pereda y el Archivo Lafuente y un Museo de Bellas Artes 'quemado', ¿La ciudad está necesitada de una 'clase media' en su oferta expositiva y en su estabilidad cultural?
–Sin duda, el Espacio Pereda y el Archivo Lafuente (con su centro asociado del Reina Sofía) son dos magníficos proyectos que, tras una larga gestación, están ya adelantados y vienen para quedarse. Lo que hemos podido conocer en las Jornadas sobre sus plazos y contenidos es muy relevante y esperanzador. La colección del Santander es excelente, está en crecimiento y viene a aportar unos fondos sobresalientes que tienen además la virtud de su largo recorrido, desde el siglo XVI hasta la actualidad. Por su parte Archivo Lafuente es ya una referencia para el estudio de las vanguardias y va a sumar sus fondos a las aportaciones que pueda traer el Reina Sofía. Ambos aportarán mucho al clúster de museos que se está formando pero, como acertadamente señalaba Elena Vozmediano, los pilares del proyecto deben ser los centros públicos: los centenarios museos de Prehistoria y de Bellas Artes. El primero tiene ya un potente proyecto arquitectónico en la zona de Puertochico, un ambicioso programa y se sostiene en un estable contexto científico, pero aún debe definir su régimen jurídico y presupuesto. El segundo, tras años cerrado, mantiene cierta actividad, pero está pendiente de la rehabilitación de su histórica sede y de impulsar su papel, equipo y presupuesto que, además, marcha en paralelo a la rehabilitación de la tristemente olvidada Biblioteca de Menéndez Pelayo (dentro del anunciado proyecto para la Florida y compartiendo el conjunto arquitectónico de Rucabado). Esta es una de las mayores tareas pendientes, pues hemos visto, con los ejemplos de los museos de Bellas Artes de Bilbao y Oviedo, cómo las instituciones públicas bien gestionadas y con un apoyo estable son pilares fundamentales de esa estabilidad cultural.
–El Prado emprendió una reordenación de sus depósitos para favorecer a los museos de Bellas Artes en España. ¿Un agujero negro para Santander?
–La estrategia de descentralización de los museos nacionales ofrece, tras recientes anuncios como el del Prado, buenas posibilidades para completar los fondos locales. Un marco estable de colaboración facilitaría acuerdos interesantes, con depósitos como los establecidos con los museos de Bellas Artes de Oviedo, Málaga o Alicante. También en eso el momento es ahora.
–¿Cómo debe generarse, plasmarse y expresarse esa masa crítica que tanto reclama?
–Se trata de buscar el difícil equilibrio entre entorno social, creativo, científico y profesional. Han seguido las jornadas 150 personas de todos los perfiles y edades, incluidos muchos profesionales de la cultura. Eso ya indica un seguimiento social que debe consolidarse, pero que también debe ser 'crítico', velando por la excelencia de las instituciones. Se debe crear, además, un marco adecuado para la colaboración científica y el desarrollo de los artistas y profesionales de la red local.
–Sin estudios de Humanidades, sin Facultad de Bellas Artes, sin estudios de Arte, sin un Conservatorio Superior, ¿el reto se antoja aún más difícil?
–He señalado en varias ocasiones que una de las mayores tareas pendientes para alcanzar esa ciudad de la cultura es el déficit en infraestructura educativa o científica, pues carecemos casi totalmente de estudios superiores de arte o música. La Universidad, por ejemplo, ha desestimado varios intentos para implantar estudios de Historia del Arte, que tienen una demanda objetiva. Igual que el Mupac tiene el apoyo científico del Instituto Internacional de Investigaciones Prehistóricas (UC-CSIC), en las jornadas se ha hablado de la creciente necesidad de un Centro de Estudios que, ligado a los nuevos museos, proporcione un marco científico y de reflexión al clúster de museos. Para ello la ciudad cuenta con un colectivo de creadores, gestores, intelectuales y científicos inquieto, notorio y bien valorado a nivel nacional.
– ¿Desarrollaría otro proyecto cultural de forma estable para que la ciudad fuera un referente?; ¿Santander debe especializarse en algún ámbito cultural?
–Quizá en breve necesitaremos un punto de encuentro, un lugar en el que todos esos actores, de dentro y de fuera, intercambien y se enriquezcan. En Santander hay edificios pendientes de remodelación que pueden ser una magnífica oportunidad (tal vez la Casa Rosales de Mataleñas, de propiedad municipal). Podría organizarse una estupenda Residencia de artistas, profesionales y científicos, con estancias de corta y media duración, como laboratorio para el intercambio de ideas, conferencias, talleres... Estoy pensando, salvando las distancias, en modelos como la Residencia de Estudiantes en Madrid o el Colegio de España en París.
–Hacia 2025, si no surgen obstáculos inesperados, Santander contará con ese eje de equipamientos. ¿Cómo concibe ese escenario?
–Si todo sale bien y se cumplen los compromisos, Santander podría situarse como una de las referencias nacionales en el ámbito de los museos y con una oferta expositiva potente y diversificada (pública y privada, centros nuevos junto a colecciones centenarias renovadas, contenidos históricos junto a creación actual, etc.) Todo eso, además de una autoestima reforzada y un marco urbano renovado, acabará conquistando la calle y reforzando el tejido cultural regional. El retorno económico y social de esa inversión no puede quedarse solo en el turismo, sino en impulsar también las oportunidades laborales y profesionales en el ámbito de la cultura, las artes y la formación artística. Después, como ya ha pasado en otros lugares, esta renovada imagen urbana, más creativa y dinámica, puede tener efectos multiplicadores en muchos otros ámbitos.
–Entonces, ¿para eso qué falta?
–Para todo eso hace falta, como se ha repetido insistentemente en las Jornadas, 'remar juntos' y, preferiblemente, en la misma dirección. Un conjunto de centros tan interesante no puede optimizarse sin colaboración institucional, complicidad, presupuestos adecuados, diálogo constructivo, reparto de responsabilidades y una buena trama cultural y social. Ahora es el momento para hacer del arte un medio para la renovación económica, social y cultural de nuestra ciudad. No es el momento de los personalismos, sino del trabajo conjunto, el de pulsar todas las sensibilidades y me atrevo a sugerir que todas estas preguntas se trasladen a otros muchos actores que tienen mucho que aportar es este asunto. Quizá una cierta agitación social y una buena tormenta de ideas nos den el impulso definitivo.
-Los modelos de consorcio o meros comités han resultado fallidos, la colaboración entre administraciones es irrisoria y el esfuerzo casi siempre va encaminado a salir en la foto. ¿Lo más grave es la carencia de gestores culturales profesionales en puestos clave?
–Hay una famosa frase atribuida a Napoleón que dice que «si quieres que algo sea hecho nombra un responsable, si quieres que algo se demore eternamente nombra una comisión». Quizá lo que más ha faltado es apoyo político, continuidad y sobre todo presupuesto. Los museos del siglo XXI han cambiado mucho, se han profesionalizado y, en el ámbito público, como toda la administración, están sujetos a un escrutinio administrativo y social que exige transparencia, apertura y buena gestión. Ya no valen los voluntarismos, son necesarios equipos bien dotados, profesionales, independientes y estables, también soporte científico, apoyo social, presupuestos adecuados, órganos de control y gobierno y planes de actuación a medio y largo plazo. No se puede depender de apoyos políticos más o menos entusiastas, es necesario garantizar esa independencia y estabilidad.
Es fácil decirlo cuando algunos responsables se enfrentan a presupuestos exiguos. Hemos visto en las jornadas con qué presupuestos y equipos trabajan museos como los de Bilbao y Oviedo, bien arraigados socialmente. Aquí, es necesario recordar, por ejemplo, que el Ayuntamiento de Santander dedica a Cultura poco más de tres millones (casi la mitad se van al FIS y la Fundación Santander Creativa), que financian muchas actividades, además del MAS y la BMP. Pero, en su conjunto, es apenas poco más del 1% del presupuesto municipal, cuando, como han demostrado diferentes estudios, el impacto de la cultura representa el 3% del PIB español. Quizá se deba empezar por ahí, pues la anunciada 'ciudad de la cultura' se construye con medios y equipos adecuados.
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Ana del Castillo
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