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Lo importante es vacunar, vacunar, vacunar y seguir vacunando», insistirá a lo largo de esta entrevista Raquel Yotti, cardióloga, directora del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII) y parte del comité de expertos que ha asesorado al Gobierno en la crisis sanitaria. Vacunar más allá de la inmunidad de grupo; vacunar a nivel planetario, vacunar a la mayor velocidad posible.
Que el proceso de inmunización haya comenzado apenas un año después de que estallara la pandemia es un «éxito» científico y también una puerta al futuro: «Que tanta energía e inteligencia se haya canalizado para un mismo fin demuestra que es posible para otros objetivos. Ojalá seamos capaces de mantener el impulso que ha tenido la ciencia y lo podamos enfocar a problemas que llevan décadas sin resolver», señaló Yotti en la UIMP, dondela pasada semana dirigió un curso sobre 'Medicina de precisión'.
También celebra el trabajo del ISCIIIen los meses de pandemia, desde el estudio 'CombivacS', sobre vacunación combinada con Pfizer y AstraZeneca, publicado en 'The Lancet' recientemente y del que «estamos muy orgullosos», a los informes y las tareas de vigilancia y divulgación. Ahora, la meta es 'rearmarse' y prepararse para lo impredecible.
–La medicina de precisión es el presente. ¿Qué le falta para acabar de despuntar?
–Con la medicina de precisión hablamos de la generación y el uso de datos moleculares de cada persona, datos genómicos y datos vinculados a otras ciencias ómicas. Pero, y esto es lo más importante, de la integración de esta información con los datos clínicos, de exposición ambiental, epidemiológicos... En esa integración es donde se obtiene información útil para la medicina.
Si bien desde el punto de vista científico en España estamos muy avanzados, nos falta camino por recorrer –también a nivel internacional– en incorporar toda esa ciencia y tecnología en la práctica clínica diaria, en el tratamiento, diagnóstico y prevención de cada paciente. Es ahí donde hay que trabajar más. Se necesita financiación pero también coordinación, formación, espacios multidisciplinares.
–El ISCIII trabaja en el proyecto 'El genoma de Europa'. Y conformará una cohorte de 200.000 personas sanas para recopilar sus datos. ¿Esto va a revolucionar la medicina?
–No diría que es revolucionario, pero sí imprescindible para nuestro país. Cohortes de gran tamaño ya existen en países de nuestro entorno. Se trata de tener datos de población general que estén vinculados a muestras biológicas y así construir modelos predictivos, anticiparnos en la prevención de la enfermedades, analizar determinantes sociales de la salud, diseñar políticas de salud pública.
En España no tenemos esa información, ese gran estudio longitudinal que llamamos cohorte. El objetivo es montarlo y ya trabajamos en ello. Y esto viene en relación a ese gran proyecto europeo con el que se pretende tener el genoma de más de un millón de ciudadanos. España aportará los datos genómicos que se obtengan en esa cohorte, de las personas que participen de forma voluntaria en el proyecto. Eso sí que es revolucionario: que no sea país a país, sino que seamos capaces de compartir esa información de enorme riqueza, cumpliendo con la legislación y la protección de datos, con la comunidad científica.
–¿Qué reflexión se pueden sacar de la pandemia?
–Muchas. Uno de los puntos nucleares es ser conscientes que somos vulnerables, que nuestra sociedad es vulnerable; que incluso el que considerábamos uno de los mejores sistemas nacionales de salud, que lo es, es frágil. Por eso tenemos que estar preparados ante lo impredecible, ante lo inesperado. También hemos aprendido que la ciencia es fundamental y que sin salud todo lo demás falla. Lo sabíamos, pero no lo hemos vivido de forma tan tangible y dolorosa como ahora.
–En su última comparencia en el Congreso apuntó al ISCIIIcomo un lugar compartido y alejado de la confrontación. ¿Se han sentido en medio del conflicto estos meses?
–Creo, y esto es una percepción muy personal, que en pandemia ha habido dos fases de respuesta social. Inicialmente hubo mucho apoyo por parte de toda la sociedad y el ISCIII tuvo buena acogida en lo que hizo, que fue simplemente asumir su responsabilidad como un instituto volcado en la salud pública y la investigación.
En otra segunda fase, y después de tantas cosas –la fatiga pandémica, una pandemia que no esperábamos que fuera tan larga, y una polarización vinculada otras cuestiones que no tienen que ver ni con lo sanitario ni con lo científico–, muchas instituciones se han visto arrastradas. Y en algún momento –como con el ensayo clínico 'Combivacs' del cual nos sentimos muy orgullosos– se ha buscado la confrontación. Y nada más lejos de nuestra misión, que es proteger a la ciudadanía a través de la ciencia, proteger su salud. Pero creo que es algo pasajero.
–El ISCIII acaba de presentar un estudio sobre residencias. La vacunación reduce un 97% las muertes en este contexto.
–Este estudio es importantísimo. Está publicado en 'Eurosurveillance' y muestra el esfuerzo de los profesionales de vigilancia, que a veces no ha sido tan visible. El estudio mide la efectividad, muestra unos datos esperanzadores que ya intuíamos. Poner cifras, identificar, hacerlo con un estudio impecable desde el punto de vista metodológico, es algo que anima a continuar. La estrategia de vacunación va muy bien, avanza deprisa, y contamos con la ventaja de que el porcentaje de aceptación en la sociedad española es muy alto.
–Avanza la vacunación y se está más cerca de la inmunidad comunitaria (70%). Al mismo tiempo surgen nuevas variantes. ¿Cómo seguir desescalando?
–Lo primero es que el 70% no es suficiente. No nos debemos de conformar. Hay que ir escalando en la vacunación, al 85%, más del 85%, y si es universal, mejor. Lo segundo es que no vamos a eliminar todas las medidas de protección de la noche a la mañana; no debemos. Hay que ser prudentes.
Se está trabajando mucho en las variantes. Tenemos que estar vigilantes y tenemos muy buenas herramientas para ello. Lo importante es vacunar, vacunar y seguir vacunando.
–Una vacunación universal...
–No basta con vacunar a toda la población española. Es verdad que se está generando un problema de inequidad a nivel global. Se han puesto esfuerzo y recursos para que no ocurra, los mecanismos están sobre la mesa y España ha contribuido. Pero hay que ir deprisa. Tenemos que poner la energía en los países con tasas de vacunación más bajas.
–Suele hacer hincapié en sus entrevistas en la necesidad de hacer una «ciencia feminista».
–Nos queda camino y por eso lo cuento en las entrevistas. Me gusta pensar que cuando ves que otra mujer ha hecho un viaje como el mío, puedes pensar en dar ese paso. Nos queda camino, esto es algo estructural y no solo en España. La medicina es una profesión muy feminizada, pero cuando vamos a posiciones de responsabilidad, de jefaturas de servicio, en sociedades científicas, en la universidad... Hay muy pocas mujeres en lo que yo llamo la medicina académica. Y hay múltiples factores por los que esto ocurre.
Cuando hablo de ciencia feminista no me refiero a un planteamiento de mujeres contra hombres, sino a uno de igualdad y diversidad. Yo lo he experimentado así: en entornos diversos donde hay hombres y mujeres, y distancias disciplinas, son más ricos y productivos. Generan mejor ciencia y mejor medicina. Eso es lo que necesitamos y es algo por lo que hay que luchar.
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