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Concebido como uno de esos proyectos singulares en su objetivo, especiales en su proceso y diferente a la hora de abordar la recuperación de una identidad, 'Una isla en un barrio' revela ahora sus nuevos pasos. En su punto de mira: el Cementerio de los Ingleses, un jardín situado en el corazón del barrio santanderino de Cazoña, que «esconde un pedazo de historia, desconocida aún para muchos santanderinos».
Los artistas Germán de la Riva e Itsaso Iribarren son los artífices de este proceso. El germen de 'Una isla en un barrio' es una investigación artística en torno a este lugar que fue premiada en la convocatoria de ayudas 'Cultura Emprende' de la Fundación Santander Creativa el pasado año. Ahora, con el objetivo de compartir diversas creaciones generados durante este proceso de indagación, los responsables del proyecto preparan una exposición que se podrá visitar a partir del próximo 13 de febrero en la Capilla del Palacio de Pronillo. En ella se presentará una relación de materiales e imágenes que conforman un montaje expositivo cuya misión es la de «aportar otra visión de este emblemático espacio de la ciudad».
Todos los documentos generados durante las fases previas de la iniciativa, la información del propio proceso de creación, las metodologías usadas y los testimonios rescatados serán compartidos con el público a través de esta muestra, que permanecerá abierta hasta el 5 de marzo.
El camposanto, conocido como el Cementerio Protestante Inglés o Cementerio de los Ingleses, está situado en la calle Cardenal Herrera Oria de Santander. Fue inaugurado en 1864 para dar sepultura a aquellos que no profesaban la religión católica, y desde 1990 no se entierra a nadie en él. En el cementerio hay 128 personas enterradas de diez nacionalidades diferentes. Rodeado de los bloques de viviendas y edificios del barrio de Cazoña, el terreno, al que se accede a través de una gran puerta de hierro, está poblado por árboles frondosos, diversos tipos de plantas y sepulturas, conformando un jardín, «un espacio de tranquilidad en el corazón de este barrio santanderino».
Su historia entronca con la de trabajadores manuales, ingenieros y otros especialistas de nacionalidad inglesa que tuvieron una gran vinculación con fábricas santanderinas a finales del XVIII y principios del XIX. Todas estas personas llegaban a través del mar. Algunos permanecían en el puerto al que llegaban, como el de Santander, y otros, como es el caso de marineros y capitanes de barco, retornaban a su país de origen para volver a realizar este trayecto en diversas ocasiones.
A lo largo del proceso de investigación que se ha prolongado durante varios meses, los responsables han trabajado con «documentos históricos relacionados con la memoria, el urbanismo y el propio espacio en el que se enclava el Cementerio Británico». Además, durante el mes de agosto de 2019 se realizaron una serie de paseos especiales por el cementerio y sus alrededores, diseñados con un formato híbrido que integraba «la tradicional visita guiada con el arte de la performance y que permitió a los participantes acercarse al proyecto de forma experiencial». Los organizadores cifran en 700 las personas que asistieron a estas visitas.
Las creaciones de De la Riva e Iribarren han podido verse en lugares como la Fundación Mapfre en Madrid, Festival BAD, Naves del Español de Matadero Madrid, Teatro Circo Price, Tabakalera Donostia, o el Centro Cultural San Martín de Buenos Aires. Sus piezas han sido reconocidas con premios como el del Primer Premio del Certamen de Textos Teatrales del Teatro Circo Price de Madrid, en 2014. La historia de la danza, las formas contemporáneas de vida y la relación entre el cuerpo y los procesos industriales son algunos de los temas que han abordado a lo largo de su carrera.
'Una isla en un barrio', no obstante, ha contado con la colaboración de la comisaria y gestora cultural Carmen Quijano, los músicos Robert Navarro y Nuria Velázquez, el músico Pitu García, el fotógrafo Javier de la Riva y las investigadoras Ana Fernández y Aranzazu Alonso Viana. También han contado con la colaboración de la Iglesia Evangélica Española de Santander, situada en la calle Gómez Oreña, con vigencia en la ciudad desde el año 1869, «encargada del cuidado y conservación de este espacio».
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