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El escritor J.Á. González Sainz presenta hoy en Santander su último libro 'Por así decirlo' (Ed. Anagrama, 2024), cuatro relatos que el autor define ... como 'divertimentos' y que, desde una mordaz ironía, reflexionan sobre la complejidad del mundo contemporáneo, donde toda certeza se tambalea. Nacido en Soria en 1956, González Sainz ejerció durante tres décadas las docencia universitaria en Italia, además de fraguar una intensa carrera literaria, con premios como el Herralde de novela en 1995 o el Castilla y León de las Letras en 2006. La cita con sus lectores tendrá lugar a las 17.30 horas en la librería Gil de la plaza de Pombo, donde estará acompañado por el poeta Fernando Abascal.
–Para referirse a lo más serio, ¿hay que recurrir al humor?
–Eso me dije: a ver si con este humor serísimo, y unas fantasías un poco subidas de tono somos capaces de proyectar una serie de metáforas sobre esta sociedad en la que vivimos.
–¿Un humor serísimo?
-Se trata de que al lector se le pueda atragantar la risa, así que hay cuatro fogonazos, pero dentro de una escritura muy elaborada. Porque no se trata de que el humor te desvíe de la cuestión, sino de que te sacuda, para entrar en el libro, porque es al lector al que le toca interpretarlo.
–¿Tan disparatados son estos relatos?
–En realidad, no se puede desvelar mucho, porque si no se destripa enseguida la historia. Lo importante es que proyectan muchas preguntas y muchas posibilidades de interpretación.
–Todo un cambio de registro…
–Ya lo había trabajado antes en 'Un mundo exasperado'; en realidad, es como si supieras tocar varios instrumentos y después de tocar el piano, por ejemplo, quisieras cambiar al tambor.
–Pues, con o sin redobles, no podía haber tema más serio que el poder.
–Efectivamente. Trato de abordarlo desde la figura del director de orquesta; y tomo de Canetti la idea de que son los que aplauden quienes al fin y al cabo mantienen el poder, el poder con mayúsculas.
–Lo curioso es que de ese poder percibimos las formas, pero se nos escapa la esencia.
–Es que el poder es el poder del espectáculo. Y del arte de birlibirloque, de transformar una cosa justamente en la contraria.
–Aunque los llame 'divertimentos', en realidad surgieron de un enfado…
–En realidad yo estaba escribiendo algo completamente diferente, pero decidí interrumpirlo porque me pareció que era el momento de hablar del desbarajuste de grandes proporciones que estamos viviendo en estos tiempos.
-¿Qué le molesta tanto?
–Ciertos derroteros del mundo actual que no me gustan nada. Como la derrota del pensamiento humanista e ilustrado, o los relatos fraudulentos, cuyo bombardeo prima sobre cualquier otra actividad.
–¿Está hablando de política?
–Hablo de que necesitamos un respiro democrático.
–En ese contexto, ¿cómo interpretó el tiempo de reflexión que se tomó el presidente Sánchez?
–Desde el primer momento sabía lo que iba a pasar. Hay que tener en cuenta que, en el plano estricto del relato, lo importante es mantener la atención.
–¿Qué ha pasado entonces con su generación, la que quería cambiar el mundo?
–Pues parece que no queremos asumir que el siglo XX fue una continua catástrofe, y mucho menos buscar las causas.
–En su nota biográfica destaca el reciente regreso a su tierra, Soria.
–Me temo que, a mi edad, me interesa más el volver que el ir. El volver con experiencia, claro; hablo del 'nostos' griego, el regreso a casa.
–Todo un clásico, aunque su libro evoca a muchos.
–Claro, a Pirandello, sobre todo. Y a Cervantes, que siempre se anticipa a todos; de hecho, Kafka ya está en 'El licenciado Vidriera'. El libro tiene algo de homenaje a esa forma de acercarse a la realidad.
–A la realidad, y a la identidad. Sin embargo, la de J.Á. González Sainz no está tan clara…
–Es que hay una pequeña disociación, tal vez no es total, pero sí muy indicativa: por un lado está el escritor González Sainz y por otro la persona de carne y hueso que ahora anda de representante del autor.
–¿Y qué tal se llevan entre ellos?
–No del todo mal, pero tampoco del todo bien. El representante se queja de que el autor le hace trabajar mucho; y de que abusa de sus experiencias y las transforma.
–Una convivencia difícil, se intuye.
–Siempre hay que estar negociando… Es el 'complementario', que decía Machado: alguien que siempre está ahí, a la greña con uno. A veces puede resultar pesado, pero otras muy estimulante.
–¿Y ya se han puesto de acuerdo para el siguiente libro?
–Guardo muchos proyectos de esos que querías hacer al final de tu vida, y ya se han acumulado demasiados. Pero requieren mucha dedicación, así que ya veremos por dónde continúo ahora.
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