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«La escritura de la historia» vertebra una obra que fue tesis doctoral, creció como investigación, mutó en un intenso análisis, radiografía y disección durante ... casi dos décadas, y ahora se ha plasmado en un ingente estudio. Al soporte y origen académico se le ha sumado la escritura del pensador, la obsesión del historiador y la claridad del periodista. Estos caminos, intereses, búsquedas y reflexiones confluyen en una autoría, la de Juan Luis Fernández y su visualización en un libro que, bajo el epígrafe 'El arsenal de Clío' (genueve ediciones) plantea «el problema de la escritura de la historia en la cultura occidental», en un periodo enmarcado entre 1880 y 1990.
«Contribuir al conocimiento de la evolución contemporánea del pensamiento», acerca de esa escritura de la historia, es su objetivo. Una edificación intelectual que ahora destaca ya no solo por ser «novedosa» sino por convertirse en «referencia».
En lo novedoso, tanto en el ámbito internacional como en el de lengua española. Aunque hay historias internacionales de la historiografía, nadie había emprendido un estudio que abarcase más de un siglo.
Como referencia, pues ya hay universidades que lo están utilizando como consulta para las asignaturas de historiografía. El autor espera, en este sentido, que sea de utilidad para mejorar la autocomprensión de los historiadores, «pero también me parece útil para los filósofos, científicos sociales, estudiosos de los lenguajes, periodistas, escritores y, desde luego, arroja alguna luz sobre toda esta obsesión que tenemos con las políticas de la memoria y que algún día recordaremos como algo parecido a los movimientos de iconoclastia en el Imperio Bizantino».
Juan Luis Fernández, doctor en Historia, licenciado en Filosofía y Ciencias de la Información, es ponente y autor de diversos estudios y coautor del libro 'Cien años de industria española y cántabra', y ejerció como profesor asociado en la UC. La comunicación, no obstante, es la columna vertebral de su vida profesional. El autor de este ingente estudio es, además, uno de los articulistas de cabecera de El Diario, donde reflexiona semanalmente sobre la actualidad.
Bajo la figura de Clío, musa de la historia, (la destronada y la transfigurada, según las etapas estudiadas) y su arsenal de símbolos, Fernández compila y estudia en el libro las reflexiones de unos doscientos autores, agrupados por áreas nacionales antes de 1960 y juntando los países anglosajones tras esa fecha, «porque realmente formaron un mercado académico único en virtud de la lengua, como nosotros con México o Argentina».
Además de ser condensación y mejora de la tesis doctoral presentada en 2012 en la UC, bajo la dirección del historiador Carlos Dardé y del filósofo Carlos Nieto, la publicación, dice su autor, es la mitad de aquel ejercicio académico y el 25% de un manuscrito original de investigación, que pasaba de mil páginas. En palabras del autor, «yo quería ver cómo la historia pasó a convertirse en una ciencia y qué supuso (y supone) eso para el hecho de que es una construcción narrativa». Una narración, sostiene, «es una teoría sobre lo sucedido, una interpretación. Esto debe infundir una cautela de método en el historiador que escribe, pero también en el lector que se pone ante el libro de historia».
Más allá de su libro, la investigación -confiesa-, «me ha servido para reflexionar mucho más sobre el periodismo, las artes, las ciencias del lenguaje, la biología y el evolucionismo, la política contemporánea y los nuevos formatos digitales de comunicación».
Y subraya... «cada vez hay más formatos para contar la historia, audiovisuales, interactivos. Dentro de poco tendremos una aplicación de 3D que nos permitirá estar al lado de Julio César en el Senado en el momento del magnicidio». ¿Entonces? «El historiador tendrá que ser como un guionista primero y un editor después, el de la sala de montaje. El editor del pasado». Y augura una «gran tensión entre las necesidades de dramatización y la frialdad del análisis científico». De tal modo que se reproducirá en los nuevos formatos «el debate que hubo hace un siglo largo sobre la escritura de la historia, sobre si era arte o ciencia: como decía con pena Menéndez Pelayo, «la caja de hierro de la ciencia». Y tenía su punto», precisa el autor.
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