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Guillermo Arriaga
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Guillermo Arriaga
«A la gente le está gustando mucho la novela y realmente estoy muy feliz», dice Guillermo Arriaga (Ciudad de México, 1958). El escritor y cineasta acaba de publicar 'Extrañas' (Alfaguara), un libro de ficción histórica en el que viaja a la Inglaterra del siglo XVIII para enfrentar la luz de la ciencia y los primeros pasos de la medicina, al mundo más oscuro y dogmático de la religión y la aristocracia. Y lo hace, como en algunos de sus filmes ('Amores perros', '21 gramos' o 'Babel'), de manera descarnada. Presentará el libro esta tarde en la librería Gil (19.30 horas).
-Su novela más rápida, que solo tuvo que reescribir seis veces. ¿No le cuesta corregirse a sí mismo?
-Solo seis veces, sí. Una me tardé cinco años y medio. Eran 1.440 páginas que tuve que recortar a 700. Estas fueron alrededor de 740 que recorté a 490.
-¿No le cuesta corregirse a sí mismo, entonces?
-No, nada, cero. Al contrario. Y si alguien me dice «esto no me gusta», va para fuera. Yo, como decía Hemingway; «kill your dearest», mata a tus preferidas.
-Los miedos toman formas grotescas y complejas en este libro, plasmadas de una forma muy cruda
-Creo que la realidad que retrata es una realidad, desafortunadamente, dolorosa, que es el rechazo y la humillación a la que son sujetas algunas personas cuyo físico o progreso mental no es normal. Trato de hablar de este tipo de diferencias y cómo lo horroroso no son ellos, sino el trato que les dispensamos algunos seres humanos. Entre los que no me incluyo, por cierto.
-No normal o no normativo
-Sí, es gente cuyo físico causa cierto resquemor, recelo, temor, rechazo, repulsa… Son decenas de reacciones las que pueden tener algunas personas con quienes son diferentes. Afortunadamente, hay otros, como el protagonista de la novela, que quieren crear lazos empáticos con ellos y descubrir cómo entablar un diálogo más profundo y lograr que se expresen.
-Utiliza el verbo empatizar. Si bien deja claro que no con el trato, ¿empatiza con el miedo a la diferencia?
-No, yo empatizo con la diferencia, no con el miedo.
-¿Entiende que se produzca?
-Por supuesto. No es mi caso. Llevo tiempo trabajando con personas con discapacidad y he encontrado formas cada vez más profundas de relacionarme con ellas.
-Este trabajo surge en un viaje a Texas, pero había alguna semilla previa sembrada para llevar esta experiencia que menciona a una novela?
-Por supuesto. El tema fue un flechazo, pero estuve preparándome toda mi vida, con estudios y con vivencias, con la experiencia que trae el encuentro con los otros, para hacer esta novela.
-¿Y por qué ha elegido contar una historia tan especial con un género que no es el que maneja habitualmente?
-Debo decir que la primera novela que escribí es histórica de ficción. No son novelas históricas en el sentido literal de la palabra. Son reelaboraciones de la historia, no una novela en la que quiera determinar algo desde ese punto de vista. Son novelas de ficción, en una época y un país determinado.
-Pero se ha metido en ese género para contarlo porque pensó que se podía hacer mejor ese mensaje
-No, las 'Extrañas' son seres cuya configuración física aparecen cada 300 años. Es muy difícil que uno de estos seres sobreviva a los primeros años después de nacidos. Que lleguen a la edad adulta es muy complejo. Y yo quería hablar de las 'Extrañas' en diferentes épocas. En Mongolia en el 900, Noruega en 1400, Inglaterra en 1741 y el médico contemporáneo. Escribí las otras historias, llegué hasta las 50 o 60 páginas, pero la historia inglesa terminó por imponerse de forma natural.
-En ese sentido, dice que deja que las historias decidan a dónde ir sin marcarse rutas preestablecidas.
-Esta fue la que surgió hacia el camino que ella quería.
-Escribe en este libro; «La historia nunca es del todo acabada, se halla en perpetuo movimiento, culturas antaño poderosas quedan a merced de contradicciones inherentes a su propia conformación y acaban devorándose a sí mismas». Lo aplica al siglo XVIII, pero ¿es extrapolable a la actualidad?
-Claro. ¿Cuántos imperios que fueron los más importantes en su momento, ahora no tienen fuerza? Los griegos, los romanos, los aztecas, los incas… Carecen ya del poderío que llegaron a tener.
-Eso significa que no aprendemos de los errores ajenos
-Significa que así es la historia. Hay sociedades que encuentran sus puntos de quiebra y se quiebran y entrar en juego otras. Es el vaivén de las sociedades.
-Si, como afirma, no se puede hablar de la vida sin hablar de la muerte, ¿no se puede hablar de la bondad sin hablar de la crueldad?
-Creo que así es. Si algo nos puede ilustrar cómo son las cosas, son las paradojas y las contradicciones.
-Y en esta novela hay unas cuantas
-Espero que así sea, porque sin contradicciones, una novela no tiene la menor repercusión porque no está mostrando claroscuros.
-¿Tiene manía con los puntos?
-Ninguna. Amo los puntos. Toda mi obra anterior es un homenaje al punto y seguido, pero aquí quise hacer sentir que estábamos en el siglo XVIII, donde el punto y seguido casi no se utilizaba. Como quiero que la novela responda a las necesidades de lo que se va contar, procuré no hacerlo.
-Así uno lee sin poder parar.
-¡Ojalá y así sea! Que la gente se arranque y no pare. Hay quien me ha dicho que me odia porque como no tiene capítulos a las tres de la mañana siguen leyendo (rie).
-Esta es una parte de su trabajo que se complementa con lo cinematográfico. ¿En qué punto está esa otra labor?
-No me he retirado del cine. Acabo de recién producir la película 'Mis hijos', que escribo y produzco, asociado con una gran productora argentina que es K&S, produje otra en Brasil y estamos por filmar en Francia.
-¿Es más difícil hacer llegar un mensaje con un fotograma o a través de palabras?
-Siempre va a ser más difícil una novela.
-¿Le gustan los retos?
-Sí, la novela tiene una exigencia muy muy fuerte.
-Y es más exigente consigo mismo como escritor o con una cámara
-La exigencia y el rigor con el mismo para mí. Escribir cine o una novela, para mí es literatura. No los diferencio.
-Escribe como lector, dice, y lee ¿cómo qué?
Como lector (ríe).
-¿Es capaz de evadirse?
-Nunca me evado; no leo literatura de evasión ni leo para evadirme. Jamás. Leo para ser confrontado, para que me rasguen algo por dentro y rompan todas aquellas membranas que impiden que la luz aparezca. No voy al cine para divertirme ni leo para evadirme.
-¿Espera que eso le ocurra a sus lectores, que les confronte?
-Es mi mayor esperanza que eso suceda.
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