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La Colección Norte ha tenido muchas disecciones y puestas de largo. Parciales, sobre todo, monográficas, temáticas, adaptadas a determinados espacios pero casi siempre vertebradas por la nómina de creadores y el número de piezas ad hoc a la sede expositiva elegida. Desde el pasado mes de julio y hasta final de año la muestra 'Palacio de verano', comisariada por Mónica Álvarez Careaga, y organizada por Vicepresidencia y Consejería de Cultura del Gobierno regional, abre un punto de vista original en el diálogo, la interacción y el contraste entre un espacio histórico, ahora rehabilitado, el Palacio de Sobrellano de Comillas, y las piezas de arte contemporáneo.
La organización ha editado un catálogo que refleja las señas de identidad de la muestra temporal generada de manera específica para el edificio de Comillas.
Integrada por quince obras de la Colección Norte del Gobierno de Cantabria, en lo meramente expositivo la iniciativa permite abrir al público la primera planta del edificio que alberga las instancias privadas de los marqueses. Las obras de arte «se introducen en las estancias como invitados» que disfrutasen de la temporada estival en el palacio neogótico construido por los arquitectos catalanes Joan Martorell y Cristóbal Cascante entre 1884 y 1888 para residencia de veraniega de los marqueses de Comillas.
La Colección Norte del Gobierno de Cantabria está considerada un importante fondo patrimonial de titularidad pública que se inicia en 1996, año en el que el artista santanderino Eduardo Sanz realiza la obra seleccionada '1-96', una imagen idealizada del mar que sirve «para evocar la larga travesía que esperaba a los emigrantes españoles a América en el siglo XIX».
A partir de esta primera asociación, muchos otros temas se desatan en esta combinación de objetos y arquitecturas: «La riqueza y el lujo; el trabajo, la explotación y la desigualdad social; la diversidad cultural y el colonialismo; la vivienda y lo domestico», son algunos de ellos. Sobrellano es un «testimonio aventajado del triunfo social que hizo posible el capitalismo colonial».
Una primera generación representada por la persona de Antonio López López (1817- 1883) consiguió una gran fortuna a través del comercio, la navegación, la producción agrícola y la banca y fue reconocido por la monarquía conservadora de Alfonso XII con un titulo nobiliario. Su hijo Claudio López Bru (1853-1925) fue, además de empresario, un filántropo católico y se interesó por cuestiones simbólicas y representativas, como la vanguardia arquitectónica del momento, el coleccionismo de las artes y el fomento de la religión.
Las relaciones que estas obras contemporáneas establecen con el elocuente edificio decimonónico funcionan, asegura Álvarez Careaga, de muy diversas formas: «Sugiriendo significados aparentemente redundantes a modo de ilustración -como en el caso de la naturaleza muerta de inspiración barroca 'Granadas' de Manuel Vilariño ubicada en el comedor principal-; o bien introduciendo reflexiones sobre las continuidades y los cambios históricos».
El ejemplo más evidente de estas dualidades sería el retrato fotográfico 'Herb I' de Pierre Gonnord colocado en la habitación de los retratos donde se exponen las pinturas al óleo de cuerpo entero del primer marqués y sus dos hijos varones.
Para paliar la infrarrepresentación de las mujeres y de los trabajadores, sin los cuales el esplendor palaciego no es posible, se ha incluido la imagen de una joven sirvienta retratada en 1887 por un pintor danés de interiores domésticos a través de la obra de Viz Muniz 'Young girl sewing, after Vilhelm Hammershoi'.
Y sobre el impacto de nuestras ambiciones en la naturaleza y en la vida de los menos favorecidos, se ubica, en la que fuera Habitación china de Sobrellano, la fotografía de una cantera de granito en Fujian gracias al trabajo de Edward Burtynsky 'China, Quarries, # 3. Xiamen. Fujian Province'.
A través de esta pequeña selección de obras de relevantes artistas, españoles e internacionales, cuyas obras integran la Colección Norte, se habitan de nuevo estos espacios que forman parte de un paisaje cultural excepcional: «el experimento comillano de la creación del modernismo catalán, sin dejar de evocar el contexto de la Restauración borbónica en España y sus huellas en la actualidad».
Junto a las citadas, las obras que configuran la exposición son de artistas como Amaya González Reyes, Antoni Tàpies, Chema Madoz, Concha García, Cristina Calderón, Jaume Plensa y Javier Arce. Otros creadores seleccionados para esta singular exhibición son Alfredo Jaar, Edward Burtynsky, Julian Schnabel, Pablo de Lillo, Pedro Barateiro y Viz Muniz.
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María Díaz y Álex Sánchez
Almudena Santos y Leticia Aróstegui
Josemi Benítez
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