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«Como cuando te ponen una inyección de vitaminas», así vive Elena López (Ciudad de México,1972) el taller de arte que esta semana ha ... impartido en la Fundación Botín la artista india Shilpa Gupta. Esta mexicana, diseñadora textil y educadora que ha fijado su residencia en Santander no dudó en presentar su solicitud para formar parte de esta experiencia. Una formación en la que ha coincidido con otras dos santanderinas que trabajan en el ámbito cultural: Cristina Esteras e Isabel Cotero. Las tres se sienten unas afortunadas porque no es fácil ser elegidas para formar parte de esta experiencia ya que es la propia creadora la que se ha encargado de elegir a los quince participantes. «Un privilegio, sin duda, que pienso aprovechar al máximo», tal y como indica Isabel Cotero.
Las tres conocían el trabajo de Shilpa Gupta, que protagonizará una gran exposición en el Centro Botín a partir del próximo sábado, día 23, y reconocen que conocerla en persona es un «plus». De todo lo que han vivido estos días se quedan con su «humanidad», «su compromiso con las causas más injustas» y su forma tan «sincera» de vivir el arte.
«Participar en este taller me ha permitido compartir muchas horas con otras catorce personas, 17 si contamos a Shilpa Gupta y Renata Cervetto -que ha organizado el taller junto a la artista- con unas inquietudes similares a las mías y, sobre todo, me ha permitido pararme a pensar, escuchar y reflexionar», señala Cristina Esteras. Estos días ha comprobado que la directora del taller es, sobre todo, «una artista honesta que ha sabida alinear su arte y sus valores».
Para ser admitidas en esta formación, tuvieron que enviar una «carta motivacional» en la que expusieran, además de los motivos por los que querían asistir, algunas de sus inquietudes, retos... ¿Y qué fue lo qué hizo que Gupta las admitiera? «Eso sigue siendo un gran misterio», asegura Elena López entre las risas de sus compañeras. Sus desafíos, sin embargo, están claros. «Yo lo que quiero es crear, promover talleres para grupos, sobre todo para niños y jóvenes, en los que trabajemos las emociones a través del arte. Porque si algo tengo claro es que mucha gente aún no es consciente de que los cursos de creatividad no son solo para enseñar a dibujar y que actividades que hacemos de forma cotidiana como cocinar, vestirnos y hasta caminar también son creativas. Así que mi reto, tal y como expuse en esa carta, es que la gente entienda que la creatividad es una herramienta que se refleja en el arte, sí, pero que el arte no es el fin, sino el medio con el que se desarrolla».
Isabel Cotero comparte estas inquietudes y casi aplaude a su compañera mientras explica sus objetivos, aunque ella, que trabaja habitualmente como guía en museos y salas de exposiciones, tiene además los suyos propios. Uno de ellos está relacionado con la condición femenina. «Porque sí, ahora hay muchas mujeres artistas conocidas por todos, pero no siempre ha sido así. Hay un gran número que han sido olvidadas a lo largo de la Historia y me gustaría contribuir a sacarlas de ese olvido». El otro, tiene que ver con su trabajo como guía. «Me gusta observar a la gente que visita un museo o una sala de exposiciones y, por desgracia, compruebo a diario que apenas se detiene frente a una obra. Pasa muy deprisa y aunque se para un momento está más pendiente del reloj que de la obra que tiene enfrente. Tengo la sensación de que la gente se acerca al arte con prisa y me gustaría trabajar en que esto cambie», explica.
¿Y cómo les puede ayudar este taller a cumplir esos retos? Pues sobre todo escuchando y reflexionando. Al menos eso es lo que hizo Cristina Esteras durante toda la semana. «Poder parar el ritmo de trabajo diario para escuchar y compartir reflexiones con otras personas es una de las cosas más valiosas de esta experiencia», asegura.
Porque no solo escuchar a la artista y a Renatta Cervetto, el bagaje que aportaron el resto de participantes es algo que valoran mucho. «Porque nos encontramos quince personas de distintos países, con distintos trabajos y sus aportaciones son valiosísimas», aseguran las tres.
A Cristina Estreras, que reconoce que le interesa mucho el trabajo de la artista en relación al sonido y todos los contenidos que tienen que ver con su forma de vivir la resistencia, las injusticias políticas y la poesía, no se le pasa por alto la oportunidad que se le ha brindado. Para Isabel Cotero, «el aprendizaje ha sido brutal. Uno está acostumbrado a ver a un artista con admiración, y en el caso de Shilpa Gupta, yo apreciaba sus trabajos desde los inicios hasta los más recientes, pero el poder compartir su tiempo como lo hemos hecho estos días y, sobre todo, vivir su cercanía ha sido algo maravilloso. Es una forma de descubrir a una artista desde dentro».
Elena López también se queda con la mujer que hay detrás de la artista. Una mujer, que además es madre y «que respira sensibilidad por todos los poros». Para esta mexicana ha sido un gustazo escucharla, oírla explicar de donde viene y cómo surge su trabajo. Conocer su preocupación por poetas que han muerto, por sus ideologías y ver cómo es capaz de dar voz a sus textos y cómo refleja una emoción como la culpa de una manera diferente para que te hagas responsable... Por todo ello, admiraba su obra, pero ahora también a su persona. «Tiene una gran humanidad, pero sobre todo la gran fortuna de poder comunicarla de una forma bastante acertiva», explica.
¿Y qué han hecho en el taller? «Hablar, escuchar, compartir». El primer día se presentaron uno a uno y los posteriores comenzaron a trabajar con algunos de los poemas favoritos de la artista. «De alguna forma lo que hemos hecho es ver la forma como los representa en su obra y luego los hemos reinterpretado desde nuestro visión». Y no solo en el aula, durante la semana también han visitado distintos puntos de la ciudad para seguir compartiendo.
El taller, que ha llevado por título 'The Ground Slips Between Us', algo así como 'El terreno se desliza entre nosotros', está vinculado a la exposición 'Yo también vivo bajo tu cielo', que Gupta mostrará en el Centro Botín . Para entonces esa inyección de vitaminas que se ha inoculado estos días en las aulas de la Fundación ha llenado de energía, optimismo y compromiso a los quince participantes y, según señalan estas santanderinas, también a sus vidas.
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Ana del Castillo
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