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Antes que artista, Indalecio Sobrino (Santander, 1940) fue un niño al que le apasionaba ir al cine. Todo un ritual que, según señala, hoy en ... día se ha perdido. En aquellos años de infancia empezó a dibujar a sus actores y actrices favoritos y también las escenas de las películas que más le habían impresionado. Nació así un proyecto que ahora por fin ha materializado con un libro en el que comenta cien de aquellas películas acompañadas de otros tantos dibujos. Una veintena de esas ilustraciones se pueden ver en el Centro Cívico de Tabacalera hasta el día 31 de este mes de diciembre en una exposición que inauguró ayer la alcaldesa Gema Igual. 'Lo que el viento se llevó' 'Casablanca' 'Los diez mandamientos' 'Rebeca' y otras películas de los años 40 a 60 de siglo pasado forman parte de esa publicación que ha titulado 'Aquellos años de cine' que edita el sello cántabro El Desvelo y en el que el autor incluye sus propias anécdotas. Esta muestra de Indalecio Sobrino coincide con otra que se puede ver en el claustro de la Catedral de Burgos, 'La luz del silencio', y que está inspirada en los monjes de la orden de Trapa.
-¿Cómo surge 'Aquellos años de cine'?
-Es una idea muy antigua que nace de un chaval de 13 años al que apasionaba el cine y que ahora lleva a cabo un señor de bastante más años.
-¿Y por qué ahora?
-Porque ha cambiado tanto la forma de ver cine que me parece importante recordarlo. Mucha gente está acostumbrada a ver películas en casa o en una pantalla de televisión y desconoce que ir al cine era casi un ritual que se ha perdido.
-¿En qué consistía ese ritual?
-Desde estar pendiente con meses de antelación de los estrenos y de las películas que iban a venir a atesorar los programas de mano que se repartían en las salas o hacer colecciones de cromos que se publicaban a raíz de las grandes producciones. Alrededor del cine había todo un mundo que he querido recordar en este libro en el que, sobre todo, quiero poner de manifiesto como se vivía el hecho de ir al cine. El público entonces tenía una capacidad de sorpresa que ya no existe.
-Elige un periodo muy concreto del cine, entre los años 40 a los 60. ¿Por qué?
-Porque es su época dorada como espectáculo popular. Una época en la que ir al cine era un gran acontecimiento al que la gente iba de forma masiva hasta que llegó la televisión y lo cambió todo. He escogido los cien títulos que considero más representativos o al menos que marcaron una época y en el libro escribo sobre ellos. Reconozco que también hago algún tipo de juicio de valor, pero siempre poniéndome en aquella época, no desde la actualidad, y todo ello lo salpico con ese anecdotario de los carteles, los programas de mano... para contar que antes había otra forma de ir al cine.
-Dice que la forma de ir al cine ha cambiado. ¿Qué echa de menos?
-Ahora todo es muy distinto. Tengo que reconocer que yo antes que pintor ya era aficionado al cine. Era un espectador muy precoz que con siete y ocho años ya me conocía el nombre de todos los actores y actrices. Casi que me hice pintor como consecuencia de ello porque cada vez que veía una película corría a casa para dibujarla en unas tiras de papel cebolla que luego intentaba proyectar. Mi ilusión era hacer mi propio cine en casa. Y ahí fue donde surgió la idea de hacer este libro. Esa devoción que yo tenía por el cine y que creo que la gente de mi época compartía es una de las cosas que echo en falta. Por ejemplo, si una película te gustaba era normal ir a verla varias veces y en las conversaciones de la época era común preguntar cuántas veces habías visto determinado título. Eso hoy en día es impensable, como otras muchas cosas.
-¿Cuáles?
-Pues mira, una de ellas es el silencio de la sala. El público estaba tan pendiente de la película que no se escuchaba ni un ruido. Porque lo de las palomitas, como te podrás imaginar, no existía. A lo sumo había algún vendedor de caramelos a las puertas de la sala. Antes los géneros estaban mucho más marcados. Había películas del oeste, de guerra, fantásticas, cine negro... En fin una variedad temática que hoy se ha perdido y se daba más importancia a los grandes formatos, no cómo ahora que la gente se ha acostumbrado a ver las proyecciones en pantallas más pequeñas.
LAS COSTUMBRES
OTRA EXPOSICIÓN
-Dice que ha cambiado la forma de hacer y ver cine. ¿El espectador también ha cambiado?
-Sí. El espectador de antes era mucho más inocente y más crédulo. Pero también creo que lo que le ofrecían era bien distinto. Entonces la pretensión era que el público pasara un buen rato en la sala y se divirtiera. Ahora hay otros objetivos. Está mucho más dirigido e ideologizado.
-¿Con los años ha perdido esa pasión por las películas y seguir con ese ritual de ir al cine?
-La pasión por el cine no. Pero sí es cierto que ya no voy tanto porque todo ese afán que tuve de niño lo he podido consumar de mayor y he montado una sala en mi casa con mi proyector y una pantalla grande. Suelo ver muchas películas en casa, pero casi nunca en televisión porque me molesta mucho ver esas moscas que aparecen en una esquina de la imagen con el logotipo del canal en el que se emiten. Me parece una falta de respeto al director y al cine.
-La presentación de este proyecto coincide con una exposición que muestra en la catedral de Palencia. ¿En qué consiste?
-Se titula 'La luz del silencio' y es una serie de cuadros al óleo y de gran formato que he hecho sobre los monjes de la orden de la Trapa. En ellos he intentado plasmar esa imagen de ellos que te sorprende tanto, siempre en silencio, con esa forma que tienen de vivir la vida para adentro. Es un mundo que he tratado de reflejar en una exposición que he hecho con mucho gusto, que se podrá ver en el claustro de la catedral de Palencia hasta el próximo 11 de enero y que está previsto que se muestre en la catedral de Santander cuando acaben las obras.
-Últimamente está muy activo artísticamente.
-Demasiado (ríe). Este verano hice una exposición antológica en Comillas. Después lo de Palencia y ahora lo del libro que para mí ha sido un cambio por completo porque los dibujos están hechos con el iPad. Un trabajo muy laborioso que se puede ver en una especie de película que se proyecta también en la exposición y en la que hemos añadido la música de cada las películas con lo cual también hago un homenaje a la banda sonora del momento.
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