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De dar patadas a un balón en el Juan Hormaechea con el Bansander siendo un crío, levantando apenas un palmo, a ganar la Liga mexicana ... con el Pachuca, algo histórico para el equipo. Es un camino largo y para nada sencillo de transitar. Para recorrerlo no hay que tener miedo, pero cada paso merece la pena.Bien lo sabe Paulino de la Fuente (Santander, 1997), que se crió futbolísticamente en el campo de La Albericia y ahora lleva colgada del cuello la medalla que lo acredita como campeón del Torneo de Apertura 2022, en el que 'Los Tuzos' ganaron al Toluca (3-1) en el partido de vuelta en el estadio Hidalgo, en Pachuca, México.
«Es un camino que no sigue una línea recta. Hay mucho detrás. Muchos momentos muy buenos, también muy malos... Pero si te portas, si trabajas bien, obviamente luego el nivel hay que tenerlo también, pero si tú trabajas, el fútbol te lo devuelve tarde o temprano», reflexiona Paulino, que también confiesa que todavía está asimilando lo que ha conseguido tras cruzar el charco. «No me lo podía imaginar, porque no me lo esperaba. Pensaba que iba a tardar un poco más en la adaptación e iba con paciencia, con tranquilidad... Y de repente jugar, que pase todo esto, ser el campeón, con la repercusión que tiene... Ha sido una locura, la verdad», cuenta mientras una amplia sonrisa se asoma a su rostro.
A México llegó procedente del Málaga. Pagó el pasado junio su cláusula de rescisión con el equipo andaluz y se fue a hacer las Américas. Como los indianos que dejaban Cantabria para buscar fortuna. Y no le ha ido nada mal a 8.863 kilómetros de casa. «El Pachuca insistía mucho para que fuese.'Tienes que venir ya', me decían a diario. Lo pensé y dije: 'Por qué no. Vamos a coger esta aventura'», recuerda el extremo, que nunca le ha temido a las apuestas. «Puede que salga bien o mal, pero eso nos pasa todos los años, en todos los equipos, en todos sitios donde vamos. Y mira cómo ha salido todo, a pedir de boca», dice.
Lo que no tiene claro es si este es el mejor momento que ha vivido sobre un campo de fútbol. Ganar una liga en México en un platillo de la balanza, en el otro su debut en la Primera División española con el Alavés. «Con mi estreno en Primera estaba más nervioso. Con esa angustia de tanto tiempo esperándolo; y esto ha sido como una alegría de sopetón. Llegar y de repente llevarte un título, tu primera medalla de oro, levantar la Copa... Ha sido una verdadera locura, pero no sabría decir con cual de las dos experiencias me quedaría».
Es un tipo joven, pero ya ha consagrado toda su vida al fútbol. Y nunca ha temblado ante la perspectiva de dejar familia, amigos y arraigo para perseguir su sueño. Calidad no le falta. Ya en el Juan Hormaechea apuntaba maneras. Todo un Inter de Milán posó sus ojos en él y no quiso dejarlo escapar para su cantera. Y eso con 15 años. «Imagínate. De estar en el Juan Hormaechea con el Bansander a que te llame el Inter, que el año anterior había ganado la Liga de Campeones... Cómo para decir que no», recuerda el jugador.
En la grada de un Campeonato de la selección cántabra, un atento ojeador del equipo italiano puso a funcionar su radar de talento y la aguja apuntó directamente a Paulino. «Cuando me dijeron que me querían pensé: 'Esto es la mejor oportunidad que voy a tener en mi vida'. Abrí la puerta de mi casa y dije: 'Hasta dónde llegue la aventura'». También pasó por la cantera del Atlético de Madrid, el Alavés B, donde se ganó sus primeros minutos en la élite con el primer equipo, Logroñés, Málaga... Y ahora México. Medalla de oro. Copa. Aunque bajo el glamour del título se oculta un gran iceberg: sacrificio y alma de buscavidas para poder triunfar. Eso sí, si echa la vista atrás no cambiaría nada. «Las cosas malas tampoco. Son situaciones que si te vuelven a pasar las consigues sacar adelante. Han sido muchas más buenas que malas, gracias a Dios, pero las malas te hacen aprender y también estar ahí, insistiendo e insistiendo hasta que lo logras», reflexiona.
Precisamente perseverar es una de las cosas que más le ha ayudado en Pachuca para hacer frente a las suplencias hasta convertirse en un fijo para Guillermo Almada. Por no hablar de sobreponerse al mal de altura. «Hasta que no lo sufres, no te das cuenta de lo impresionante que es. Haces un sprint y parece que llevas jugando seis partidos seguidos porque no te entra el aire en una carrera», relata. «Es una sensación que agobia dentro del campo. Ver que no te da y que a los demás sí. Pero con el tiempo ves que los resultados llegan». Y eso ocurrió, porque el cántabro comenzó a jugar cada vez más. A ser importante. «Te vas encontrando cada vez mejor, tu rendimiento sube, te vuelves a encontrar como a ti te gustaría y luego pues eso, se te da la oportunidad de jugar de inicio, ganar el título. Demasiadas cosas».
En México no puede estar más a gusto. Allí lo acompaña su padre, que también se llama Paulino y ha sido un gran soporte para él durante toda su carrera, pero la morriña le hizo correr a abrazar a su madre y su hermano nada más bajarse del avión que lo trajo de Pachuca a Santander. Los amigos no faltaron tampoco. «A las 9.00 horas de la mañana llegué y a las 9.30 hoyas ya estaba con todo el mundo. Los echo mucho de menos, ¿sabes?», confiesa. Y desembucha una confidencia más. «Nunca me lo había planteado porque bueno, no había tenido tiempo para pensar eso, la verdad, pero este año me salió: 'Papá, me gustaría jugar en Racing'. Ojalá dentro de un tiempo pueda volver aquí para disfrutar de mi gente. Ahora no, estoy a gusto en Pachuca, pero en un futuro me gustaría».
No le gusta mucho hacer comparaciones, pero si tiene que extrapolar el nivel de la Liga MX, dice que «es muy parecida la Segunda División española, incluso mejor», pero remarca que se trata de un fútbol my diferente. «Es más anárquico, con mucha más ida y vuelta, algo más de espacios... Tácticamente un poco peor porque España ahora está por delante, pero son partidos más cerrados. Hay muchos más goles, es más divertido y los ritmos son diferentes», detalla. ¿Y la pasión? ¿También se vive de forma diferente?. «No. Yo creo que el fútbol es un idioma universal».
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Ana del Castillo
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