

Secciones
Servicios
Destacamos
J. gómez peña
Jueves, 4 de agosto 2016, 20:13
Las mujeres saudíes piden permiso para trabajar, viajar, casarse y hasta para ser tratadas en un hospital. Permiso para ser mujer. Atadas a esa marginación institucional alentada por clérigos radicales, sólo les quedan los gestos. A finales de 1990 vieron cómo entre las tropas estadounidenses que cruzaban Riad para repeler la invasión iraquí de Kuwait había mujeres que conducían vehículos militares. Un grupo de incipientes feministas saudíes se atrevió a imitarlas. Fueron detenidas. Repudiadas.
En los pasados Juegos de Londres, el Comité Olímpico Internacional (COI) hizo suyo el lema no women, no play (no mujeres, no juego) y obligó a todos los países a incluir entre sus deportistas a alguna mujer. Así abrieron el camino en Londres las dos primeras saudíes olímpicas, la yudoca Wojdan Shaherkami y la atleta Sarah Attar. En Río, las árabes dan otro paso: ya son cuatro. Pocas, pero el doble. Un salto contra semejante anacronismo.
Los Juegos sirven de llave para denunciar ese cerrojo. Dicen los clérigos que el deporte es una vergüenza para la mujer, que las expone a los hombres. En Arabia Saudí las mujeres tienen prohibido practicar deporte en público. Lo tiene vetado casi todo. En Londres 2012, Shaherkami, una yudoca adolescente de 16 años, apenas duró minuto y medio en su combate con una puertorriqueña. Attar, con su hiyab, pañuelo islámico, quedó la última en su serie de 800 metros, a 45 segundos de la primera.
Esas derrotas descorrieron el velo: demostraron que hay mujeres deportistas bajo los trapos. Ahora son cuatro: Attar, que en Río disputará el maratón, más Wujud Fahmi (yudo), Lubna al-Omair (esgrima) y Cariman Abu al-Jadail (atletismo). Ninguna ha hecho la marca mínima en sus especialidades. El COI las ha invitado porque son un símbolo. Un mensaje aún cubierto por el velo. Y por el tutor o el familiar masculino que las vigilará cada momento. Así compiten. Tapadas.
Han llegado a Río conducidas por la nueva responsable del deporte saudí, la princesa Rima bent Bandar ben Sultan, hija de un antiguo embajador en Estados Unidos. Rica, empresaria, noble y culta. Universitaria. Mujer. Dispuesta a que el deporte femenino saudí deje de ser algo casi confidencial y a reducir su dependencia del hombre. Las mujeres saudíes no saben cómo llegar por sí solas a un aeropuerto, lamenta. Desconocen sus derechos. Viven encerradas en ese velo medieval que cuatro pioneras pasearán por las pistas de Río de Janeiro. Su meta no está en Brasil. La suya es una carrera de fondo.
Publicidad
Publicidad
Te puede interesar
Publicidad
Publicidad
Noticias seleccionadas
Ana del Castillo
Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.
Reporta un error en esta noticia
Comentar es una ventaja exclusiva para suscriptores
¿Ya eres suscriptor?
Inicia sesiónNecesitas ser suscriptor para poder votar.