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Domingo, 21 de agosto 2016, 01:13
No estaría mal que cuando Ruth Beitia llegue a Cantabria desde Río, le diese por llover. Aquella lluvia que en 2012 la llevó de nuevo a entrenar con Ramón, a hacer algo de deporte, cuando ya quería olvidarse de ser atleta de élite. Esa lluvia le dijo a Ruth que esperase, que se diese una oportunidad. Que volviese a probar. Bendita lluvia, porque abrió cuatro años mágicos. Un bronce en un Mundial, tres oros europeos... Y desde esta pasada madrugada, el título más grande de todos. Por que Ruth Beitia es campeona olímpica. Aquella medalla de chocolate que se llevó de Londres, esa posición cruel de cuarto clasificado, se ha cambiado en Río por la gloria eterna como deportista. La única atleta española en proclamarse campeona olímpica es de Cantabria.
Beitia había transmitido sensaciones inmejorables a lo largo de la temporada. Victorias en la Liga de Diamante, y de nuevo en el Campeonato de Europa. El tercero consecutivo, lo que ninguna mujer en el continente ha logrado nunca. Otro hito de esos 'la única en...'. A Río se llegaba con sensaciones inmejorables, tranquila, "feliz", como ella siempre dice. A aprovechar esa prórroga de cuatro años que le ha dado su vida como atleta. Y, sobre todo, experta. 'Gallina vieja', como ella se define entre risas. El jueves ya dio muestras inmejorables en la calificación para la final. El salto sobre 1,94, el que daba el acceso directo al sueño, fue soberbio.
A la final llegaban 17 atletas. Un número que se antojaba excesivo. El concurso empezó en 1,88 y ahí, con más o menos fortuna, pasaban todas. Beitia, a la primera sin ningún problema. Los líos comenzaban en 1,93. Hasta cinco atletas decían adiós en una altura que se antojaba asequible, y en el resto aparecían las primeras 'x'. Sólo cinco saltadoras, la santanderina entre ellas, iban 'limpias'.
Pero en la siguiente altura llegó la debacle que se presuponía. El 1,97 parecía más alto que el Cristo del Corcovado que domina la ciudad carioca. Y por allí de nuevo Beitia, que además era la encargada de abrir el concurso en todas las alturas, volvió a abrir su libro de cabecera. 'Cómo destrozar en lo psicológico una final de altura'. De nuevo, otro brinco soberbio y el listón se quedó en su sitio. El mensaje de otros títulos. Quien pueda, que me siga. El estropicio del '97' fue de tal calibre que sólo Beitia, la norteamericana Chaunté Lowe, la corajuda croata Blanka Vlasic que peleaba contra el listón y contra un pie más que renqueante y la búlgara Mirela Demireva, que por ahí hacía su mejor marca de siempre, sobrevivían. La gran noticia es que todas tenían nulos. Todas menos Ruth Beitia.
Llegó la gran frontera. Los dos metros. El límite de casi siempre entre las medallas y las decepciones. Y Beitia cometió su primer nulo. Claro al derribarlo de subida con el brazo. Pero a Demireva, Lowe y Vlasic no les iba mejor. La historia se repitió en el segundo. El realizador, pendiente ya de mil cosas en el estadio, se centraba en la santanderina. El tercer intento fue el mejor de todos. Apenas un leve roce con la parte posterior del muslo derecho tiró el listón.
Había que esperar. Y confiar en cómo iba el concurso. Tras Beitia, Demireva. También al suelo. Eso significaba que el gran sueño de la cántabra, una medalla olímpica, ya estaba conseguido. Sólo faltaba decidir el color. Después de la búlgara le tocaba a la gran Blanka Vlasic. Aunque no es ni mucho menos la de antes, alguien con 2,08 de mejor marca y que es una competidora infatigable siempre pone el corazón en un puño. Y el listón cayó al suelo. Ruth era medalla de plata.
Sólo faltaba la norteamericana Chaunté Lowe. La líder del año con 2,01. Carrera hacia el listón, vuelo y cuando parecía que pasaba, sus piernas hicieron temblar el listón y.... cayó al suelo. Fue entonces cuando una santanderina de 37 años corrió hacia las gradas para estirar su 1,91 hasta la primera fila. Allí estaba él. Su cincuenta por ciento. Ramón Torralbo. El fruto de un trabajo de 26 años tenía medalla de oro. "Ramón, te quiero". confesaba luego Beitia que le dijo para celebrar que juntos han entrado en la leyenda del atletismo. Ruth Beitia es campeona olímpica.
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