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La celebración de La Vaca Gigante prolonga un episodio más su desenlace. El Ayuntamiento de Santander reitera a los organizadores que acrediten la seguridad ... del evento, mientras tanto su celebración quedará en punto muerto. La edición de 2018 se ha convertido en un auténtico culebrón que en la mañana de este viernes parecía resuelto y, sin embargo, ha vuelto a dar un giro más de tuerca.
Todo parecía estar a expensas de la reunión de urgencia de la Comisión Regional de Ordenación del Territorio y Urbanismo (Crotu) de Cantabria que se produjo hoy. El informe favorable que los miembros de la misma emitieron tras analizar la documentación enviada por el Ayuntamiento de Santander parecía ser el último trámite pendiente en esta serie de capítulos, que comenzó en el mes de septiembre. Para los organizadores y los participantes se trataba de la última esperanza de que la competición de olas grandes más importante de España se pudiera celebrar en las épocas navideñas. A primera hora, la Crotu dio el visto bueno a la celebración del evento y devolvió el guante al Consistorio, que sobre las 17.00 horas emitió un comunicado a través del cual aseguraba que la celebración de La Vaca Gigante dependía ahora de que los organizadores subsanasen varias cuestiones referentes a la seguridad.
La Casona, una vez que la Crotu dio su conformidad a los aspectos sobre los que tiene competencia, celebró una reunión en la que participaron responsables de los servicios de Bomberos, Policía Local, Protección Civil, Licencias y el Instituto Municipal de Deportes. En ella –según el comunicado– se reiteró «a la organización la necesidad de subsanar distintos aspectos relacionados con la seguridad del evento y de acreditar que se cumplen todos los requisitos establecidos en el Plan Municipal de Emergencias y en la Ley de Espectáculos de Cantabria».
Entre otras cosas, «se les ha vuelto a solicitar –a los organizadores– que subsanen la documentación relativa a las condiciones de anclaje de las carpas que se quieren instalar en tierra y que se identifiquen los distintos equipos de actuación disponibles y las funciones asignadas a cada uno en caso de emergencia». Igualmente, se pide a los responsables que «acrediten los medios sanitarios contratados para dar cobertura a la prueba, que por sus dimensiones requiere contar con servicio de ambulancia de soporte vital avanzado».
Por tanto, en estos momentos, y según el Ayuntamiento, es la organización la que tiene que solventar el último eslabón de una cadena que no acaba de completarse. En todos los casos son cuestiones que afectan a la seguridad del evento e independientes de la autorización de ocupación del suelo que es lo que sí aprobó la Crotu, una autorización esta última que sólo afecta al uso del terreno.
En cualquier caso, la edición de este año no deja de acumular sorpresas día tras día. Y es que durante la últimas semanas, los organizadores y participantes han visto como se dejaban escapar oportunidades inmejorables para la celebración de este evento, puesto que lo que, a priori, es más difícil –que se den las condiciones meteorológicas adecuadas– no era un problema y sí los retrasos burocráticos. En los últimos días sí se están dando esas olas de al menos siete metros, que son condición indispensable para la celebración al igual que durante el mes de noviembre, momento en el que se produjo esa falta de consenso para la obtención de los permisos necesarios. Y todo por una demora en la entrega de la documentación que el Ayuntamiento de Santander y la propia Vaca se afearon mutuamente en noviembre.
Curiosamente, el permiso que faltaba –necesario para instalar las nueve carpas previstas– no era el de ninguna de estas dos entidades, sino el de la Crotu, que finalmente se consiguió . Atrás quedan, por tanto, ya casi dos meses de periodo de espera sin activar la alerta, a pesar de que hayan podido darse ya las condiciones de ola que permitan la disputa. A la espera
Todos los permisos –salvo el de la discordia– se solicitaron a la vez a finales de septiembre y en la misma semana se recibieron los de Capitanía, Autoridad Portuaria y Costas, pero la nueva ley de Espectáculos y Eventos Deportivos demoró el correspondiente a la infraestructura que debe rodear la prueba. A diferencia de años anteriores, en esta edición se ha condenado mucho el exterior de la prueba, ya que la infraestructura ha disminuido considerablemente ante el gigantismo que estaba adoptando el evento. La Vaca Gigante llegó a reunir en 2017 a unas 12.000 personas en una estrecha zona de la fachada norte de Santander atraídas por la magnitud del evento deportivo. Algo que se puede repetir e incluso acrecentar si al final la Vaca se celebra estas navidades.
Ahora hay que confiar que una vez se reúna esa acreditación de seguridad, los medidores meteorológicos se unan para que aparezca la gran ola, entre ellos, borrasca oceánica, coeficiente de marea pequeño y viento sur-sureste. Si no se dan todas juntas no aparecerá la gran ola, que oscila entre los siete u ocho metros.
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Ana del Castillo
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