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Hay deportes en los que poco a poco van ganando presencia, como el automovilismo. Otros que son prácticamente en exclusiva de ellas -la gimnasia rítmica- ... o en los que son mayoría, como el voleibol o la hípica. Y otros, que por su mayor repercusión mediática, su cada vez mayor presencia ha hecho un ruido considerable. Las mujeres ganan cada vez más peso en el deporte. En Cantabria, en el último decenio, se ha registrado un aumento de casi un 60% en cuanto a licencias deportivas para ellas. En concreto, el 58,9%. Entre 2010 y 2019 las licencias deportivas femeninas en la región se han incrementado en ese porcentaje, según se desprende del Anuario de Estadísticas Deportivas, que realiza el Ministerio de Cultura y Deporte. Entre esos años, la cifra ha pasado de 12.767 a 20.289. El aumento porcentual es muy superior al registrado en cuanto a las licencias masculinas, que han subido un 22,3% -de 47.312 a 57.892-. Así las cosas, una de cada cuatro licencias que hay en la región -el total era de 78.181 en 2019- es de una mujer.
«Es que en 2012, cuando llegué a la presidencia, había 21 licencias de fútbol campo. Las del Reocín», señala José Ángel Peláez, presidente de la Federación Cántabra de Fútbol. El balompié regional -entre fútbol campo y fútbol sala- casi ha triplicado el número de mujeres con licencia, desde las 331 de la campaña 2010-2011, hasta las 886 de la 2019-2020, la última temporada 'normal' para recabar datos, ya que los números de la 20-21 de todas las federaciones están marcados por el coronavirus. «Se hizo una apuesta fuerte por el deporte femenino, que era una de las 'patas' que le faltaba a la federación». Pedro Munitis, entrenador del Reocín por entonces y seleccionador alevín y una de las figuras principales para ese impulso, estuvo en el gran día. El que se recordará siempre. 8 de junio de 2013. 102 mujeres, de entre 5 y 15 años, se reúnen en el campo de la Federación en Parayas. El 'big bang' del fútbol femenino en Cantabria. «Ahora tenemos al Racing Féminas en la Liga Reto Iberdrola, un equipo profesional, con jugadoras con nómina y Seguridad Social; cinco equipos en categoría nacional, 16 en categoría regional... Y un número importante de clubes tienen ya equipos de base femeninos». Peláez no puede estar más orgulloso de lo que dice. A la vez que ha aumentado la cantidad, también la calidad, «ya que el fútbol femenino de ahora es más rápido y espectacular». Y, sobre todo, el respeto. «Ya apenas se oyen desprecios para las jugadoras». El ratio de licencias femeninas sobre las masculinas (886 sobre 15.084, un 5,8%) «nos sitúa como la tercera o la cuarta federación en España», añade.
Una proporción mucho más generosa tiene el golf cántabro. De sus 7.403 licencias en 2019, 2.031 eran para ellas. Y las cifras han sido aún mejores. En 2010, uno de los años dorados de este deporte en Cantabria, esa cantidad de licencias femeninas subía a la friolera de 2.901. «A partir de la construcción de campos municipales, cuando el golf empezó a ser más asequible, empezó a extenderse también entre las mujeres», señala Juan Carlos Alba, recientemente elegido presidente de la Cántabra de Golf. Un deporte en el que se puede jugar «solo, en compañía de un adulto, de un niño, hombres y mujeres...» y que en estos tiempos ofrece «un paseo de varios kilómetros al aire libre». A la vez, uno se puede enganchar «a los seis años o a los 66. En otros deportes, es difícil empezar a esas edades». La fuerza, mayor en los hombres, es importante para los golpes más largos, pero de igual modo «la precisión y la sensibilidad».
El hockey cántabro puede presumir de dos equipos femeninos en la máxima categoría, la División de Honor. «Claro que se nota mucho. Las pequeñas -cuando se puede- van a verlas jugar. Tener esos equipos en la élite influye», afirma Ignacio Floranes, presidente de la Cántabra de Hockey. En los últimos años, las licencias femeninas de este deporte en la región han aumentado hasta casi hacerlo «un deporte paritario». De las 789 que había en el curso 2019-2020, 335 eran femeninas. Es un deporte colectivo y no hay gran contacto físico, lo que lo hace atractivo para muchos padres», señala Floranes.
En la región hay deportes en los que ellas son mayoría. Y nadie se explica el porqué. Con datos ya de 2020, de las 1.205 licencias que había en la Cántabra de Hípica, 930 son de amazonas de distintas categorías. «¿Por qué? No lo sé. Quizá se adapten mejor, o que los chicos quieren ver resultados inmediatos y al no conseguirlos, lo dejan antes», afirma Roberto Laherrán, presidente de la Cántabra de Hípica. «Hasta juveniles, hay muchas más mujeres que hombres. Ahí lo dejan muchos y en adultos, las licencias ya se igualan». En otro deporte, ni la referencia del Textil Santanderina en la Superliga Masculina hace cambiar que de las 1.369 licencias de la campaña 2019-2020, 1.157 fuesen femeninas. «Nadie sabe por qué el voley lo practican muchas más mujeres, y con diferencia», comenta Fernando Gutiérrez, presidente de la Cántabra de Voleibol. «Quizá porque siempre se ha considerado un deporte más de ellas, o porque no hay contacto... El caso es que hay muchos más equipos femeninos». Deportes que marcan el camino a otros para que esa evolución, en cuanto al número global de licencias, siga en aumento en el próximo decenio.
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Ana del Castillo
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