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Manolo Ramos, con todas las medallas obtenidas en el Ironman de Lanzarote, en el que ha competido ya cinco veces. alberto aja
Manolo Ramos, un héroe por accidente
Triatlón

Manolo Ramos, un héroe por accidente

El triatleta cántabro completó su quinto Ironman de Lanzarote fruto de una promesa que hizo después de llevarse una medalla que recibió por error

Marcos Menocal

Santander

Jueves, 16 de junio 2022, 06:55

Cualquier excusa es buena para hacer un Ironman. Total, son 3,8 kilómetros nadando, 180 en bicicleta y 42 a pie. Y todo seguido como el pasodoble. Puede parecer de locos, pero para quien lleva 14 es como un día más en la oficina. Sin embargo este último tiene una intrahistoria muy singular.

«Please, upload those who have done five Ironman of Lanzarote (por favor, suban los que hayan hecho cinco Ironman de Lanzarote)». En la ceremonia de entrega de trofeos del famoso Ironman de Lanzarote se invitaba a los valientes que hubieran completado cinco ediciones de la exigente y ventosa prueba. Manolo Ramos (Santander, 1969) acababa de terminar su primera edición de la prueba canaria y allí que subió. «Yo entendí que quienes hubieran hecho cinco en cualquier lugar. Mi inglés no es muy bueno y me equivoqué», confiesa este aventurero, que con la verdad por delante en aquel momento llevaba ya nueve en su cuerpo, pero no precisamente en la volcánica isla. «Al bajar del podio me lo explicaron y me moría de vergüenza. Me llamaban para salir en las fotos y no quería. Me escondí», explica entre sonrisas. Y como Manolo es un tipo honesto de esos que «nunca recogería una camiseta que te acredite como 'finisher' en una prueba de estas antes de hacerla» pues le dijo a quien tenía cerca... «Oye, ya sabes lo que va a pasar ahora, ¿no? Pues que vamos a tener que venir cuatro veces más aquí». Aquello fue en 2017 y hace unas semanas -con la edición de 2020 suspendida por el covid-, Manolo cumplió su promesa y se convirtió en héroe en Lanzarote, esta vez con todo derecho y no por accidente. «Así es. Subí al podio, lo entendí a la primera (risas) y me dieron la medalla que me acredita como uno de los 'finisher' que han completado cinco veces la prueba. Fue una ilusión tremenda», recuerda Manolo, que con la presea que recibió ya tiene dos, la que por una mala traducción se llevó sin que le correspondiera y la que lleva su nombre. Pues eso, que por no saber inglés a este rebelde sin causa casi lo empadronan en Lanzarote.

Siempre con dedicación

Y no se quedó ahí el reparto de medallas, porque ya puesto Manolo le dedicó aquella primera participación en Lanzarote a su hija Amaya, que empezaba su carrera universitaria de veterinaria. Y ya saben, cinco cursos de carrera por delante y cinco Ironman que cumplir.... Blanco y en botella. «Sí, fue otra promesa y otra motivación. Le dediqué cada uno a mi hija y este último ha sido especial porque si yo he cumplido, ella mucho más con licenciarse año a año».

Subió al podio en 2017 por equivocación al no entender bien el inglés y prometió hacer los cinco Ironman de Lanzarote para ganarse esa medalla

Y además, sus locuras hacen legión y para no sentirse solo en tan noble escenario para esta quinta tentativa le acompañaron cuatro compañeros del CD Ozono -un par de comerciales, un peluquero y una maestra- metidos a triatletas de larga distancia: Rubén Antón, Mariano 'Cholo', María Pérez y Javier Fernández. Todos ellos decidieron que Manolo no podía estar solo, pese a que de novato despistado no tiene nada. Y es que, no es nuevo, pero para hacer un Ironman cualquier excusa es buena. «Estuve de voluntaria el año pasado. Y viendo el ambiente y cómo se vive decidí que este año iba a venir a competir», asegura María, que debutó a lo grande sobre la distancia -como Javier y Mariano- y logró acabar la quinta de su grupo de edad (40-44 años).

Le acompañaron en la última etapa de su reto cuatro compañeros del equipo Ozono. Tres de ellos se estrenaron en la distancia

Lo de ser 'finisher' en pruebas tan exigentes es una cuestión de carácter, entre otras muchas cosas. Cuando alguien se compromete en algo ya no hay quien lo pare. De ahí que estos cuatro acompañantes se reinventaran día tras día para sacar tiempo para sus entrenamientos y encajarlos en sus puzles de vida. «De septiembre a mayo hemos tratado de coincidir cuando podíamos. Nadábamos en la piscina, corríamos juntos lo que podíamos. No es sencillo pero lo hemos conseguido», relata María, culpable en parte de que esta historia tan curiosa se conozca. Porque lo de Manolo es para escribir un libro. Lo suyo es para estudiar. Es amante de retos y de locuras, quizás por eso su idilio con esta prueba del triatlón tan brutal y exigente surgiera de aquella manera. «Decidí hacer uno en cada punto cardinal de España. Y uno más por cada archipiélago. Y así fue. Empecé por el Norte en Vitoria. Luego al este, en Calella; el oeste, con el de As Pontes; al sur en Iberman, en Huelva y parte de Portugal, y en las Islas Baleares, en Mallorca». No falló, como suele ser habitual en este agente comercial, que como todos los autónomos «trabaja a mil por hora para tratar de buscar un hueco para poder entrenar, aunque muchas veces es imposible encontrarle». Uno con otro, con el del mes pasado en Lanzarote son ya catorce los Ironman que ha completado y por cada uno nuevo, un tatuaje con su nombre en el pie.

Manolo, Mariano, María, Javier y Rubén.

¿Y ahora, qué?

María, la 'chivata' de esta historia, no quiere olvidar a Víctor Argüeso, que formaba parte de esta expedición y al que una caída apenas a un mes y medio de la cita canaria le dejó fuera de combate. La propia María le da las gracias a Manolo, «porque al final él ha sido la excusa y la motivación para inventarse algo así y para que todos podamos cumplir un sueño».

Y claro, con tanta medalla en casa, Manolo anda pensando en qué hacer. O esconderlas o traer más. «Siempre he pensado en hacer los 'Major' que les llaman por importancia. A los Ironman de Roth (Alemania), Iberman, que ya lo tengo, Lanzarote, Niza y Nueva Zelanda. El año que viene igual vamos a Niza y dejaré para el último el de Nueva Zelanda, que me queda más a desmano», sentencia con una irónica sonrisa que denota que pase lo que pase cumplirá con sus planes.

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