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José Luis Torcida, 'el profe', en su gimnasio de La Albericia. CELEDONIO
El profe deja vacío el rincón
Boxeo | Fallece José Luis Torcida

El profe deja vacío el rincón

El carismático púgil, impulsor del boxeo y preparador, con más de cuarenta campeones de España cántabros en su haber, aporta un legado social y formativo que trasciende a lo deportivo

Marcos Menocal

Santander

Viernes, 23 de abril 2021, 07:30

«Aquí mando yo». No hacía falta más. No importaba quién entrase por aquella puerta que siempre estaba abierta; para abogados y para bandidos; para fuertes y para menudos; para buenos y para malos... Sin excepción. 'En el gimnasio de Torcida todos eran iguales'. El respeto que José Luis Torcida (Santander, 1942-2021), el 'profe', se ganó servía para encajar aquel crisol de culturas en el que algunos buscaban tan solo hacer ejercicio, otros cambiar de costumbres y muchos de ellos una motivación. Su voz resonaba entre el traqueteo del 'puching' dando en la madera o la comba contra el suelo. O los suspiros de quienes se esforzaban entre aquellas cuatro paredes.

El 'profe' Torcida falleció este jueves y dejó vacío su rincón a los 78 años. En los últimos meses se aferró como un jabato a la vida. Empeñado en no escuchar la campana superó tantos asaltos que se marchó ganando el centro del ring. Como a él le gustaba. «Para adelante», como decía siempre a los suyos. Su corazón dejó de latir, quizás porque siempre lo hizo con tanta fuerza y tanta pasión por lo que hacía, que a última hora llegó cansado.

El 'profe' deja un legado incalculable. No ya por sus más de 200 combates, 103 amateurs y 87 como profesional, ni tampoco por sus 36 internacionalidades sino por los más de 2.000 chavales que pasaron por su vera. A los que les enseñó a ponerse los guantes y a otros muchos a esquivar los problemas. Desde que en aquella peluquería que regentaba su padre le dijeron cuando era chico, un día al volver de la escuela, que tenía «manos de boxeador» no pensó en otra cosa que en serlo. No le gustaba cortar el pelo y los libros lo justo. Los metía en la mochila y los abría muy de vez en cuando. La calle le forjó ese temperamento tan intransferible que hacía abrir los ojos a quien le escuchaba. Ese atributo le persiguió durante su etapa de púgil y cuando colgó los guantes.

Disputó 200 combates amateurs, 87 profesionales y preparó a más de 2.000 deportistas

El 31 de mayo de 1959 subió al ring por primera vez. Ganó a los puntos a Joselín Bolado y sin bajarse ya le estaba pidiendo a su entrenador otra pelea. Once años después luchó por el cinturón de campeón de Europa contra Bruno Arcari, con el que perdió en el quinto asalto. Aquel italiano que meses después sería campeón del Mundo. Torcida guardaba una foto en blanco y negro en su cartera que enseñaba con orgullo de aquella noche continental. Lo contaba con los ojos vidriosos, porque se le escapó la oportunidad de acercarse un poco más a la gloria, pero con aquel respeto por el deporte que amaba que nunca abandonó: «Me ganó bien. Me dio una somanta de palos, pero hubo un momento que le tuve», explicaba en una de esas que le sacaban el tema.

Ayudó a lograr éxitos a numerosos cántabros y a alejarse de problemas a muchos jóvenes de la calle

El preparador

Ese día decidió que se acabó. Estuvo tan cerca y tan lejos, que cambió de tercio y comenzó a labrar su verdadera historia. La de padre de muchos y confidente de otros. La de su inconmensurable labor por el boxeo de Cantabria. En la calle santanderina Nicolás Salmerón, unos amigos le cedieron un local en las antiguas Bodegas Viota y allí que montó un gimnasio con lo que pudo. Corría el año 1970 y pasó de ser boxeador a ser el 'profe'. A enseñar lo que él sabía y a dar lo que tenía. Allí empezó un periplo de casi cincuenta años sin bajar la guardia, buscando cómo mantener aquella institución e intentando fomentar su pasión entre los que cruzaban aquella puerta.

No lo hizo mal, ni mucho menos. Al son que él marco se unieron 26 campeones de España amateurs y otros profesionales. Incluso le apretó las tuercas al único campeón del Mundo que ha dado esta región, Uco Lastra, a quien le ayudó a ser mejor. Vaya dos. O las lecciones que les dio a Daniel Rasilla (hijo) o Javi Martínez; ambos lucharon por títulos europeos o incluso por mundiales -Martínez perdió con Javi Castillejo por el Mundial- con Torcida en sus rincones. Barruetabeña aspiró a todo disfrutando de su 'mala leche' y de su corazón.

De Nicolás Salmerón al gimnasio de la Federación y de allí a los bajos del Pabellón de La Albericia donde aún sigue la puerta abierta. Donde hasta que pudo siguió cosiendo los sacos y remendando los guantes. Engrasando aquella máquina o colocando las pesas. Donde empapeló las paredes con fotos y recortes de prensa de los mejores y de los que no fueron tan buenos. Porque para él, todos tenían algo que ofrecer. Allí, junto a las doce cuerdas que él mismo preparaba con esmero, el profe no sólo enseñó a golpear al saco, también a esa vida que algunos se empeñaban en hacer burla y por allí aparecían rebotados.

A última hora su memoria le dejó fuera de combate, pero para entonces su legado era tan grande que a los demás no se les olvidará nunca un tipo tan especial e irreparable. Descansa en paz, profe.

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