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Los cambios son retos que abren la puerta a nuevas oportunidades. El pasado marzo, el quinteto fijo más laureado de la gimnasia rítmica cántabra ... dijo adiós sobre el tapiz. Las juveniles de la EDM Torrelavega Nadia Villalba, Paula García, María Torices, Ángela Sanz y Celia Fernández cerraban una etapa con cinco metales nacionales.
Se despidieron y pusieron rumbo a su nueva etapa universitaria en diferentes puntos de la península. Celia Fernández (Beranga, 2003) no lo dudó, «quería seguir y ya no podía hacerlo con ellas, así que decidí volver a competir en individual». Su ejercicio de mazas en su solitario reencuentro con el tapiz devolvió a la gimnasta de la EDM Torrelavega a lo más alto del podio al proclamarse campeona de España Juvenil Base en Valladolid.
-¿Entraba en los planes este regreso triunfal al tapiz?
-No me lo esperaba. En ningún momento fui a Valladolid con la intención de ser campeona ni de quedar tan arriba.
-Menuda sorpresa entonces.
-Ha sido todo un sueño. No encuentro otra forma de explicarlo. Desde infantiles no compito en categoría individual porque ya en cadete empecé con el conjunto y hasta marzo hemos estado siempre juntas.
-¿Qué esperaba?
-No sabía muy bien cómo iba porque esta temporada no hubo muchos torneos. Solo quería enseñar mi ejercicio y después lo que pasase me daba un poco igual. Quería estar muy segura sobre el tapiz y saber expresar toda la fuerza que tenía el ejercicio. Para mí era muy importante sacar mi ejercicio adelante.
-Y después llegó la nota (15.450) en el electrónico.
-No reaccioné. Me puse a llorar y pensé: 'eso no puede ser mío'. Sabía, por la posición en la que salía al tapiz, que el puesto donde me colocase la nota casi era definitivo porque detrás de mí solo quedaban tres gimnastas.
-Y vuelta al cajón más alto del podio.
-Fue muy emocionante. Sobre todo cuando salí del pabellón después de quedar campeona. Como no había público en las gradas, tanto mis padres como las compañeras que se desplazaron hasta Valladolid para apoyarme tuvieron que seguir el ejercicio por la retransmisión de la Federación a través de los móviles.
-Sus compañeras dejaron el Vicente Trueba, pero usted no quiso colgar los aparatos.
-Ellas -Nadia Villalba, Paula García, María Torices y Ángela Sanz- se retiraron, pero yo quería seguir entrenando. Lo tuve muy claro en todo momento y no me planteé otra opción que no fuera competir en individual. En noviembre de 2020 quedamos campeonas de Copa de España y en marzo de 2021, subcampeonas de España. Sabía que se acababa una etapa y eso me llevó a buscar otras metas, nuevos retos y objetivos que también me motivasen.
-¿Y dónde los encontró?
-Había que hacer el ejercicio con mazas, así que no sólo era volver a competir sola, sino que también me enfrentaba a un aparato que sí había trabajado a nivel de conjunto, pero que tampoco controlaba especialmente bien técnicamente.
-¿Cómo gestionó el cambio de entrenar con cuatro compañeras a tener que hacerlo sola?
-Me he adaptado muy bien a las nuevas circunstancias y estoy muy contenta en ese aspecto. He tenido que aprender a trabajar sin ellas, a exigirme yo misma y a estar sola en el tapiz entrenando. El no tener a alguien al lado hace que todo dependa de ti. No están para apoyarte o para ayudarte a sacar lo mejor.
-¿Y en competición?
-Sientes el espacio más grande. Todo está más vacío porque el espacio que antes ocupábamos cinco, ahora solo lo ocupas tú.
-Desde marzo hasta el Nacional pasaron tres meses. Un ejercicio que montar, un aparato que dominar y cambiar la forma de trabajar ¿Cómo controló tantos frentes?
-No es trabajo de una sola persona. Compites a nivel individual, pero hay mucha gente detrás que está conmigo. Mis entrenadoras María Pardo, Beatriz Ruiz y María José Prado eligieron la música y a partir de ahí se empezó a montar el ejercicio. Después lo hemos ido perfeccionado a lo largo de la temporada para ajustar detalles. He entrenado mucho y metido muchas horas a las mazas porque, aunque no he competido con ellas, sí les he dedicado mucho tiempo en casa.
-Compite sola, pero hace falta un equipo.
-Todo esto es gracias a mis entrenadoras y, sobre todo a mis padres -María Jesús Sisniega y Laureano Fernández- que hacen una hora en coche cada vez que tengo que ir a entrenar al Vicente Trueba. Siempre me han apoyado y respaldado sin importarles tener que cuadrar sus horarios para que fuésemos a entrenar tanto mi hermana Begoña como yo. Y desde que ella lo dejó siguen esa rutina por mí.
-¿Y ahora qué?
-Ahora subo a categoría absoluta, así que no sé muy bien. Estoy pensando cómo afrontarlo, porque allí hay mucho nivel.
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Ana del Castillo
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